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En la trastienda de ‘La traviata’

Los bergararras Valen Moñux y Alex Odriozola diseñan la escenografía de la popular ópera de Verdi que el viernes y el domingo recalará en el Kursaal

Un reportaje de Anabel Dominguez - Martes, 16 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:13h

Algunos de los bergararras que toman parten en la obra de Verdi que se escenificará sobre las tablas del Kursaal.

(N.g)

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Algunos de los bergararras que toman parten en la obra de Verdi que se escenificará sobre las tablas del Kursaal.

Moñux asume la dirección escénica de la cuarta producción de la compañía Opus Lírica, que tiene al frente a la soprano Ainhoa Garmendia. Pero también se encarga de la escenografía que ambienta la obra;una tarea para la que ha tenido como compañero de batalla a su amigo Alex Odriozola. Desde que en agosto resultaran ganadores del concurso internacional convocado por Opus Lírica para desempeñar las citadas funciones, ambos se han embarcado en una aventura tan especial como intensa.

“Al optar por una puesta en escena tradicional hemos tenido que respetar la norma, no escrita, de utilizar escenarios muy altos: seis metros (lo correspondiente a una planta baja y un piso). Poner esto de pie es muy complicado, mucho más si son elementos que tienen que desaparecer y aparecer en el transcurso de la ópera”, detalla Moñux, gran conocedor de los entresijos que supone montar un espectáculo de gran formato. No en vano, atesora una dilatada experiencia en la dirección artística de los musicales gestados en Bergara.

¿Cuáles son los secretos de la trastienda de la escenografía de La Traviata? Un paseo por sus tripas permite hacerse una idea del alto grado de creatividad y sensibilidad que exige este trabajo. “Se trata de una Traviata con un concepto clásico o tradicional. Sin cambios de época ni localización: París, mediados del siglo XIX. Consta de tres actos en cuatro escenarios, de los que hemos creado tres y repetimos uno de los cuadros con algunas variaciones”, precisa Moñux.

Según avanza este bergararra, todo un apasionado de las artes escénicas, el primero de los decorados se desarrolla en un salón de un palacio, “que hemos resuelto con elementos muy altos basados en la decoración de una mansión lujosa”. “Ha sido la parte más complicada de construir por su tamaño”, asegura. El segundo acto se localiza en un palacete o villa de las afueras de la capital francesa. “Nos hemos inspirado en una villa de Donostia situada, cómo no, en el paseo de Francia y se representa con un telón que ha pintado Ramón Aranzabal”, señala Moñux. Y el tercero tiene lugar en la habitación de Violetta, la protagonista. “Está ambientada a una escala prácticamente real, con decoración romántica propia de la época”, indican Moñux y Odriozola, que llevan enfrascados en este proyecto desde el pasado septiembre.

Ambos han sabido combinar a la perfección una curtida experiencia con el desafío de trabajar con una compañía profesional. “Algunos de los recursos escénicos ya los habíamos utilizado antes pero, para las cosas más complicadas, hemos tenido que pedir consejo a profesionales. Nos ha venido muy bien mi participación en la ópera Marina que se representó en Arrasate con la organización de la asociación Ozenki. Entonces tuvimos la oportunidad de ver directamente el trabajo de montaje de la escenografía, realizada por profesionales madrileños”, expone Moñux.

Este bergararra, aparejador de profesión, afirma que el gran reto ha sido la escala. “El tener elementos tan altos y amplios multiplica las tareas de construcción y dificulta técnicamente el montaje. En compensación, la ópera ofrece una ventaja: los cambios de decorado se pueden hacer en pausas de varios minutos a telón cerrado. Esto en un musical contemporáneo es impensable porque los cambios de escena se hacen a la vista del público”, especifica Moñux, que ha dado el salto a la dirección escénica frente a un plantel profesional.

“Los plazos de ensayo son frenéticos. Para una obra que se estrena el 19 de febrero, de casi tres horas, he tenido el primer ensayo de dirección escénica dos semanas antes. Me he encontrado con un grupo de cantantes que se saben musicalmente la obra de memoria desde el primer minuto de ensayo”, remarca este enérgico bergararra para quien su incursión artística se ha convertido “en algo fundamental, no solo en mi vida, sino de toda mi familia al completo”, comenta sonriente.

participación bergararraMoñux y Odriozola no son los únicos bergararras que toman parte en el montaje que lleva a escena la brillante pieza operística de Verdi. Sobre las tablas y en otras funciones el equipo mahonero lo forman: Argiñe Agirrezabal, Nere Ibarra, Marije Ugalde y Karlos Etxaniz (coros);Fran Martínez, Tomás Castelo, Aitzol Mujika, Julen Alberdi, Gorka Unamuno y Ion Etxaniz (figuración);Arantza Ibarzabal, Amaia Marko, Jabier Casanellas, Rosa Narbaiza, Lierni Narbaiza, Blanca Narbaiza e Iñigo Odriozola (construcción de decorados);Edu Muruamendiaraz (coreografía de danza vasca);Iosu Otaegi (iluminador) y Ramón Aranzabal (pintor de decorados), así como el profesor de dantza de la musika eskola de Bergara, el dantzari zumarragarra Eneko Galdos, que encarna el papel de Piquillo. “Es un torero de Bizkaia al que se le presenta como bizcaiglino mattador. Después de investigar un poco, llegué a la conclusión que es el único personaje vasco de toda la obra de Verdi. Pensé que, en un estreno tan local como el nuestro, el torero debía bailar al estilo que lo haría un vizcaino”, cuenta Moñux.

La antesala del estreno también está empapada en un punto de nostalgia, “porque se acaba el sueño que comenzó al presentarnos al concurso”. “Tenemos un grupo de Whatsapp del equipo técnico y hace unos días intercambiamos una foto de lo que ha sido nuestro taller durante varios meses, vacío, después de cargar los decorados. Los comentarios fueron que daba un poco de pena”, manifiesta Moñux.

Todos ellos encaran la cita con ganas e ilusión. “Se puede afirmar sin rubor que en Bergara existe una tradición asentada de espectáculos escénicos. Quizá tenga algo que ver el hecho de ser nuestro pueblo el que acogió, hace 250 años, la primera ópera vasca de la historia, El borracho burladodel Conde de Peñaflorida. Pero hay que reconocer que una gran ópera, en un gran auditorio, es una experiencia diferente, muy emocionante”, sentencia Moñux. La impronta bergararra se dejará sentir en el Kursaal.


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