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Libia, Siria y los refugiados

Por Igor Barrenetxea Marañón - Martes, 16 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:12h

Actualemente, hay tres grandes heridas abiertas sin solución. Libia, la guerra civil siria y, por supuesto, los miles de refugiados que buscan en Europa una tabla de salvación huyendo de sus países de origen, del horror y de los conflictos. El papel de los poderes internacionales se torna frágil, endeble y lisa y llanamente inoperante. Hace unos días, se hablaba de la conferencia de paz de Ginebra en la que el régimen de Al Asad y la oposición siria iban a sentarse para buscar una manera de acabar con las hostilidades. Pero apenas iniciadas tales conversaciones ya está encima de la mesa la negativa de Al Asad a asegurar un alto el fuego. Al revés, el Ejército sirio se halla enfrascado en una ofensiva para tomar la ciudad de Alepo, la segunda más importante del país, ayudado por las milicias de Hezbolá y, por supuesto, por la aviación rusa. La población civil huye hacia la frontera turca, que ha sido cerrada para evitar otra avalancha de refugiados en su territorio y se han acondicionado unas zonas temporales en territorio sirio para acoger a estos miles de hombres y mujeres, ancianos y niños.

El régimen alauí se enfrenta a los rebeldes suníes ayudado por cristianos y drusos;por otro lado, están los rebeldes desunidos en diferentes facciones;luego, en el norte, luchan los kurdos, apoyados por Estados Unidos, que se defienden contra el Estado Islámico y el régimen sirio. Y en el este, por supuesto, se encuentra el Estado Islámico y el Frente de Al-Nusra (Al Qaeda). La lucha es encarnizada, unos contra otros, por razones bien distintas, aunque todas tengan mucho que ver con la religión, el sectarismo y la autocracia que ha marcado a fuego lento el país. La guerra ha ido arrasando las principales ciudades sirias, su rico patrimonio, y ha empujado a millones de ciudadanos a huir para salvar sus vidas. Los informes sobre crímenes cometidos por el régimen, los rebeldes, el EI o el Frente de Al-Nusra se amontonan. No hay piedad para el enemigo aunque este haya sido compatriota tiempo atrás.

En Europa, mientras tanto, se ha pedido la intervención de la OTAN para gestionar el ingente tráfico humano que está derivando de este intenso conflicto. Pero no son los únicos que vienen al continente en busca de asilo, ayuda o refugio. En Libia, la situación no está mejor, un país destruido por otra guerra civil, por el faccionalismo y la incapacidad de las tribus libias para encontrarse en un mismo punto que ayude a salvaguardar la vida de la indefensa población civil. Hay dos contendientes que se enfrentan por legitimarse. En el oeste, se encuentra el Consejo Nacional General, con sede en la antigua capital del país, Trípoli, mientras que en el este, gobierna desde la ciudad de Tobruk la Cámara de Representantes. El intento de crear un gobierno de unidad de ambas partes, de momento, ha fracasado.

La ONU y la UE apoyan a la facción liderada por Mohamed Fayez Al-Serraj desde Tobruk, pero su enfrentamiento con el Consejo Nacional General impide cualquier acuerdo. Mientras esto ocurre, el resto del país está fragmentado en más de 2.000 bandas, lo que ha creado un espacio abonado para la entrada de los grupos radicales como Al-Qaeda, con la Brigada Mártir Abu Saleem, y el Consejo para la Juventud Islámica, del EI. Los salafistas de Ansar el-Sharia controlan la ciudad de Derna y los del EI, Sirte, cuya situación estratégica les permite optar a controlar las vías de suministro de gas y petróleo del país. Además, su ubicación es perfecta para la atracción de miles de yihadistas de todo el Magreb. En vez de tener que desplazarse hasta Siria, tienen en Sirte un punto de confluencia importante. Argelia, sin ir más lejos, ha tenido que suspender vuelos al detectar que muchos de esos viajeros son jóvenes dispuestos a dar su vida por Alá. La incapacidad de constituir un gobierno libio unido despierta todas las alarmas ante el temor de que surja otro estado integrista en la región.

La destrucción de las infraestructuras básicas de Libia han sido devastadoras a lo largo de estos años de guerra. Por eso, miles de refugiados huyen hacia los países vecinos de Túnez y Egipto, además de intentar atravesar las aguas del Mediterráneo hacia Europa. Y tal es la desesperación de la población que, a pesar de la dureza del clima y de la geografía, el flujo de refugiados no cesa. Y siguen muriendo personas ahogadas, muchos de ellos niños, frente a nuestras costas salvadoras. Sin embargo, a pesar de la magnitud de la crisis humanitaria, no parece que los gobiernos europeos sean muy conscientes de ello.

El temor a producir una inestabilidad en el seno de la UE ha sido mucho más importante que lanzar una respuesta de coherencia poniendo en práctica nuestros valores fundamentales como sociedades democráticas. Y eso que la cantidad de refugiados que llega a Europa es tan solo una mínima parte de la que soportan otros con mucha menor riqueza (en Turquía hay 2,5 millones). Hemos erigido, rápidamente, invisibles muros de recelo, desconfianza y, todavía más preocupante, de repulsa (emergiendo con fuerza el racismo y la xenofobia).

El gran proyecto de reubicar a miles de refugiados (160.000) se ha desvanecido. En cambio, se presiona a Turquía para que impida que más refugiados puedan alcanzar el continente, al margen de las víctimas que eso pueda provocar.

Europa, tristemente, delega en otros la responsabilidad humanitaria que le corresponde. Pero de no actuar de manera urgente, la situación vendrá a ser más dramática si tales conflictos prosiguen o se expanden -ese es el riesgo- a otros países. Debemos considerar que un conflicto como el sirio, de cinco años de duración, no habría podido sostenerse tanto tiempo sin la colaboración y ayuda de Rusia, Estados Unidos, Arabia Saudí, Irán, catar, etc. Ya no se trata de saber quién puede ganar sino de cuánto seguiremos perdiendo como humanidad si se prolonga. Porque ahí donde hay un conflicto enraíza el yihadismo. Pretendimos cerrar los ojos a lo que sucedía en Siria y, al final, hemos visto que la realidad golpea nuestra puerta.


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