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Tribuna abierta

Firmeza de ideas, negociación y pacto

“Es fundamental para Euskadi que en París, Londres y Norteamérica se nos llegue a conocer bien a los vascos. Por lo que pudiera tronar” (Kizkitza).

Por José Manuel Bujanda Arizmendi - Lunes, 15 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:13h

Sigo creyendo, como Otto Von Bismarck, que el juicio en política es como la capacidad de oír, antes que nadie, el distante sonido de los cascos del caballo de la Historia

Euskotarren aberria Euskadi da. Euskadi es una nación, la mía. Y esta convicción la seguiré intentando trasladar a un proyecto político basado en la realidad de la sociedad vasca. Creo, efectivamente, que sí existe una parte identitaria en nuestra condición nacional como vascos, pero, a la vez, creo también que sostener hoy un proyecto político en Euskadi basado sólo desde la identidad no es un proyecto político suficiente. No es que propugne renunciar a aquello que configura nuestra identidad, sino que es precisamente a partir de esa identidad que sigo creyendo que se puede y debe configurar un proyecto político capaz de seguir generando conciencia nacional, sobre todo, en quienes carecen de ella.

Y así, de la misma manera, de igual a igual, que le debemos seguir exigiendo al Estado español respeto a nuestra identidad nacional como vascos, también debemos inevitablemente tributar respeto y reconocimiento al hecho de que España, de que el Estado español no es hoy una entelequia artificial sostenida por una dictadura. En la Euskadi de hoy hay miles de ciudadanos que tienen como referente nacional a España, o tanto a Euskadi como a España, y por eso precisamente no frivolizo, no, sobre sus sentimientos, como no acepto en absoluto que se frivolice con lo que muchos y muchas seguimos pensando y sintiendo, como uno sigue haciendo, respecto a que efectivamente Euskadi es nación vasca.

Sigo defendiendo por ello, con radical firmeza, el reconocimiento nacional de Euskadi en un Estado y en una Constitución española que no es la que los nacionalistas vascos quisiéramos, pero que tampoco, ciertamente, nos es ajena del todo. Asimismo, proclamar unos objetivos y unas metas políticas para el futuro alejadas de la realidad de lo que somos, y de nuestro contexto, es llamar a la frustración colectiva como pueblo, porque a menudo con idílicos espejismos se puede contribuir a generar fantasías que no son ciertamente posibles de alcanzar. No somos los países bálticos, ni repúblicas de la extinta URSS. Por desgracia, no somos tampoco Escocia. Ni Cataluña (¿?). Así, sigo creyendo, como Otto Von Bismarck, que el juicio en política es como la capacidad de oír, antes que nadie, el distante sonido de los cascos del caballo de la Historia. Michael Ignatieff, profesor de Cambridge y vicepresidente del Partido Liberal de Canadá, suele reflexionar sobre el político, sus metas y sus responsabilidades. Afirma que éstos no pueden permitirse el lujo de tener en cuenta ideas que sean meramente interesantes, al contrario, deberían de trabajar con el escaso número de ideas que son objetivamente ciertas y con el todavía más escaso de las que sirvan para la vida real porque en política una cosa es lo que es y nada más. Michael Ignatieff habla de políticos con el coraje de intuir la diferencia entre un buen acuerdo y uno malo, sabedores de que esta capacidad de percibir la realidad es más importante que aferrarse como sea a los principios.

Así pues, sigo apostando por una política que nos haga más nación vasca, más pueblo vasco que avanza en la historia, más sociedad vasca plural integrada por diferentes y alejada de muy estériles debates sin recorrido práctico alguno para los intereses y preocupaciones reales de la ciudadanía.

El pacto interno en el seno de la sociedad vasca y el posterior con el Estado son, hoy y aquí, las vías reales y posibles para acercarnos al objetivo de hacer de Euskadi “patria de los vascos”

Y, hablando de debates, Manuel de Irujo, navarro y nacionalista vasco, hace 55 años, se refería así a fueros, soberanías e independencias: “Los Fueros Vascos son el producto legítimo elaborado por soberanía del país, ofrecen el trasunto de un régimen paccionado con la Corona, mantienen el carácter de instrumento de defensa de las libertades vascas y ponen de manifiesto la extraordinaria capacidad de adaptación del país a las diversas situaciones que plantea el curso de la Historia. Si hubiéramos de fijar en cinco vocablos su propia esencia diríamos que son: soberanía, pacto, defensa, adaptación y legitimidad. Son adaptables y no petrificados en la Historia, son expresión de nuestra voluntad aplicada a la realidad”. Así, y en parecida honda de evolución, cambio y transformación política, hablaba Landaburu, hace ya 61 años: “Hoy ningún Estado es ya dueño absoluto del valor de su moneda, de su ejército y de su política exterior. En estas y en otras materias se advierte cada día con más fuerza que van escapando al campo de la competencia estatal. Ese Estado, a pesar suyo, se vacía, se desfonda y desaparecerá. Tiempo vendrá en que no queden vivos Estados tan intensos. A muchos se les figurarán elucubraciones y otros muchos pensarán que nuestras trompetas son débiles para derribar las defensas de tan potentes fortalezas”.

Hoy, en febrero de 2016, sigo creyendo más firme y convencido que nunca en Euskadi y en la existencia del Pueblo vasco, sigo creyendo en su espíritu emprendedor y en nuestra identidad, en la valía de nuestras gentes, sigo creyendo en el derecho que tenemos como vascos y vascas que somos a decidir nuestro futuro, en nuestra capacidad inteligente de negociar, en la necesidad de pactar y en la astucia de integrar, no propongo por lo tanto ni claudicación ni sometimiento alguno. Y por eso precisamente no podemos permitirnos lo estéril de refugiarnos en el mundo interior de nuestras propias suposiciones, ni confundir el mundo real con el que nos gustaría. Sigo creyendo por ello en la negociación y en el pacto. Sigo creyendo que en virtud del respeto y actualización de nuestros Derechos Históricos recogidos en el Estatuto de Gernika y en la Constitución española, procede manifestar nuestra voluntad de formalizar un nuevo pacto político para la convivencia, pacto político que se materializa en un nuevo modelo de relación con el Estado español. Un pacto político que, desde la negociación y el acuerdo mutuo, alcanzado y trabajado con el Estado español, evitase las unilateralidades.

Porque sigo creyendo, como el primer lehendakari, José Antonio Agirre, el profeta pragmático, que “aplicar los principios o no, según se trate de amigos o de enemigos, o hablar de la libertad de los pueblos y aplicarla sólo a los amigos es hipocresía”. Un Agirre que tenía claro que la firmeza en la defensa de las propias ideas nunca debería suponer el desprecio y menos el rechazo visceral de los planteamientos de los demás. Sigo estando convencido de que el pacto interno en el seno de la sociedad vasca y el posterior pacto con el Estado español son, hoy y aquí, las vías políticas reales y posibles para acercarnos, lo repito, al objetivo de hacer de Euskadi “patria de los vascos”, cada vez más nación política y cívica, más “burujabetza”, decidiendo y pactando.

Sigo apostando sin matiz alguno por un autogobierno que conecte con las nuevas generaciones y con las capas urbanas. Es la apuesta por un nacionalismo democrático vasco moderno, abierto, europeísta y pactista, pragmático y solidario, que continúe vertebrando la sociedad vasca con perspectiva de futuro. Un pacto con el Estado recíproco y de garantías, cuya interpretación y cumplimiento no puede quedar al arbitrio de una de las partes. Implica bilateralidad efectiva, garantías y condiciones de lealtad y respeto a nuestra idiosincrasia e identidad, que obliga al acuerdo y a la cooperación, que supone reconocimiento mutuo y que articula una interdependencia en espacios de actuación compartidos. Es la libre adhesión y la relación amable con España. Somos un pueblo pequeño, sí, y, en la defensa activa histórica de nuestra voluntad e identidad de querer seguir siendo, hemos necesitado de la inteligencia, la astucia, la sabiduría, el pacto y la negociación. Pues eso.


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