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Los bomberos del drama humano

Gipuzkoa cuenta con un servicio de atención inmediata para urgencias sociales. Son como ángeles de la guarda en los “casos extremos”. Están alerta las 24 horas durante los 365 días del año y en 2015 dieron asistencia personal a 420 personas.

Un reportaje de Mikel Mujika. Fotografía Ruben Plaza - Domingo, 14 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:15h

Anuska Esnal, la coordinadora del Servicio Foral de Urgencias Sociales de la Diputación de Gipuzkoa, esta semana en el centro operativo de su equipo de actuación.

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Anuska Esnal, la coordinadora del Servicio Foral de Urgencias Sociales de la Diputación de Gipuzkoa, esta semana en el centro operativo de su equipo de actuación.

“Somos como las ambulancias;como las Urgencias del hospital, pero en lo social” “Los casos de agresión de adolescentes a padres y madres van a más y son especialmente duros”

Casos de violencia machista, intentos de suicidio, muertes traumáticas en entornos de vulnerabilidad, agresiones intrafamiliares -cada vez más de adolescentes a sus padres-, pérdida de vivienda por incendios e inundaciones... Estas son algunas de las principales situaciones a las que se enfrentan en su día a día los doce trabajadores del Servicio Foral de Coordinación de Urgencias Sociales (SFCUS) de la Diputación de Gipuzkoa, actualmente gestionado por la DYA. Se trata de auténticos ángeles de la guarda que ofrecen soluciones inmediatas a las víctimas de emergencias sobrevenidas de forma repentina en todo el territorio.

Son psicólogos y asistentes sociales, pero tienen la llave para dar respuesta instantánea a situaciones extremas y derivar a las víctimas de forma preferente e inmediata a todo el abanico de servicios sociales y recursos que dispone el territorio, ya sean forales o municipales.

Conviven con el miedo, la ansiedad, angustia, impotencia, confusión, negación de la realidad, desorientación, taquicardia y temblores de las víctimas. Síntomas propios de una vivencia estresante. “Somos las ambulancias, en vez de sanitarias, sociales. Vamos a donde está la urgencia, y derivamos a la persona que lo necesita al recurso ordinario. Seríamos como las Urgencias del hospital pero en lo social. Si vemos que un caso no es urgente, volvemos a la base, y si lo es, activamos los recursos que tenemos en todo el territorio”, explica Anuska Esnal, la coordinadora de este servicio.

En el último año atendieron a 420 personas en las 220 actuaciones de extrema gravedad a las que acudieron. Ahí no se contabilizan las centenares de llamadas de apoyo y asistencia a víctimas, muchas de ellas anónimas. Trabajo de siembra con la esperanza de que algún día dé sus frutos, sobre todo en los casos de violencia machista e intrafamiliar;en la estadística solo figuran los casos realmente extremos con desplazamiento: la media de intervención en cada una de ellas es de siete horas.

Más allá de las cifras, estos bomberos del drama humano inciden en que detrás de cada caso hay una historia. Como las de las 80 personas que el 1 de enero de 2014 se quedaron sin viviendas por el incendio de las casas de Trintxerpe, en plena noche y durante las celebraciones de Nochevieja. Su labor consiste en coordinar todo eso, las necesidades de esas personas y, entre las mismas, detectar quiénes se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad.

Trabajan por parejas y viven siempre pendientes del teléfono. No dejan pasar ni un mensaje. Cuando NOTICIAS DE GIPUZKOA acudió a esta cita en su centro de Donostia, uno de los equipos estaba atendiendo un caso de violencia machista.

Precisamente, la gran mayoría de las 420 víctimas atendidas en 2015 por este servicio fueron mujeres (267);es el 63%.

el peso de la violencia machistaY más concretamente, una de cada tres intervenciones corresponde a casos de violencia machista. “Lamentablemente, tenemos casos todas las semanas. Es algo normalizado y una cosa que ya no nos sorprende”, asegura Esnal. En su opinión, desde que en 2008 la Diputación puso en marcha un centro de urgencia a la mujer, “sí se ha mejorado un montón en la respuesta que se le da a la mujer, pero la incidencia se mantiene, porque la sociedad es machista”, añade la coordinadora del servicio de emergencia social.

Ella misma explica en qué caso está justificada la intervención de este equipo de urgencia, por ejemplo, en un caso de violencia machista: “Estamos hablando de casos en los que la mujer pone la denuncia y el juez todavía no ha tomado ninguna medida. Es la primera noche. Luego igual al día siguiente el juez otorga las medidas de protección a la mujer y el hombre tiene que abandonar la casa y ella retorna, pero durante esa primera noche, si hay un riesgo y ella considera que no tiene dónde dormir sin que su marido la localice y teme por su situación, entonces se la protege”.

Para ello tienen una herramienta. Una guía con todos los pisos, hoteles y pensiones concertadas en el territorio;pueblo por pueblo. También de casas del frío, albergues, policías locales y otras fuerzas de seguridad, taxis... Todo lo imaginable. Un libro en el que se registra información y el contacto con todos los servicios de todos los pueblos de Gipuzkoa. También tienen hilo directo con los centros de menores.

Los menores son otro de los focos principales de actuación de este servicio. El año pasado una de cada tres personas atendidas era menor de edad. Y dentro de esa casuística, muy variada, cobra cada vez más peso el de las agresiones por parte de adolescentes a los padres.

los menores, en el focoMás allá de la asistencia de urgencia en casos extremos, sobre esta cuestión también se asesora a familias que aún no están decididas a denunciar. “Se trata de gente que quizá no está suficientemente empoderada como para poner una denuncia a su hijo;y en ese caso, desde aquí hacemos contención, apoyo y dar información. Es el primer paso para salir de esa circunstancia”, detalla Anuska Esnal.

Según explica la coordinadora del SFCUS, “estos casos son excepcionalmente dolorosos y fuertes para los familiares. En primer lugar, porque es duro reconocer lo que está sucediendo y que ya te ha sobrepasado;y en segundo término, cuesta hacerlo público. Normalmente son procesos muy largos, de varios meses e incluso años, donde los familiares han gastado un montón de recursos y tiempo para afrontar eso, pero ya llega un momento en que no se puede más. De hecho, hay casos en los que ya uno teme por su vida. Son casos especialmente dolorosos para un padre o una madre. Normalmente hay mucha culpabilidad. En los diez años que yo llevo trabajando aquí es algo que ha ido a más”, reitera.

Los protagonistas de estas agresiones a sus padres son adolescentes -mitad chichas y mitad chicos- que “no tienen los límites bien marcados y atraviesan una adolescencia complicada que normalmente va asociada también a una dependencia al consumo de alguna sustancia estupefaciente”, asegura la coordinadora.

Su labor es impagable. “Lo que hacemos en los primeros auxilios psicológicos es ayudar a esa persona al enfrentamiento inmediato de la crisis: proporcionar apoyo, aliviar el sufrimiento psicológico que pueda tener, prevenir que pueda aparecer algo más grave”, y en ese escenario “el binomio trabajador social-psicólogo que atienden las urgencias “funciona muy bien”, añade.

Y en esos momentos críticos, asegura Esnal, los niños son “una caja de sorpresas”: “Nosotros normalmente damos herramientas a los padres y familiares para que sean ellos los comunicadores de las noticias a los menores”.

un servicio “pionero”El Servicio Foral de Coordinación de Urgencias Sociales se puso en marcha en Gipuzkoa en 2005. Según Anuska, “somos pioneros en todo el Estado. Somos un servicio pionero porque en todo el Estado español no hay ninguna otra provincia que tenga un servicio de urgencia como el nuestro para todo el territorio. Los hay solo para las capitales. En Bizkaia está el servicio municipal de Bilbao, al igual que en Vitoria o grandes ciudades como Madrid y Barcelona también tienen el suyo. Donostia también lo tiene pero además nosotros atendemos a todo el territorio. Si nos llaman de Ezkio-Itsaso, por ejemplo, cogemos el coche y vamos”, apunta.

En esos viajes al lugar de la urgencia se producen los “peores momentos”, explica Anuska. “Ahí empieza la cabeza con los miedos de cada uno. En primer lugar hacemos las llamadas necesarias para obtener la información y luego ya es en plan evasión: cada uno va empoderándose hasta llegar. Y luego en el sitio, durante la intervención, es mucho autocontrol de tus sentimientos”, explica.

Una cosa importante, en opinión de la coordinadora del SFCUS, es tener claro que “la actuación vaya bien no debe depender del resultado porque este a veces no está en tu mano. El trabajo bien hecho es el que tú te quedes a gusto con la intervención que has hecho. Tú puedes hacerlo bien y no conseguir que una víctima de violencia machista abandone a su agresor. No puedes asociarlo al resultado, porque si no la frustración puede ser enorme”, concluye.

Urgencias sociales

El 30%, nacidos en Gipuzkoa. De las 420 personas atendidas en 2015, 129 eran nacidas en Gipuzkoa, otras 17 en la CAV y 41 en otras comunidades del Estado, lo que arroja un total de 187 de nacionalidad española y 206 extranjeras, de ellas 105 europeas y 101 de otros puntos del planeta. En 27 casos no se pudo acreditar la procedencia de las personas.

puede ser cualquiera

La coordinadora del servicio reitera cualquiera se puede ver en situación de urgencia social.

menores de edad

147

Un tercio de las personas atendidas eran menores de edad.

¿Quién les avisa? Las llamadas al SFCUS provinieron en la mayoría de casos de SOS Deiak (78) y servicios sociales municipales (45), pero también de otras asociaciones (65) y particulares (32).


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