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La naturaleza tiene la última palabra

Algunos negocios costeros analizan las ventajas y los contras de su ubicación, como el atractivo que supone unas vistas inmejorables para los turistas. Pero también deben soportar las mareas, el salitre y el viento. Así lo viven en Donostia y Zarautz.

Un reportaje de Alicia Zulueta. Fotografía Ruben Plaza - Domingo, 14 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:15h

En el malecón de Zarautz han quedado afectados diversos locales y negocios de la zona por los embates del mar del pasado martes.

En el malecón de Zarautz han quedado afectados diversos locales y negocios de la zona por los embates del mar del pasado martes.

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En el malecón de Zarautz han quedado afectados diversos locales y negocios de la zona por los embates del mar del pasado martes.

“Incluso con las medidas que han funcionado, te das cuenta de que la última palabra la tiene la naturaleza” “La verdad es que esta pelea tan desigual con el clima te va mermando, porque cada vez va a más”

tener un negocio al borde del mar es todo un privilegio, y más en la incomparable bahía de La Concha, o la gran playa de Zarautz, todo un reclamo para los turistas. Sin embargo, todas las ventajas que puede tener disfrutar de las vistas a la costa y de otros placeres que ofrece la proximidad al mar se ven ensombrecidas en algunas ocasiones. La naturaleza puede convertirse en una pesadilla cuando ataca a tu fuente de ingresos.

El tremendo temporal que azotó la costa guipuzcoana el martes de madrugada, y que se comió más de cinco millones de euros en destrozos en el territorio, también menoscabó la fuerza de algunos encargados y dirigentes de negocios a pie de playa. Sobre todo porque esta tendencia parece que “va a más” y cada vez con “más frecuencia”.

En la playa de La Concha, los embates del mar destrozaron los negocios que se encuentran en su paseo marítimo. Pero también afectó al Real Club de Tenis y al bar restaurante Branka, situados en el paseo Eduardo Chillida de Ondarreta. Jon Zabaleta es uno de los socios del Branka y admitió que esta lucha contra la fuerza marina “te va mermando”.

Aunque también es cierto que cuando “hace buen tiempo y el Peine del Viento está abierto, viene muchísima gente y queda muy a gusto en la terraza”. Sin embargo, el emblemático monumento del escultor Chillida permanece cerrado desde hace ya trece meses, desde que en julio sufrió un desprendimiento. “Los turistas saben que está cerrado y ya ni vienen al paseo”, lamenta este socio, que espera que se reanuden y se concluyan las obras para este verano.

Como consuelo, Zabaleta dice que se van “acostumbrando” y que este último temporal les ha parecido “hasta leve” en comparación con el de 2014. La experiencia del pasado episodio les ayudó a prepararse mejor y esta vez “los cristales y las maderas han aguantado”, aunque la puerta de entrada se rompió y se filtró agua hasta la cocina, que se encuentra en el sótano. “Nos hemos ido acomodando a la realidad del sitio. Hace dos años, no teníamos el seguro adecuado, y ahora sí está controlado”, confiesa, aunque eso se traduce en un encarecimiento del pago.

Lo más preocupante, según Zabaleta, es que la situación no deja de empeorar. “Llevamos aquí trece años y al principio ni se oía hablar de las olas. Pero los tres últimos años hemos tenido problemas muy graves”, aclara. Tanto es así, que decidieron cerrar el restaurante en enero y febrero a causa de las mareas vivas, una tremenda desventaja. “El año que nos rompió todo el bar tuvimos que anular hasta dos bodas y muchas reservas”, admite. Y cada vez que se declara la alarma roja, se cierra el paseo Eduardo Chillida, dejando su negocio “colgado” con un personal de doce trabajadores y el género fresco, que se echa a perder. “La verdad es que te va mermando. Ahora estamos en lo peor, es reciente y lo vemos negativo. Luego en verano, todo es alegría”, concluye.

Un poco más adelante, en el Real Club de Tenis, su gerente, Jokin Larrañaga, coincide en que esta pelea es muy desigual. “La última palabra es de la naturaleza”, afirma, pues a sus instalaciones no solo les afecta el mar, sino el viento y hasta los desprendimientos de la ladera de Igeldo.

La incomparable ubicación del club permite, además de ofrecer actividades de fitness, tenis o pádel, la oportunidad de practicar piragüismo, Stand Up Paddle o simplemente de darte un chapuzón en el mar. “Es un lujo estar emplazados en la bahía de La Concha, que es el emblema de la ciudad. Pero no todo es de color rosa. También tiene sus peajes”, completa. Y es que el ambiente salino, altamente corrosivo, crea unas importantes necesidades de mantenimiento. “Todo lo que sea metálico tiene que ser muy resistente, no solo galvanizado y de acero inoxidable. Aquí estamos como si fuéramos un barco”, apunta Larrañaga, quien añade que incluso afecta a los materiales que están en el interior de las instalaciones.

Además de los destrozos que causan los temporales de olas, los episodios de viento no son ninguna tontería. De hecho, en una ocasión ha llegado a mover una viga de una de las cubiertas mediante fuerza de succión. Y los montes de arenisca del paraje donostiarra también son susceptibles a sufrir derrumbamientos, como el pequeño corrimiento de tierra sucedido el viernes detrás de las instalaciones del Tenis. Aun así, cuantos más problemas ocasiona el medio ambiente, mejores medidas se toman para combatirlos. Aunque Larrañaga defiende que “la última palabra no la tienes tú, la tiene la naturaleza”.

la “preocupación”En el malecón de Zarautz, la situación se repite. Decenas de locales se han visto anegados por culpa del temporal. Aun así, les merece la pena para disfrutar de las grandes ventajas que también ofrece esa ubicación. Como al Spa Gym Malecón, que además de los servicios que da en las instalaciones a sus 150 socios, tiene el valor añadido de poder disfrutar de la imponente playa de Zarautz a menos de cinco metros de distancia. “Estar en primera línea de playa acarrea un riesgo. Siempre estás con la preocupación, y desgraciadamente parece que va a más”, destaca el gerente, Gerónimo Esnal.

Por el contrario, el restaurante Kulixka disfruta de la virtud de situarse a la altura de un primer piso, sobre la playa. “A mí por la altura no me toca, y de momento nunca ha pasado nada”, dice la encargada, Ana Torres. De esta forma, el mayor inconveniente es el salitre que deteriora el gran ventanal que luce el restaurante. No obstante, esa pequeña traba, en comparación con los grandes contras a los que se enfrentan otros negocios, compensa cuando los clientes se apresuran por sentarse en la primera línea de la ventana para disfrutar del espectáculo.


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