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Egipto, la gran ficción

CINCO AÑOS DESPUÉS DE LA CAÍDA DE MUBARAK, EL PAÍS
PROYECTA DOS GRANDES ESPEJISMOS: UN STATU QUO POLÍTICO BASADO EN
LA MANO DURA Y UNA FUERTE DEPENDENCIA ECONÓMICA

Un reportaje de Susana Martín Oxinalde - Domingo, 14 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:15h

Una niña muestra un cartel igualando a Mubarak y Hitler.

Una niña muestra un cartel igualando a Mubarak y Hitler.

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Una niña muestra un cartel igualando a Mubarak y Hitler.

Pan, libertad y justicia social”, la frase como consigna se erigió en símbolo de las multitudinarias manifestaciones en la plaza Tahrir de El Cairo y alumbraron la esperanza de la primavera árabe en Egipto. Eran los últimos días de enero de 2011. El 11 de febrero, el hombre que gobernó el país con mano de hierro durante tres décadas, Hosni Mubarak, dimitía de su cargo de presidente y se abría una transición encabezada por su primer presidente civil, el candidato de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Mursi.

Su llegada democrática al poder devolvió, sin embargo, las protestas a las calles por la implantación del islamismo en todos los sectores. Dos Egipto se enfrentaban y la plaza Tahrir volvía a ser el epicentro de las protestas y el descontento hasta que el Ejército tomó el poder tornando la revolución en la vuelta hacia un régimen aún más férreo que no ha traído a los egipcios más prosperidad sino más represión.


MÁS AUTORITARISMO

Un lustro después de la salida de Mubarak del poder, el Gobierno de Mursi se dibuja como un paréntesis democrático en la historia reciente de Egipto. Un breve experimento que terminó con el golpe militar que aupó a la presidencia al general Abdelfatah al Sisi con el objetivo de cristalizar los objetivos de la revolución. “No hay nada que celebrar. Han sido cinco años de una transición errática que ha derivado en un autoritarismo si cabe más robusto”, señala el investigador principal sobre el Mundo Árabe del Instituto Elcano, Haizam Amirah-Fernández. Una asfixia de cualquier oposición que abarca todo espectro, no solo islamista sino también a activistas, revolucionarios, blogueros, periodistas. “El poder de la presidencia y de un Parlamento totalmente sometido a los intereses del Ejército controla la vida legislativa”, añade la profesora de Estudios Árabes de la Universidad Autónoma de Madrid, Luz Gómez García. Un control extendido a la ilegalización de partidos y movimientos políticos como los Hermanos Musulmanes, corrientes laicas y de izquierda y la débil oposición, diezmada por la falta de libertades. Esta semana, en el quinto aniversario del inicio de la “transición”, las fuerzas políticas, oenegés y sindicatos anunciaban la formación del “Frente de la Defensa de las libertades” con el objetivo de presionar a las autoridades.


VULNERACIÓN DE DERECHOS

En las semanas siguientes al derrocamiento de Morsi, 1.400 manifestantes islamistas murieron en violentas dispersiones y más de 15.000 Hermanos Musulmanes, después ilegalizados y declarados terroristas, fueron encarcelados. ”Si bien no puede hablarse de un estado policial, apunta Amirah-Fernández, hay un grado creciente de disfuncionalidad que permite abusos extendidos de las fuerzas de seguridad”. Pero la represión no afecta solo al espectro ideológico y político. Sus niveles han aumentado desde la época de Mubarak con una mordaza a toda expresión crítica. El control se extiende en cualquier espacio que pueda servir como plataforma que cuestione el nuevo orden, desde medios de comunicación, hasta Internet, pasando por universidades o el tejido asociativo y sindical. “Es una violación de derechos fundamentales a gran escala que traslada una imagen de importantes retrocesos”, añade. Según Gómez García, “la represión no distingue ideologías, salvo aquellos que apoyan el régimen”.


La oleada de ataques yihadistas que han sacudido en los últimos meses a Egipto, con el atentado el pasado octubre contra el avión ruso en la península del Sinaí en el que murieron sus 224 pasajeros, ofrecen según Amirah-Fernández legitimidad a las políticas opresoras. “Hay actividad terrorista pero hay un uso de esa lucha contra el terrorismo para extenderlo a opositores no violentos y en el momento en que se cierran vías de participación política, el terrorismo es un caldo de cultivo”. Las pequeñas escaramuzas terroristas devinieron en atentados graves tras el golpe de estado a Mursi y fue entonces cuando el terrorismo islámico se convirtió en una grave amenaza para la estabilidad y la economía. “Es el discurso de la legitimación -añade Gómez García-, porque la respuesta del Ejército en el Sinaí convirtiendo a todos en sospechosos, alimenta la respuesta yihadista. Junto a la represión oficial como excusa, supone el discurso de las dos caras”.


UNA ECONOMÍA DÉBIL

“Mubarak cayó porque en la reconfiguración del sistema económico privó a la elite tradicional de sus resortes económicos, entre ellos, el ejército y se creó una nueva elite”, explica Luz Gómez García. Con un crecimiento todavía muy importante de población, Egipto supera los 90 millones de habitantes con unas condiciones económicas para un alto porcentaje del país en penuria. Las fuentes tradicionales de ingresos como el turismo, duramente golpeado por el yihadismo o las ganancias derivadas del canal de Suez, están en caída y solo son sostenidas para evitar el colapso gracias al respaldo internacional que brindan masivamente potencias del Golfo como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos o Kuwait y que, en dos años y medio, desde la salida de Mursi de la presidencia, han insuflado a la economía 40.000 millones de dólares. Países que no se han convertido en facilitadores de crédito sino en los grandes inversores en Egipto mediante negocios relacionados con la ampliación del canal de Suez, la creación de una nueva capital administrativa o la aparición de grandes yacimientos de gas en la costa norte.

“A la recuperación del control económico por parte del Ejército se suma como novedad importante este nuevo régimen dependiente de los donantes del Golfo y donde puede haber elementos de ficción para el futuro cuando ambos agentes empiecen a competir”, añade Gómez García.


EL FUTURO, EN LOS JÓVENES

“La revolución no fue en vano. Aunque ahora estemos en un periodo contrarrevolucionario, las causas que llevaron a la revolución siguen ahí”, señala Gómez. Muchos analistas se preguntan cuánto puede durar esta relación marcada por la represión y la falta de libertades entre el poder y la sociedad sin que acabe cristalizando en una fractura social.

Amirah-Fernández lanza, sin embargo, un mensaje positivo enfocado a los jóvenes egipcios de los núcleos urbanos como agentes transformadores de la sociedad debido a su desconexión con las elites gobernantes que ha derivado en su escasa participación en las citas electorales. “Los egipcios de hoy han comprobado algo que sus padres no sabían: mediante movilizaciones sociales se puede propiciar un cambio político. Lo han hecho dos veces en los últimos cinco años, contra Mubarak en 2011 y contra Mursi en 2013”. Aunque el resultado no haya sido positivo, añade, “cinco años es un tiempo muy corto para procesos tan complejos”. Y, concluye, “esta aparente estabilidad de mano dura puede ser un espejismo, como lo fueron los anteriores“.

CRONOLOGÍA

11 febrero 2011. Después de días de ira por parte de los egipcios y desmentidos de dimisión, cae Hosni Mubarak tras dirigir el país durante 30 años.

30 junio 2012. Mohamed Mursi asume la presidencia y se convierte en el primer presidente civil desde 1952.

12 agosto 2012. Mursi arrebata a los militares sus prerrogativas. Semanas después, blinda sus poderes ejecutivos y legislativos.

3 julio 2013. El mariscal Abdelfatah al Sisi destituye a Mursi y la cúpula militar coloca al Presidente del Constitucional al frente del país.

23 septiembre 2013. Los Hermanos Musulmanes, el partido de Mursi, es ilegalizado y sus dirigentes encarcelados, algunos de ellos condenados a muerte. Serán declarados por el Gobierno “organización terrorista” en diciembre.

12 agosto 2014. La ONG Human Rights Watch acusa a Egipto de planear la matanza de islamistas. Cita en su informe el desalojo de la mezquita de Raba cuando murieron centenares de partidarios de Mursi.

29 noviembre 2014. Mubarak es absuelto por la masacre de manifestantes en las revueltas que le derrocaron. También es exonerado de los delitos de corrupción por prescritos.

31 octubre 2015. Un avión ruso con 224 personas abordo se estrella en el Sinaí tras despegar de Sharm al Sheij. El Estado Islámico reivindica el atentado y el Kremlin confirma la existencia de una bomba dentro de la aeronave.

4 febrero 2016. Giulio Regeni, estudiante italiano doctorando en Cambridge, que investigaba los movimientos obreros, es encontrado muerto con signos de tortura tras diez días desaparecido.

8 febrero 2016. Un Tribunal Militar reinicia el juicio por espionaje contra Mursi por entregar secretos militares a Catar.


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