Diario de GipuzkoaDiario de Noticias de Gipuzkoa. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Períodico de Diario de Noticias de Gipuzkoa
Tribuna abierta

¿Erradicar el mosquito o la pobreza?

Por Javier Alonso - Sábado, 13 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:15h

En la imagen, el mosquito transmisor del zika, el ‘Aedes aegypti’, estudiado en un laboratorio austriaco.

Galería Noticia

En la imagen, el mosquito transmisor del zika, el ‘Aedes aegypti’, estudiado en un laboratorio austriaco.

Sin esperar a que desapareciera el desasosiego que nos infundía la enfermedad del ébola y coincidiendo con el anuncio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de que en los tres países africanos más afectados no se había detectado ningún nuevo caso -aunque dos días después apareció otro-, una nueva amenaza viral ha provocado una epidemia global de miedo. Un virus que hasta hace unos meses era considerado como prácticamente inofensivo se desfiguraba y nos intimidaba con el riesgo de producir alteraciones en el desarrollo fetal y problemas neurológicos en la edad adulta.

Todos los medios de comunicación se han lanzado a una carrera cuya meta parece ser elaborar el titular más escandaloso, lo que casi siempre implica falta de rigor. Baste como ejemplo la reciente reseña de una influyente agencia: El virus provoca microcefalia en los fetos en formación cuando lo contrae la gestante, ya que impide el correcto desarrollo del cerebro. Un comentario que, indudablemente, debería provocar cierta intranquilidad si no se tiene en consideración que el planteamiento es absolutamente falso.

El virus del Zika se mantuvo recluido en África hasta que se produjeron los primeros brotes epidémicos en comunidades que residían en islas del Pacífico. En 2013, uno de ellos llegó a afectar al 10% de la población sin que se detectaran graves complicaciones. Fruto de la globalización deportiva, asistentes al Mundial de fútbol trasladaron, posiblemente, el germen a Brasil, donde a partir de mediados de 2015 comenzaron a detectarse numerosos casos. Latinoamérica reúne las condiciones para que el virus se expanda sin control: mosquitos que sirven de vectores, características climáticas adecuadas, ciudades con unas condiciones de vida degradadas con dificultades en el acceso al agua corriente;con saneamiento, recogida y tratamiento de los residuos precarios -cuando existen-;escasez o carencia de sistemas sanitarios universales, y una tradicional y generalizada debilidad de los gobiernos para hacer frente a desastres de este tipo.

Se prevén millones de personas afectadas por el Zika en un continente donde solo se librarán Chile y Canadá, amparados en la ausencia de mosquitos Aedes, únicos capaces de trasmitir la enfermedad. Aunque son estimaciones basadas en modelos epidemiológicos, tienen más base científica que los lúgubres y catastrofistas vaticinios que se aventuran sobre el número de bebés que nacerán con malformaciones y los adultos que padecerán parálisis.

Unos días después de recibida la picadura del mosquito que porta el virus del Zika en sus glándulas salivales, se desarrolla la infección, que en el 80% de los casos no ocasionará ninguna manifestación;en el resto producirá síntomas moderados similares a los de otras enfermedades víricas con fiebre, dolores musculares y articulares, erupción cutánea, conjuntivitis… Por regla general, pasados cinco días, la enfermedad desaparecerá sin dejar ningún tipo de secuela.

En el brote actual -como ocurriera en anteriores- se ha informado de un aumento de casos del llamado síndrome de Guillain-Barré, un trastorno poco frecuente en el que el que sistema inmunitario ataca a las células nerviosas ocasionando una debilidad muscular que puede generalizarse hasta provocar graves parálisis. La inmensa mayoría de las personas que lo padecen se recuperan en pocas semanas y la mortalidad que produce es muy baja.

Parece -a la espera de lo que resulte de los estudios que se están realizando- que la asociación entre el germen y esta enfermedad existe;sin embargo, lo que verdaderamente ha hecho saltar las alarmas ha sido la relación entre el Zika y los problemas de desarrollo del feto. Brasil ha informado de un importante aumento del número de nacimientos con microcefalia asociada a alteraciones neurológicas de mujeres que se supone padecieron la infección en el primer trimestre de embarazo.

Los titulares periodísticos hablan de casi 5.000 casos de microcefalia, aunque de los 1.100 en los que se completaron los análisis solo se probó lesión neurológica en 400. Estos datos muestran una correlación entre las infecciones por virus del Zika durante el embarazo y malformaciones congénitas del sistema nervioso central, aunque esta información no evidencia la existencia de una relación causal. Inicialmente, los esfuerzos se han centrado en establecer la cifra real de nacimientos con microcefalia, ya que la alarma y la falta de estandarización en los métodos de medida hacen sospechar que el número se ha sobreestimado, contabilizando en el mismo grupo graves alteraciones neurológicas con inocentes cabezas pequeñas. Si finalmente se demuestra el incremento, será preciso dilucidar si no es debido a una de las otras múltiples causas que pueden producirlo.

Basándose en esa sospecha, la OMS, temerosa de volver a recibir nuevas críticas por su tardía actuación como ocurriera en la reciente epidemia de ébola, se ha apresurado a clasificar el brote como emergencia sanitaria global. Una decisión que, además de provocar una alarma innecesaria, ha significado el pistoletazo de salida para que del Zika se puedan obtener grandes beneficios. Las farmacéuticas se han lanzado a la búsqueda de la vacuna -no estará disponible este año- y una nueva industria innovadora se ha incorporado a este lucrativo negocio de las infecciones emergentes. Una empresa fabricante de mosquitos manipulados genéticamente se ha ofrecido -evidentemente, no de forma altruista- a acabar con el mosquito que transmite la enfermedad introduciendo sus mutantes estériles. Ya lo había intentado con el virus del Dengue, de la misma familia que el del Zika pero más mortífero, con el único resultado de disminuir el número de mosquitos al desplazarlos a otras zonas.

Sin recurrir, de momento, a estrafalarias e ineficientes intervenciones, esa ha sido la elección mayoría de los gobiernos: la lucha contra el mosquito Aedes aegypti con insecticidas y medidas encaminadas a erradicar los reservorios. Una batalla que se ve limitada, si no condenada al fracaso, por las peculiaridades socioeconómicas de la región. Un estudio realizado sobre una epidemia de dengue en una ciudad de México y otra de Texas, separadas solamente por el río Bravo, mostró que condiciones como el acceso universal a agua corriente, una planificación urbana que evitaba el hacinamiento y la gestión adecuada de los residuos hacían ocho veces menos probable contraer la enfermedad.

La aparición de esta epidemia en Latinoamérica es, sin duda, un desafío para la salud pública: las condiciones sociales fomentan contagio de un virus del que desconocemos sus verdaderos efectos en una población que carece de inmunidad contra él. Pero la impaciencia y falta de ponderación de la OMS, la carencia de perspectiva e ineptitud de los gobiernos y la absurda magnificación de los efectos de la epidemia que se revela en los medios de comunicación han conseguido que se instale en la sociedad una visión apocalíptica que solo conseguirá, a fuerza de exagerar la respuesta, que el virus se perpetúe. Las víctimas principales son las mujeres embarazadas que, tras ser atemorizadas con monstruosos titulares, son absurdamente exhortadas a planificar sus embarazos. No actúan mejor algunas organizaciones no gubernamentales que sugieren el aborto como mejor opción para resolver sus incertidumbres (no confirmadas) sobre el futuro de su descendencia.

Mientras, los mensajes oficiales recomiendan no viajar a la zona si se está embarazada y recuerdan, basándose en débiles evidencias, que la enfermedad se transmite por contacto sexual y transfusión. Los desplazamientos a Sudamérica y más concretamente a Brasil durante los carnavales y los Juegos Olímpicos se verán afectados. Un lastre más a añadir a su precaria economía, que verá aumentar desempleo y la inflación y decrecer los recursos destinados a sus ya frágiles sistemas sanitarios.

Los efectos sobre la salud de las epidemias además de por la virulencia del germen están determinados por las condiciones de la población a la que afectan y por las medidas que se utilizan para combatirlas: vivir en el lado equivocado del río Bravo implica multiplicar las posibilidades de enfermar. Si realmente el virus aumenta significativamente el número de malformaciones congénitas cerebrales y son precisas medidas enérgicas, no se acabará con él fumigando al mosquito o desarrollando una vacuna si a la vez no se incide en el resto de las causas sociales que favorecen su propagación. Obviando esta realidad estaremos abonando el terreno para que el virus se cronifique o para que el siguiente virus de la lista -puede que más agresivo- provoque otra epidemia. Erradicar la pobreza y la desigualdad puede considerarse utópico, pero no lo es más que plantearse erradicar los mosquitos Aedes.

Los efectos de las epidemias, además de por la virulencia del germen, están determinados por las condiciones de la población a la que afectan y las medidas usadas para combatirlas.

La decisión de la OMS, además innecesaria, ha significado el pistoletazo de salida para que el virus proporcione grandes beneficios


Erradicar la pobreza y la desigualdad puede considerarse utópico, pero no lo es más que plantearse erradicar los mosquitos ‘Aedes’


COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Noticias de Gipuzkoa se reserva el derecho a eliminarlos.
  • Avda. Tolosa 23 20018 Donostia
  • Tel 943 319 200 Fax Administración 943 223 900 Fax Redacción 943 223 902