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Fernando Pardo Guitarrista del grupo Sex Museum

“Hoy tenemos el público más envejecido de la historia del rock and roll”

La sala Dabadaba recibe esta noche a las 21.00 horas al célebre grupo madrileño Sex Museum, que hace balance de sus 30 años de trayectoria y analiza el momento actual

Fernando F. Garayoa - Viernes, 12 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:16h

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Donostia- La banda del guitarrista Fernando Pardo inició su andadura allá por 1985, entregada a un sonido garagero crudo y una actitud salvaje en un momento en el que la nueva ola madrileña imperaba en su ciudad. Tres décadas después, atesoran 14 álbumes y una innegable reputación en el rock and roll estatal.

¿Más de treinta años en la carretera hacen mucho daño?

-Sí, pero tiene una cosa buena de la que te das cuenta cuando llevas tanto tiempo. Nosotros estamos entre los 40 y los 50 años, y en esa franja de edad hay un momento en el que, inevitablemente, todo el mundo piensa: “Ojalá me hubiera dedicado a otra cosa”. Pero lo bueno que tiene dedicarse al rock and roll -una música en la que puedes llegar al punto de yo me lo guiso, yo me lo como- es que nunca echas en falta otra cosa ni haber dado ese paso... Y eso sorprende, sobre todo teniendo en cuenta que cuando haces rock en España, o en el sur de Europa, hay instantes en los que ves que la última puerta de escape pasó hace más de 5.000 kilómetros. Así que, o tiras con el rock adelante y a muerte, o el hueco que pasas a dejar en la sociedad si abandonas esto es del tipo: “Ojalá tenga tu padre una ferretería y te pueda colocar en el almacén”. (Risas) Lo bueno de vivir el rock and roll así es que todos esos momentos de posible arrepentimiento o duda sobre si has elegido el camino adecuado, desembocan en soluciones que están dentro del propio rock and roll;a ver si en el próximo disco, a ver si enfocándolo de otra manera, a ver si aprendo esta versión y me dedico más al instrumento... En el fondo, lo de dedicarte a la música es una mezcla entre atletismo y arte, por la parte de repetición a la que te obliga el instrumento y que también tiene el atleta. El caso es que si volviera a empezar, en un porcentaje altísimo volvería a hacer lo mismo.

¿Cómo lleva usted esa triple vida de cuernos entre Los Coronas, Corizonas y Sex Museum?

-Lo llevo de puta madre. Si no fuera así, es cuando tendría una especie de duda constante... Y es que no puedo evitarlo, necesito tener movimiento constante... Ya sabes, el típico niño con déficit de atención de pequeño, que no se da cuenta que tiene que estar metido en todos los fregaos constantemente. Si solo tuviera un grupo del que preocuparme los fines de semana, el resto de los días me estaría comiendo las uñas, sobre todo porque ya hemos llegado al punto de que casi no ensayamos... El caso es que necesito tener varias bandas para poder explorar;de hecho soy un gran admirador de la antropología y la investigación del desubicado, del friki o del artista incomprendido dentro de una sociedad como la nuestra. Me encanta sentirlo y me encanta verlo de cerca, y no hay mejor manera para ello que tener una banda, ya que es ahí donde te encuentras a toda esa gente, a toda esa especie de outsiders;y cuantas más bandas, más metido estás en ese extraño submundo. Pero todavía siento que me falta otro grupo para conectar con la nueva generación, al menos tengo la curiosidad de saber qué está pasando en este sitio, en ese momento. Si estás en una banda vives las cosas en primera persona, no como si fueras un foráneo o un turista.

The Thunderbolts, grupo en el que militaste junto a Ross The boss, editó el disco homenaje a Thin Lizzy en 2005, un proyecto que no tenía nada que ver con la actual proliferación de bandas tributo...

-Desde el punto de vista del músico, es una putada lo que está pasando ahora... Parece que es la salida que te dejan después de haberte pasado media vida sentado en tu cama aprendiendo a tocar un instrumento, y es que de pronto te das cuenta de que estás fuera de la realidad musical, que es donde se encuentra el rock, en un extremo, ya que todo lo bueno parece que ocurrió ya... Pero en este caso no creo que la culpa sea del músico sino del público, en el sentido de que todo vale para cumplir ese deseo de que, como Platero se separó, vamos a tener un grupo de sus versiones. La verdad es que este es un tema para escribir un artículo bastante largo... Pero creo que el que sale perjudicado es el músico porque, al final, en lugar de desarrollar una forma personal de expresarse con su instrumento acaba copiando exactamente la de otro: y probablemente se pase diez o quince años copiando cómo toca otra persona. Eso, por un parte, y, por otra, las bandas tributo son el reflejo de en lo que se han convertido el rock, una especie de pastiche kitsch en el que Led Zeppelin y Guns &Roses serán eternamente recordados, pero ya no por ellos, sino por las bandas tributo que hacen sus canciones y se disfrazan de ellos. Repito, pobrecitos músicos que tienen que llegar a hacer eso.

Usando a los Platero que citabas, ¿quiere decir que hay poco rock and roll?

-Sí, yo creo que sí. Es algo que no interesa que cunda en las nuevas generaciones;y menos mal que hubo un baby boom y que todavía sigue habiendo un montón de gente, entre 30 y 45 años, con ganas de salir a conciertos. Yo no sé si se es consciente, pero ahora tenemos el público más envejecido de la historia del rock and roll. Antes, con esa edad, estaban escuchando jazz, bossa o música de ascensor... Sin embargo, por lo que sea, aquella fue una generación que sigue sin encajarse, que se ha quedado en medio como una especie de isla, como una burbuja con generaciones por encima que sí se han ubicado y colocado de una forma más complaciente con el funcionamiento de la sociedad;pero lo más cachondo es que las generaciones que vienen por abajo, también lo han hecho. Ahí en medio se ha quedado una gente que sigue yendo a los conciertos a gritar, beber y sudar la camiseta, a revivir en cierto modo el espíritu primitivo de las fiestas dionisíacas en una sala oscura y cerrada;pero es que esto ya no lo hace un tío de 18 años, lo hace uno de 38: es increíble, quién nos lo iba a decir... Supongo que cada cierto tiempo suceden este tipo de anomalías inexplicables. En resumen, hay muy poco rock and roll porque no hay generaciones nuevas que estén dándolo realmente, por lo menos a la altura y al nivel que esta gente de la burbuja lo vive o lo demanda.


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