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Las contundentes victorias de Sanders y Trump llenan el camino de incertidumbre

Hillary Clinton sufre en New Hampshire una derrota tan anunciada como lo era el triunfo del magnate republicano

Jueves, 11 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:14h

Bernie Sanders, puño en alto, saluda a sus seguidores.

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Bernie Sanders, puño en alto, saluda a sus seguidores.

La segunda ronda de primarias norteamericanas se saldó con dos vencedores claros, el republicano Donald Trump y el demócrata Bernie Sanders, pero ninguno tiene por ahora garantía de representar a su partido en las elecciones de noviembre.

Hillary Clinton sufrió algo así como una derrota anunciada al quedar un 22% por debajo de su rival, que se impuso en todos los diferentes grupos demográficos del estado de New Hampshire, con la única excepción del grupo de mayores de 65 años. Aunque Sanders tenía la ventaja de jugar en casa porque proviene del vecino estado de Vermont, que haya arrasado entre jóvenes, mujeres, obreros, profesionales, ricos y pobres es una señal inquietante para la campaña de la ex primera dama.

El discurso de Clinton al conocerse los resultados parecía más bien una celebración que el reconocimiento de un fracaso, algo explicable no solo por estrategia electoral, sino porque Sanders tiene un atractivo dudoso fuera de la región de Nueva Inglaterra, o incluso en su estado natal de Nueva York, donde Clinton fue senadora.

Es preocupante para el Partido Demócrata, pues si la personalidad de Clinton se demuestra poco atrayente, la sinceridad y buena fe de Sanders probablemente no bastarán para compensar el escaso eco que un mensaje socialista tiene entre los norteamericanos.

Donald Trump celebró también una victoria anunciada, pues nunca estuvo en duda su gran ventaja indicada por las encuestas y nadie se le acercaba lo suficiente para hacerle sombra. A la hora de celebrar, todos pudimos ver que Trump es mejor ganador que perdedor: en vez de la fanfarronería y vulgaridad a que nos tiene acostumbrados, supo reconocer el talento de sus rivales y adoptó un tono ligeramente más conciliador. Pero Trump, igual que Sanders en el campo demócrata, tampoco tiene un pasaporte hacia la nominación de su partido: con el 35% del voto, tiene en el otro lado a cinco competidores que apelan al mismo sector del electorado. Entre ellos, suman el 57% de los votos republicanos y cuesta imaginar que mucho de sus seguidores se pasen al bando de Trump.

Es entre cuatro de estos candidatos donde se libra ahora la gran batalla: el gobernador de Iowa John Kasich, quien quedó en segundo lugar con el 15%;el senador de Texas Ted Cruz quien, después de haber ganado en Iowa, le pisaba los talones a Kasich con el 12%;el ex gobernador de Florida Jeb Bush quien consiguió reanimar su campaña moribunda al obtener el 11% ;y el senador de Florida Marco Rubio, quien había llegado a New Hampshire como gran favorito y se fue pidiendo perdón a sus seguidores por haber fracasado en el debate electoral con poco más del 10%.

En cuanto al gobernador de New Jersey Chris Christie, ha tirado la toalla tras haber quedado con poco más del 7%.

Al analizar estos resultados, llama la atención el buen resultado conseguido por Cruz al quedar en tercer lugar a pesar de que no estaba absolutamente en terreno amigo. Cruz parece beneficiarse de las nuevas técnicas demoscópicas que dirigen a su equipo hacia personas que podrían ser favorables a su mensaje y encuentra votos ocultos a los que dedican gran esfuerzo para llevarlos a las urnas.Rubio, en cambio, fue la gran decepción al caer en la trampa que le lanzó en el debate republicano el gobernador Christie, quien le acusaba de inexperto y de actuar como un robot, a lo cual Rubio contestó repitiendo cuatro veces consecutivas el mismo latiguillo.

El llamado establishment republicano, un concepto vago que más o menos indica la mayoría del voto, favorece en general a gobernadores sobre senadores, pero hasta ahora ni Kasich, ni Bush ni Christie habían conseguido levantar cabeza y los dos senadores Cruz y Rubio iban por delante.

Es algo que podría empezar a cambiar si Kasich consigue capitalizar en el impulso ganado en New Hampshire, pero la próxima campaña en Carolina del Sur no es el terreno más favorable para él: Rubio tiene grandes posibilidades de rehacerse con el apoyo de legisladores influyentes, Cruz puede tener muchos seguidores en un estado donde resuenan sus sermones fundamentalistas y Bush, por su historial positivo en Florida, puede también conseguir un buen apoyo.

La mejor esperanza para Trump es que la batalla entre los cuatro candidatos que le siguen continúe durante mucho tiempo y le permita irse afianzando. Cuanto antes pueda consolidarse el voto republicano anti-Trump pueda consolidarse en torno a un solo personaje, menos opciones tendrá el millonario neoyorkino.

A medida que la campaña progresa, quien aparece como gran perdedor son los medios informativos que han dominado las campañas y se ha beneficiado de las enormes sumas destinadas a publicidad. Trump los ha sustituido con éxito mediante tweets, Cruz con modelos informáticos que le orientan a un contacto directo con los votantes y Sanders ha demostrado que los millones de Hillary son incapaces de imponerse a un mensaje sincero y directo. En realidad, tan solo continúan con la estrategia que el Obama ya utilizó con la informática para un contacto directo con el público en su campaña y en sus años en la Casa Blanca.


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