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Donostia aguanta el temporal con daños en bienes públicos y en locales de La Concha

La ciudad se declara en “estado de emergencia” para repara los destrozos cuanto antes

Alicia Zulueta Gorka Estrada - Miércoles, 10 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:14h

Varios de los puentes quedaron dañados, pues el nivel del mar no dejaba apenas margen en los ojos bajo las pasarelas.

Varios de los puentes quedaron dañados, pues el nivel del mar no dejaba apenas margen en los ojos bajo las pasarelas.

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Varios de los puentes quedaron dañados, pues el nivel del mar no dejaba apenas margen en los ojos bajo las pasarelas.La calle 31 de Agosto permaneció cortada y controlada por operarios.

donostia- Donostia fue azotada ayer de madrugada por las olas del temporal instalado estos días en el mar Cantábrico. El oleaje, cuya media de altura se situó en los 9,2 metros, causó diversos daños concentrados en bienes públicos, y que fueron “menos cuantiosos” que hace dos años. Afortunadamente, no hubo que lamentar ninguna víctima ni daños personales, porque las medidas de seguridad “han funcionado”, según destacaron ayer fuentes del Ayuntamiento de Donostia. No obstante, la ciudad se encuentra en situación de “emergencia” para poder reparar los desperfectos “lo antes posible”.

Dotaciones de Bomberos, Ertzain-tza, Guardia Municipal y ambulancias hicieron guardia durante toda la noche y en especial en el momento de la pleamar, a las 5.00 horas. Previamente, se cerró el tránsito de vehículos y personas en las zonas críticas entre las 3.00 y las 8.00 horas, como por ejemplo en el puente de la Zurriola, el de María Cristina, y en las calles 31 de Agosto, Aldamar, Soraluze y la plaza Zuloaga -donde se encuentra el Museo San Telmo-.

La alarma roja declarada no amedrentó a los curiosos, que se acercaron lo más posible al Paseo Nuevo por distintas calles de la Parte Vieja para observar la fuerza del mar. Antes de la pleamar, una treintena de personas ya apuntaba sus móviles hacia las olas, que brotaban por encima de los puentes y hacían saltar varias alcantarillas cercanas. Coincidieron personas que iban simplemente por el espectáculo y trabajadores que habían finalizado su jornada laboral, con vecinos preocupados por sus viviendas y dueños de negocios situados en las calles con más probabilidades de inundarse.

una gran olaUna serie de grandes olas arremetió contra el Paseo Nuevo entre las 4.15 y las 4.45 horas, encabezada por una ola enorme que penetró por la plaza Zuloaga y, como un río, descendió por la calle San Juan hasta llegar a 31 de Agosto, llevándose por delante a un bombero, que no resultó herido. La fuerza del agua destrozó el colector que se instaló el año pasado en el garaje de la esquina de la calle San Juan, haciendo que penetrase y superase el metro de altura en la planta -2. Por suerte, los vecinos que poseían vehículos en dicho aparcamiento fueron avisados a las 3.00 horas por el portero y pudieron desplazar sus coches y motos hasta la primera planta a tiempo. A las 5.00 horas, los bomberos ya habían comenzado las labores de achique gracias a una bomba.

En esa misma fachada, en el portal 14, un ascensor para minusválidos, que había sido recientemente instalado, quedó estropeado al entrar en contacto con el agua. Asimismo, esa gran ola se abrió paso también por la antigua puerta del aire acondicionado del Museo de San Telmo, y alcanzó el almacén, además de parte de la Sociedad Fotográfica, causando diversos daños. La gerente de los cines Príncipe se acercó de madrugada a comprobar si el negocio había sufrido desperfectos, pues la salida de emergencia desemboca en la calle Aldamar. La tensión se fue disipando a medida que se alejaba la hora de la pleamar, y al constatar que las olas no impactaron como en el temporal de 2014.

piedras y bancos arrancadosLas calles Aldamar y Soraluze recibían agua continuamente, aunque los portales, las tiendas y los escaparates estaban debidamente protegidos con trozos de madera en las partes cercanas al suelo. También estaban bien resguardados los locales de la calle 31 de Agosto, que según fuentes del Ayuntamiento, “no han sufrido graves daños”. En este sentido, unos ocho operarios de limpieza se mantuvieron en alerta para levantar las tapas de las arquetas y evitar que el agua se estancara.

En el asfalto de la zona se podían observar grandes rocas arrastradas desde el Paseo Nuevo, y hasta cinco bancos arrancados del lugar y empotrados en una esquina. Basura, tapas de alcantarillas, algas y maderas podían aparecer en cualquier rincón. El mar atacó con tanta fuerza al Paseo Nuevo que se tragó cerca de 30 metros de barandilla y 15 de murete de piedra, además de desestabilizar una superficie de 18 metros cuadrados.

Los bajos de la playa de la Zurriola se inundaron, y del espigón, que fue reforzado tras el temporal de 2014, se desprendieron una decena de bloques de hormigón. Además, las escaleras de acceso a la playa y las calles colindantes quedaron cubiertas de arena. Y en el paseo Peña Ganchegui, en Mompás, el vallado apareció roto.

También en el paseo de La Concha desaparecieron varios metros de su emblemática barandilla en la zona de los relojes. Los locales a pie de playa fueron los más castigados a causa de otra gran ola: los gimnasios Hegalak, Club Atlético San Sebastián y la Perla;las discotecas Bataplán y Rotonda -que llevaba varios meses cerrada-, Eguzki, la Caseta de la Reina, etc. También la pasarela y la terraza del Náutico quedaron destrozadas, así como la pasarela de acceso a la discoteca Gu. En Ondarreta, el nivel del mar era tan alto que alcanzó las instalaciones del Club de Tenis y el restaurante Branka. El paseo marítimo quedó anegado y cubierto de arena, al igual que el paseo Chillida. El vallado del Peine del Viento resultó destrozado.

Durante la pleamar, apenas podía verse el ojo de ninguno de los puentes, y el agua desbordaba por los muros del río. El temporal provocó daños en el de María Cristina, al llevarse una sección de la barandilla y un foco y provocar grietas, y el de Lehendakari Agirre, donde se averió el alumbrado público y se levantó el pavimento de madera. Como daño colateral de la subida de la marea, la trasera de Txomin-Enea se desbordó por una salida puntual del río, que también inundó la rotonda de Urkirolak.

Esta radiografía de desperfectos fue elaborada por la Mesa Técnica de Seguimiento, que se reunió a las 6.00 horas para llevar a cabo una primera valoración. A la espera de un examen más exhaustivo, el Gobierno municipal decretó ayer por la mañana “el estado de emergencia” para poder repararlos lo antes posible. Tras visitar varios de los locales afectados de La Concha, Eneko Goia, alcalde de Donostia, calificó los daños como de “cierta consideración”, pero se mostró satisfecho con las medidas adoptadas.


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