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No saben envejecer

Por Iosu Perales - Miércoles, 10 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:14h

Felipe González, Alfonso Guerra, Joaquín Leguina, José Luis Corcuera, capitanean un grupo de veteranos del partido socialista que no están sabiendo envejecer. En lugar de asumir que la hora política que vivimos debe serlo de hombres y mujeres de otra generación, pretenden ser ellos quienes determinen lo que Pedro Sánchez y su equipo deben hacer. Por si fuera, poco su inquina a Podemos invita a pensar en un ataque desatado de envidia a lo que representa un grupo de jóvenes atrevidos, empeñados en la transformación social y en la regeneración democrática.

Respecto de lo primero, ese afán por tutelar al PSOE empujándole hacia la derecha, a un pacto con un partido imputado, contenedor de mafias organizadas en su seno, sólo puede explicarse desde su propia conversión en personas ya alejadas de los ideales de juventud, más preocupados en la continuidad de un régimen en el que han crecido sus prebendas y se han acostumbrado a cruzar puertas giratorias. Simplemente les ha ido bien con un país que representa dos países: el de los de abajo desangrado por el desempleo y los recortes, y el de los de arriba en el que ellos también están ubicados, y que está formado por burbujas de privilegiados, de aprovechados y de saqueadores de dineros públicos.

En cuanto a lo segundo, creo que estos veteranos mal envejecidos, no pueden soportar verse en un espejo que les rebota la imagen de su propio declive moral. Ese espejo es Podemos. Ellos que en un tiempo se comían el mundo no soportan verse señalados por jóvenes que proponen programas de los que ellos, los veteranos, han abjurado. No quieren pasar por la penitencia de que una vez en el gobierno, estos jóvenes, unidos a otros jóvenes socialistas, orienten la política estatal en una dirección opuesta a sus intereses declaradamente elitistas, contrarios al socialismo que un día dijeron defender. Podemos pone en alerta las malas conciencias de unos veteranos que hace tiempo abandonaron el ideal de cambiar el mundo. Y eso no les gusta. No lo soportan.

La verdad es que la cruzada de los veteranos socialistas es patética. Alguno va de plató en plató anunciando la apocalipsis que supondría un gobierno de izquierda, y en su nombre y el de sus camaradas va proclamando las bondades de un pacto con un partido que vive una metástasis de corrupción. Imagino a muchos ugetistas alucinando ante este testigo de Jehová que anuncia el fin del mundo.

Una conjura como la que protagonizan estos veteranos no la habíamos visto en todos los años del régimen del 78. Defienden lo mismo aun cuando son casos que caben separar. En su pasado socialista algunas cosas hicieron bien e incluso muy bien. Otras que hicieron mal son las que les preocupan. Puedo pensar que Felipe González no quiere correr el riesgo de que su pasado como señor X se reabra. Pero dejemos los asuntos personales. Creo que lo significativo es que la reacción organizada de estos veteranos representa de alguna manera los estertores de una época que se acaba.

Cambio de época con lo que significa de sustitución de paradigmas políticos, de nuevos conceptos e innovación del lenguaje. Pero sobre todo, cambio de época también en las percepciones de la ciudadanía acerca de las prácticas políticas que la han llevado de un lado a mayor desafección y del otro a un voto crítico. Frente a este cambio las resistencias de los veteranos socialistas no tienen recorrido. Su tiempo ha pasado. Son personas más jóvenes con menos peso del pasado las llamadas a interpretar este nuevo tiempo.

De ninguna manera quiero decir que las mujeres y hombres veteranos no tengan un lugar en la política. Lo tienen. Pero de la misma manera creo que, sobre todo aquellos que han tenido ya responsabilidades políticas y las han ejercido, deben saber qué lugar ocupan en el mundo a cada momento. Está muy bien que aconsejen, que den opiniones, que escriban, que compartan experiencias, pero está fuera de lugar pretender seguir mandando y mucho menos conspirando para imponer su voluntad en un partido que tiene sus propias estructuras en las que debatir y tomar decisiones.

Si pudieran oírme les diría a estos veteranos: no vivan tan irritados, eso produce ansiedad y stress. Créanme, el estado más próximo a la felicidad es el de la serenidad. Disfruten de una jubilación serena sabiendo cuál es su lugar en el mundo.


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