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Aztertuz

...y la paz mundial

Es difícil desmarcarse de las buenas intenciones que destila el documento del PSOE, pero más difícil aún es hallar en él la concreción de su aplicación

Iñaki González - Martes, 9 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:12h

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Hay que ser muy mala gente para no ver las buenas intenciones que animan el documento base de negociación que ha puesto Pedro Sánchez sobre la mesa. A ver quién es el guapo que se desmarca de la reducción del desempleo a la mitad, del respaldo al emprendizaje, de la dotación económica de las iniciativas en I+D+i, del sustento de las pensiones por vía presupuestaria o de la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores en términos de estabilidad, conciliación y solvencia económica. No digamos ya la lucha contra el fraude fiscal que, con el mínimo del 15% de sus beneficios que aporten a las arcas públicas las empresas vía Impuesto de Sociedades, debe de tener previsto el PSOE que compense el gasto público inherente a todas esas iniciativas públicas. Sin subir el IRPF ni los tipos de IVA porque no aparecen en las propuestas. Patrimonio y sucesiones, sí, que deben ser cosas de ricos;las clases medias y bajas no legamos a la siguiente generación.

No se puede ser hostil a semejantes enunciados. Y, a estas alturas, tampoco se puede poner uno picajoso reclamando una memoria económica adjunta. Aunque es precisamente eso lo que le va a reclamar Bruselas al que intente poner en práctica ese programa y afronte la renegociación de los objetivos de déficit que también sugiere el documento para eludir el rigor presupuestario. Es de suponer que, en la reforma constitucional que sólo se cita de pasada y al final del medio centenar de folios, desaparecerá también la prioridad de limitar el déficit que se introdujo de rondón por el pacto de Zapatero con Rajoy cuando la prima de riesgo -¿alguien se acuerda de ella? Sigue ahí- apretaba al Gobierno.

Es difícil sacarle punta a tanta buena voluntad sin parecer un aguafiestas. De hecho, a Pablo Iglesias le pareció el documento un calco de su propio programa, que es su modo de decir que también le ha ganado a Sánchez la partida de los contenidos de su iniciativa. Pero uno no puede sacudirse la sensación de que el documento tiene algo de candidata a Miss Universo cuando le piden un deseo y responde: “que se acabe el hambre... y la paz mundial”. Y le sigue una salva de aplausos.

Ocurre que el texto también contiene silencios. No avanza en el sentido y la profundidad de la reforma federal, que pasa de emblema a nota al pie. Ni en los sectores que deben propiciar la creación de empleo y en el modo en que el deseable cierre de las centrales nucleares de 40 años casa con el necesario abaratamiento del precio de la energía para que la economía sea competitiva, como reclama el acero vasco y también el español. Y no la busquen, no hay agenda vasca. Nada de encaje de la especificidad y el derecho propios. Eso lo dejó claro a modo de preámbulo el domingo Idoia Mendia definiendo qué camino no va a transitar, que es el de la bilateralidad. Olvidó confesar que la alternativa es la unilateralidad de las mayorías que no existen en Euskadi pero legislan desde fuera de ella.


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