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Tribuna abierta

10.000 niños

Ni uno más ni uno menos. De golpe nos desayunamos con que 10.000 infantes, se supone que niños y niñas, que han accedido a Europa buscando refugio, han desaparecido.

Por Kepa Landa - Martes, 9 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:12h

Un grupo de niños juegan en un campo de refugiados en la isla griega de Lesbos.

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Un grupo de niños juegan en un campo de refugiados en la isla griega de Lesbos.

Usando a los medios de comunicación como agitadores de masas, ahora se extiende una noticia que evidentemente trata de generar espanto y desasosiego en toda persona de bien. ¿Es cierto lo que nos cuentan? ¿A qué viene contarlo ahora? Porque la desaparición de menores alojados en centros de asilo no es una noticia nueva. Ya se viene hablando de ello desde hace meses. Y denota el descontrol y la falta de preocupación de las autoridades sobre esta cuestión y otras que tienen que ver con quienes buscan asilo, ayuda y refugio.

Resulta cuando menos curioso que, de repente, hayan desaparecido las noticias sobre los bombardeos que realizan Francia, Rusia y demás estados en territorio sirio. Alguien ha decidido que no es ya popular dar imágenes de las masacres que se están produciendo. Que no es conveniente repetir que se están cometiendo errores, como si pudiera hablarse así. Que están muriendo combatientes y no combatientes. Y que lo hacen por causa de las bombas que arrojan los aviones de unos estados que no han declarado formalmente la guerra a nadie.

Se va conduciendo a la opinión pública de una sensación a otra, a golpe de actualidad perfectamente orientada para justificar las iniciativas que han decidido tomar quienes se han atribuido la condición de jueces en el conflicto sirio.

Primero, fue la campaña de presentación del gobierno y gobernantes de Siria como una tiranía. Había que justificar una intervención militar de Estados Unidos y Europa en ese territorio. Se actuaba así para salvar a los sirios y sirias de sus gobernantes. Por supuesto, nadie preguntó si querían ser salvados, de quién y por quién.

Algo grave está ocurriendo en Europa. Y sus dirigentes políticos no están respondiendo a lo que se espera de ellos. Son muchas las voces que hablan de un desastre ya presente

Justificada la intervención, invasión y apoyo a quienes luchaban contra el gobierno de ese país, ocurrió que aquello no terminó pronto, no fue fácil, se enconó y se convirtió en un desastre, con miles de vidas perdidas en un enfrentamiento poliédrico entre fuerzas enfrentadas en un galimatías de difícil comprensión, incluso para los que allí sobreviven.

Lo que inicialmente era un paseo militar derivó en una huida de cientos de miles de personas que trataban de salvar sus vidas. Y, con lógica, se dirigieron hacia ese paraíso de la libertad que es Europa. Dónde si no y dónde mejor que en esas sociedades liberales, ricas y proclives a realizar buenas obras.

Así, el éxodo de refugiados tapó la guerra. Ahora, las imágenes eran de miles de personas pasando de Turquía a Grecia en el inicio de un camino hacia destinos situados a miles de kilómetros. Aquello permitió tener ocupada a la opinión pública durante mucho tiempo, pero también se les terminó yendo de las manos.

Los refugiados entraban en la vieja Europa y se toparon con lo más rancio que podían imaginarse. Fronteras de espino en Hungría, Eslovaquia, Serbia, Macedonia… Lo que primero fue anécdota y luego asombro se convirtió en un escándalo. Por varios motivos. Los estados orientales no se sometían a las directrices de los burócratas de Bruselas. Y los prebostes de Europa no tenían capacidad de imponer sus políticas. Habían construido una Europa para mercadear, para hacer negocio, y ahora la Unión aparecía como un nombre sin contenido.

Mientras miles de personas se arrastraban por Europa, mojadas, con frío, sin medios, acosadas por igual por maleantes y policías, los políticos del sistema se enzarzaron en un típico carrusel de reuniones y encuentros para no decidir nada y de ruedas de prensa para contar que no hacían nada.

Se va conduciendo a la opinión pública de una sensación a otra, a golpe de actualidad orientada para justificar las iniciativas que han decidido tomar quienes se atribuyen la condición de jueces en Siria

También había que terminar con aquello, pues la imagen de la política y los políticos que estaban dando era patética. Como para gastar el dinero que se gasta la sociedad en mantenerlos a todos ellos. Había que terminar con aquello y empezaron a aparecer las soluciones milagrosas.

Repartos de cuotas de cientos de miles de personas entre determinados estados. Amenazas a Grecia si no frenaba la sangría. Propuesta de comprar la actividad de control de Turquía para que cerrase su territorio. Todo valía con tal de terminar con la imagen de desunión, incapacidad y falta de la más elemental sensibilidad hacia el problema real, que ellos mismos habían ayudado a generar: una guerra de la que muchos tenían que huir y unos contendientes, especialmente ISIS, que ellos habían contribuido a fomentar y pretender usar.

Así llegó París y se agarraron al espanto que provocó. Aquello tenía que unir a todos y borrar cualquier otra cuestión, cualquier otro centro de interés. Pero el “¡Je suis Paris!” se agotó y las personas que huían de la muerte seguían llegando. Llegando y muriendo en la mar, sin que los estados de la Unión Europea pusieran medios para evitarlo. Nada más allá de llevar la contabilidad de los muertos.

Aquello no se podía sostener y, de golpe, la atención se centró en un pequeño cadáver en la playa. El mundo giraba en torno a una sola muerte, rodeada de otras miles de muertes que parecían no tener el mismo valor. Otra vez información y propaganda mezcladas, no sé con qué finalidad. O sí lo sé. O lo sospecho por lo menos.

Pero aquello tampoco se podía sostener en el infinito. Y las personas seguían llegando, los que llegaban. Y muriendo en el camino. Mientras tanto, ¿cuántas personas han sido recibidas formalmente como asiladas o refugiadas en Europa? Una broma macabra. Se habla de unos cientos. Cientos, frente a los cientos de miles que se iban a repartir y atender en todo el continente.

Se han cargado el sistema Schengen, que es posiblemente la más importante seña de identidad de la Unión Europea. Y se está empezando a escuchar que esta crisis ya no es puntual. Se oyen opiniones que cuestionan la continuidad de Europa como proyecto común.

Y ahora, en este contexto, han descubierto de nuevo a los niños. Dan tanto juego, mueven tantas emociones y conciencias... Salvo su mayor vulnerabilidad, nunca he comprendido la recurrente referencia a la infancia cuando de contar muertos se trata. Pero si la noticia ya de por sí suena a hueca, por sus números y por la forma de presentarla, habrá que preguntar sobre ella para que no se quede en manos de quienes usan la información como los magos la mano que desvía la atención.

Habrá que preguntar qué trato especial se les está dando a los niños y niñas que llegan solos a Europa, quién se hace cargo de ellos, qué medidas se adoptan, quién responde de su situación y quién responde de su desaparición.

Habrá que preguntar en qué sumidero han desaparecido el casi un millón de personas que ha llegado a Europa. Los cerca de 300.000 niños y niñas que se dice se cuentan entre los refugiados, los cerca de 25.000 que se dice llegaron a Europa el año 2015, ¿Dónde están?

Preocupantes son las mafias, lo que pueden sufrir los menores en sus manos. Pero, ¿qué hacen los estados para luchar contra ellas? Si el esfuerzo que las policías de Europa dedican a proteger a sus gobiernos, políticos, partidos, intereses económicos, se dedicase a proteger a la totalidad de la población, a terminar con la trata de mujeres, la violencia familiar, el tráfico de drogas y otras lacras, ¿tendrían estas mafias la capacidad para traficar tan impunemente como se nos quiere presentar, con niños y niñas que quieren vivir, huyen de la guerra y buscan asilo?

Algo grave está ocurriendo en Europa. Y sus dirigentes políticos no están respondiendo a lo que se espera de ellos. Son muchas las voces que hablan de un desastre ya presente. Que no nos desvíen la atención. Y menos jugando con las vidas de niñas y niños.


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