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De Iowa a Washington: ¿Quién y para qué?

Por Jon Azua - Lunes, 8 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:12h

De Iowa a Washington: ¿Quién y para qué?

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De Iowa a Washington: ¿Quién y para qué?

La carrera presidencial en Estados Unidos ha dado su primer paso firme con la tradicional celebración del mediático Caucus de Iowa celebrado este pasado lunes. Los dos principales partidos, republicano y demócrata, se sometían por primera vez en este nuevo curso a la votación y elección de delegados ante sus respectivas convenciones para la nominación de un candidato de entre las diferentes opciones que se ofrecen para ocupar la Casa Blanca en 2017.

En el complejo proceso electoral estadounidense, Iowa tiene el privilegio mediático y simbólico de ser el primer Estado que pone en marcha el sistema. Elige 74 delegados (30 republicanos y 44 demócratas) que representan el escaso 1% del voto delegado en los Estados Unidos. Desde el año 1972, su valor y acierto predictivo no ha sido excesivo (50% en el candidato republicano y 43% en el demócrata) si bien supone una primera señal que no solo orienta el apoyo (también financiero) hacia los ganadores;provoca alianzas que incorporan a los perdedores a las ofertas de los mejor situados y, por encima de todo, elimina a los perdedores y, por supuesto, pretende marcar tendencia.

En esta ocasión, Iowa ha dado el primer impulso republicano a Ted Cruz (según la mayoría de la prensa, el favorito conservador), por encima de Donald Trump (el temido por propios y extraños), y de Marco Rubio (el preferido del voto hispano). Todos ellos en torno a 24%-28% y 8/7 delegados cada uno. Y en el bando demócrata, un ligero triunfo (si bien casi empate técnico) de Hillary Clinton sobre el senador “socialista”, Bernie Sanders, con el 50% de votos y 22 y 21 delegados respectivamente. Clinton vence el miedo escénico de su derrota ante Obama en 2008 y Sanders se concentra y gana el apoyo joven. A partir de aquí, una rápida concentración de candidatos (a ajustarse según los resultados en los caucus de New Hampshire de mañana) y un aún intenso y largo recorrido hasta el próximo junio en que concluyan las primarias y se nomine a los dos candidatos, republicano y demócrata, para las elecciones de noviembre. En enero de 2017 habrá nuevo presidente en Washington. De esta forma, los estadounidenses habrán resuelto, en su mecánica democrática, el quién ha de dirigir y liderar su gobierno. Cosa relacionada pero no exacta es el para qué.

Esta descripción les lleva a demandar “una nueva estrategia para América”, soportada en un esfuerzo por reinventar su modelo, reconstruir sus infraestructuras, reentrenar a sus personas adecuando su formación a los nuevos retos de una economía en cambio (manufactura, digitalización, innovación social, territorio inteligente) y redefinir y reforzar el estado de bienestar. “Hacia una nueva América”. El citado informe sostiene que, diferencias al margen, tanto republicanos como demócratas, gobierno como empresarios… comparten preocupaciones, diagnóstico y futuro incluyente y, de una u otra forma, compromisos en este discurso para una agenda innovadora.

Ahora bien, ¿cómo y por dónde empezar? Niels Christiansen, exdirector del Grupo Privado Nestlé, al frente durante 20 años de las áreas de responsabilidad social corporativa y de asuntos Gobierno-Empresa y profesor de Salud Pública en la Universidad de Harvard, desde su consultora en creación de valor, irrumpe con un artículo en el que se pregunta si la RSC (Responsabilidad Social Corporativa) ha muerto y si la intensidad de las nuevas iniciativas de progreso social, desarrollo incluyente y valor compartido empresa-sociedad pueden y deben hacer mucho más de lo que ya aportan en sus propias estrategias empresariales para asumir un protagonismo relevante en la reinvención de esta “Estrategia para América”. Y su respuesta pasa por sugerir una combinación de lo que él entiende como valores esenciales o “común denominador” de todos ellos en lo que lleva “la creación total de valor incluyente compartida” y que viene a incorporar una serie de elementos relevantes en toda agenda, de empresa y de gobierno. Básicamente pretende poner el acento en el Compliance (la regulación, la obligatoriedad del cumplimiento de normas y reglas del juego, el verdadero buen gobierno corporativo, la adecuación de las normas a la realidad del espacio tecnológico en las nuevas industrias de futuro y la erradicación de la corrupción);en la reinvención y revalorización de las instituciones, los gobiernos y partidos políticos, asociaciones patronales y sindicales, organizaciones sin ánimo de lucro y no gubernamentales, y del modelo de participación real de la sociedad en las decisiones que les afectan desde el doble compromiso con el derecho y la obligación, así como la transparencia y eficiencia;el crecimiento incluyente (económico, social y bienestar) en estrategias compartidas público-privadas;tras los objetivos últimos de las personas y su bienestar, de manera sostenible.

Todo un largo y ambicioso recorrido que parecería ser, en verdad, “lo común de lo diferente”, pilares sobre los que habría que establecer e implementar una nueva estrategia. Este sería el reto de esa “Nueva América”, inspiradora del para qué de la larga carrera por el quién, de Iowa hasta Washington.

En fin. Quizás ni Iowa ni Washington estén tan lejos como parece. Veremos las siguientes etapas (mañana New Hampshire), en un mes Madrid… Quién y para qué, binomio inseparable.

La pregunta es si la RSC ha muerto y si la intensidad de las nuevas iniciativas de progreso social, desarrollo incluyente y valor compartido empresa-sociedad pueden y deben hacer mucho más de lo que ya aportan


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