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Abdullah Balga marroquí residente en urretxu

“Me gustan la cultura, el clima y la naturaleza de Euskadi: es un paraíso y me siento libre”

Abdullah Balga vino por primera vez a Gipuzkoa hace ya casi 40 años. En la actualidad reside en Urretxu y en sus ratos libres juega al ajedrez con el Goierri

Asier Zaldua - Domingo, 7 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:16h

Abdullah Balga

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Abdullah Balga

urretxu- Balga nació en Tánger hace 59 años. Estudió Secundaria. Su familia vino a Euskadi en 1973. A él no le dejaron salir porque era estudiante y había habido un revuelta de estudiantes y funcionarios. Volvió de Ceuta a Tánger y unos meses después consiguió reunirse con su familia, en Donostia. Le gustó el modo de vida de aquí y, al poco, se emancipó. Su primer trabajo fue como marinero y ha conocido muchos oficios.

¿Qué tal le fue como marinero?

-Mi primer embarque fue en un barco pesquero. Fuimos desde Pasaia hasta cerca de Islandia. Como primera experiencia, fue muy dura: 40 días de viaje, frío, lloviendo... Pero la tripulación era muy buena. Gente mayor, buena gente, dispuesta a enseñar a los jóvenes. Además, había otro joven y nos apoyamos mutuamente. Después, me embarqué en un mercante. En aquellos tiempos el puerto de Pasaia estaba abierto y se podía uno subir a los barcos a pedir trabajo. También trabajé en un mercante danés.

¿Trabajó durante muchos años como marinero?

-Mi padre había trabajado en el puerto de Tánger y me ofrecieron su plaza. Así, en 1975 volví a Marruecos. Era un trabajo un poco libre y mientras estaba allí me embarqué en varios barcos y trabajé también en las lanchas que hacían la ruta de Algeciras, Gibraltar y Tánger. Me gustaba viajar y ver mundo. Anduve así hasta 2007. Ese año, mi sobrino me ofreció un trabajo aquí y decidí venir. Tenía ganas de probar algo nuevo. Además, en el puerto de Tánger entró una nueva empresa y las condiciones de trabajo empeoraron.

¿A qué se ha dedicado desde entonces?

-Me han tocado los años de la crisis. He trabajado en el metal, en labores de mantenimiento, en la hostelería, en la limpieza industrial, para el Ayuntamiento de Zumarraga... Ahora estoy en paro y estoy haciendo un curso de soldadura.

Vino por primera vez a Euskadi hace ya 40 años. En aquellos tiempos habría muy pocos marroquíes en Donostia.

-Sí, pero nunca me he sentido extranjero. Nunca me han hecho sentirme raro. Todos me han tratado como a un ser humano y yo trato igual a la gente. Todo el mundo me respeta y yo respeto a todo el mundo. Me gustan mucho la cultura, el clima y la naturaleza de Euskadi: es un paraíso y me siento libre.

Le gusta jugar al ajedrez.

-Mis aficiones son el ajedrez y la pesca con caña. Suelo ir a pescar a Zumaia, Hondarribia, Pasaia... En cuanto al ajedrez, aprendí a jugar en Padua, Italia. Fui a visitar a dos amigos que estaban estudiando en la Universidad. En el piso, en sus horas libres, jugaban al ajedrez. Les pregunté a qué estaban jugando, me enseñaron los movimientos y jugué mi primera partida. En Marruecos hay buenos jugadores. Un campeón de África era de Tánger. Aquí jugaba con mi sobrino y su primo y Jon Alvarez, del Goierri, nos vio jugar en el bar Fox. Nos ofreció jugar con el Goierri, pero mi sobrino y su primo no tienen tiempo. Estoy muy a gusto en el Goierri. Son buena gente.

Ha dicho que siempre se ha sentido respetado. ¿Ha notado que los atentados del Estado Islámico hayan cambiado la conducta de la gente hacia con los árabes?

-No. Ni mi familia ni yo hemos notado nada raro. Los que están cometiendo esos atentados no son seres humanos y seguro que alguna mano oculta les está manejando. Hay gente a la que le interesa todo esto, políticamente y económicamente. Todo esto ha surgido cuando el mundo árabe ha pedido democracia. La crisis también responde a los intereses de unos pocos.

¿Le da rabia que los atentados se hagan en nombre del islam?

-Por supuesto. Yo crecí con cristianos y judíos como vecinos. Todos nos respetábamos. No hay que mirar al color o la religión de la persona.

¿Cómo ve el futuro?

-Tengo dos hijos aquí y una hija en Fráncfort y otra en Tánger. Espero conseguir un puesto de trabajo y poder quedarme aquí. Me he pasado toda la vida trabajando y ahora, sin trabajo, me siento muerto. Estoy dispuesto a coger cualquier trabajo. No es momento de elegir. Euskadi me gusta mucho: tiene monte, tiene mar y tiene agua. Aunque cada vez llueve menos. Cuando vine por primera vez, llovía hasta en agosto. El cambio climático no va a traer nada bueno.


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