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José Ignacio Espel Presidente del aquarium

“Mi modelo de museo oceanográfico es precisamente este”

José Antonio Espel (Azpeitia, 1943) ha cogido el timón del Aquarium, tras haber dedicado toda su vida a la mar. Anuncia que seguirá por las mismas aguas que Vicente Zaragüeta.

Carolina Alonso Ruben Plaza - Domingo, 7 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:16h

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donostia- En su curriculum figuran la marina mercante, la pesca, la dirección del Puerto de Pasajes, la viceconsejería de Pesca del Gobierno Vasco y la enseñanza en la Escuela Náutica de Pasaia. Tras jubilarse, acepta el reto de capitanear el centenario Museo Oceanográfico de Gipuzkoa.

Acaba de ser designado presidente de la Sociedad Oceanográfica de Gipuzkoa. ¿Cómo termina una persona de Azpeitia en la mar?

-Que yo conozca, hay dos marinos mercantes más que son de Azpeitia, aunque yo vine a vivir a Donostia con seis años. Terminé el bachiller, tenía una compañero de aquí de Donostia que quería hacer lo mismo que yo, fuimos a la Escuela de Náutica de Bilbao y nos hicimos marinos. Luego me pasé a la pesca, en Pasaia, porque los que veníamos de la marina mercante convalidábamos casi todo. Llevo toda la vida vinculado al mundo de la mar, pero estuve navegando diez años.

¿Ya fue suficiente?

-Sí. Entonces la vida del marino era de otro tipo. Ahora tienen tres meses o cuatro y descansan mes y medio mínimo. Antes era un año de navegación enterito y descansabas un mes. Había quien se cascaba dos años seguidos navegando. Fui en petroleros, barcos de carga y luego me fui a la pesca, a la empresa Pysbe. Cuando dejé de navegar, me quedé de jefe de flota en la Pysbe y antes de que desapareciese como empresa había sacado oposiciones en la Escuela de Náutica y estaba de profesor en Pasaia.

¿Por qué vino su familia a Donostia?

-Mi aita se casó con mi madre, que era de Logroño. Por cierto, ella aprendió euskera. En Azpeitia no se hablaba otra cosa. Decidieron venir a Donostia, supongo que porque les gustaba, aunque mantuvieron la casa en Azpeitia. Cuando tenía cinco años murió mi aita.

Ha aceptado el reto de presidir el Aquarium, aunque podría estar tranquilamente jubilado.

-Bueno, ya lo estoy. Es la continuación de mi vida marítima. La que tiene la responsabilidad es la gerente Esther Irigaray;es la que lleva el peso de la sociedad, aunque yo sea el presidente de la fundación. Además, en honor a Vicente Zaragüeta, recientemente fallecido, había que asumirlo.

¿Era amigo de Vicente Zaragüeta?

-Sí, muchísimo. Para mí era como un padre. Tenía 89 años y yo tengo 72. Le apreciaba mucho.

¿Le están preparando algún homenaje?

-Supongo que se le harán muchos. Aquí también le estamos preparando algo. Se va a sacar un libro con sus discursos que saldrá hacia abril o mayo.

¿Lleva muchos años de socio del Aquarium?

-Sí, 40, y diez en la fundación.

¿Hay algo que dejó a medias Vicente Zaragüeta y que quiere terminar?

- Lo dejó todo hecho. Fue una persona irrepetible. Lo que tenemos que hacer es seguir sus aguas. Había un proyecto de hacer un tanque para túnidos, pero está todo congelado por las posibilidades económicas. Hay alguno en Japón y en Monterrey. Allí hay atunes de 200 kilos, que están en cautividad. No sé si volverán locos... pero allá están.

¿Dónde se preveía hacer el tanque para los atunes?

-Continuando bajo el Paseo Nuevo hacia donde está la escultura de Oteiza. Es un proyecto costoso y quizás tenemos que ir a otra cosa. A lo mejor tenemos que dar un giro porque la investigación avanza a gran velocidad y en otros lugares también lo están haciendo y queremos ser novedosos y punteros. Por ahora, es un asunto congelado porque, además, tiene un presupuesto de 50 millones de euros y esta sociedad no puede meterse en ese gasto.

¿De qué vive el Aquarium?

-De nuestras taquillas. Son 33 trabajadores que viven de lo que paga la gente. Parte de ellos, científicos. Aunque es verdad que para hacer la ampliación hemos recibido ayudas del Ayuntamiento, de la Diputación y del Gobierno Vasco y les estamos muy agradecidos como sociedad.

¿Se notó un incremento de visitas con la ampliación?

-Sí, llegamos a tener más de 440.000 visitantes y ahora tenemos unos 330.000 al año. Vienen no solo escolares vascos, sino también de otras provincias cercanas y muchos franceses, entre otros. Aquí vienen más escolares, en números absolutos, que al Zoo Aquarium de Madrid, con la diferencia de población que existe. El Guggenheim es el primer museo vasco en número de visitantes y nosotros, el segundo.

¿Este museo quiere seguir ampliando el número de visitantes o ya está en sus topes?

-Queremos seguir creciendo. El incremento del turismo en Euskadi, además, nos está favoreciendo. Pero sobre todo, queremos mantener el espíritu inicial de la Sociedad Oceanográfica. Hay que recordar que el primer edificio se levantó en 1928, aunque la sociedad empezó en 1908. Se hizo a imagen del museo de Mónaco. En aquella época el abuelo de Vicente Zaragüeta, Vicente Laffitte, era presidente de la Diputación y fue uno de sus impulsores.

¿Qué objetivos tiene el Aquarium?

-Seguir con el área de investigación y con el área de formación, como el máster en biología pesquera, que ha cumplido diez años, y del que estamos muy orgullosos, aunque me ponga méritos ajenos porque lo impulsó Zaragüeta. Además de la actividad investigadora y docente, también mantendremos el aspecto lúdico y expositivo: enseñar lo que ha sido la historia marítima de este país. Las exposiciones también son muy importantes. En este momento, por ejemplo, hay una sobre los nudibranquios, unos gasterópodos de dos o tres centímetros, como babosas, que no se sabía que existían aquí mismo. Las fotografías submarinas son preciosas y están hechas entre Orio y Hondarribia. Las ha hecho Luis Mari Naya, que ha sido presidente del Náutico y es un gran aficionado al buceo.

¿Qué novedades tienen previsto implantar?

-Como todo evoluciona a mucha velocidad, vamos a tener la opción de hacer muchas cosas nuevas, pero no quiero lanzarme y decir que vamos a hacer tal o cual. El avance y la aplicación de nuevas tecnologías las plantearemos a la fundación, que decidirá. De todas maneras, ya estamos poniendo en marcha, por ejemplo, una aplicación para móvil que servirá para interactuar con todo lo que hay en el museo. Lo nuevo que salga habrá que ir adaptándolo al Aquarium. Es como en la navegación. Antes el problema de un barco era situarse y ahora van con el GPS y ya están situados. Los barcos llegarán a guiarse solos. Los aviones ya pueden aterrizar solos: llevan el piloto por razones de seguridad, pero pueden hacerlo. Un airbus, en teoría, no necesita personas.

¿Los barcos pueden navegar solos?

-Se están haciendo pruebas. Hay unos programas comunitarios que permiten que los barcos puedan navegar solos y que, cuando lleguen a puerto, los coja una tripulación y los meta dentro. Pero los efectos de la meteorología en un barco son mucho más fuertes que en un avión. Este al final va en una corriente de aire y es más estable. El barco puede coger mal tiempo y le afecta más.

¿Como lo que ha sucedido con el barco ‘Modern Express’?

-Eso es bastante normal. Ha ido a Bilbao porque es el puerto refugio más próximo. Que se mueva la carga en un barco no es nada extraño. Probablemente habrán llamado a expertos holandeses. La madera es un cargamento que produce muchos movimientos, muchos barcos se han perdido transportando madera. Es un producto que no pesa mucho y hay que llevarlo en la cubierta. Lo que pasa es que ahora todo se televisa y se ven los percances marítimos, aunque siempre han existido. Los hemos conocido todos. Y todos hemos perdidos amigos en la mar.

¿Hay algún museo oceanográfico del mundo que sea su modelo?

-Mi modelo es este. Un museo oceanográfico que tiene la faceta de enseñar la cultura marítima del país, con modelistas muy buenos, que mantiene la historia marítima y pesquera del País Vasco. Luego tiene su faceta de exhibición, con sus acuarios, y una tercera, que es la investigación. Aquí colaboramos con Azti y con el Instituto Español de Oceanografía. Tenemos la gran ventaja de que tenemos una pileta. Azti, por ejemplo, no se puede permitir tener un acuario solo para comprobar si la anchoa se estresa o no se estresa en cautividad, como analizó una investigación nuestra.


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