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José María Setién obispo emérito de donostia

“La Iglesia tiene que hablar de la dignidad humana e implicarse con los más desatendidos”

Dice que detrás del hábito hay una persona “fiel” que de joven jugaba “bien al fútbol”. A punto de cumplir 88 años, José María Setién vive alejado del foco mediático que marcó su obispado. Acaban de cumplirse 16 años desde su renuncia pero sigue la actualidad de cerca

Mikel Mujika Ruben Plaza - Domingo, 7 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:15h

José María Setién

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José María Setién

donostia- ¿Cómo ha vivido los cambios que se han producido en estos años y en qué se le va el tiempo?

-Pues no me he aburrido. He tratado de seguir viviendo la preocupación de lo que la Iglesia aporta a la sociedad. Eso me ha ocupado y ha impedido que en estos 16 años, ya jubilado, tenga la sensación de que estoy perdiendo el tiempo.

Habrá quien piense que a su edad una persona debería descansar, pero usted aún tiene su propia agenda.

-La gente no tiene por qué entrar en la vida personal de nadie para decirle que ya ha terminado lo que tenía que aportar a la sociedad. Entiendo que una cosa es la responsabilidad pública como miembro de una institución y otra es que una persona, aún cuando no actúe en nombre de una institución, pueda tratar de hacer lo que piensa que es útil para la sociedad.

Desde luego no creo que eche de menos las críticas que recibió por su visión del problema vasco.

-Yo he tratado de responder a las situaciones sociales y económicas que estamos viviendo y la influencia que puedan tener en la aceptación del evangelio. Evidentemente, soy consciente de que mi actuación ha sido limitada. Ahora bien, si me preguntaras más directamente, cuál ha sido la barbaridad mayor que has hecho cuando eras obispo, te diría, con toda humildad, que no creo que cometiera ninguna.

¿Nunca le afectaron las críticas?

-Yo no me preocupaba de lo que decía la prensa, sino de lo que decía mi conciencia. Si me preguntas: ¿Hiciste algo seriamente contrario a lo que tu conciencia te decía? Pues no. ¿Quizás no hice todo lo que debería haber hecho? Eso lo acepto.

Los tiempos cambian y las preocupaciones cambian. ¿Cuál es su principal inquietud a día de hoy?

-Yo creo que es una preocupación que no es la mía, sino colectiva. Comparto las dificultades para el desarrollo de una economía que realmente sea suficiente y justa para satisfacer las necesidades de la población. También es un problema el modo de utilizar el trabajo, en función de los intereses del bien común, más allá de los intereses puramente económicos y de los dueños del capital. Es bastante fácil descubrir dónde están las deficiencias de lo político y lo económico desde la perspectiva de una economía puesta al servicio de la sociedad.

¿Cree que la Iglesia está respondiendo como se espera de ella?

La Iglesia no debe ser indiferente a los problemas sociales y particularmente a la pobreza. Pero no es una institución que tenga los mismos fines que puede tener la autoridad civil. ¿Tiene que actuar la Iglesia lo mismo que las instituciones civiles? Para ello hay una política, unos sindicatos...;hay muchas cuestiones que no son competencia de la Iglesia.

¿Qué se le puede pedir a la Iglesia?

-Lo que tiene que hacer es hablar de la dignidad de la persona humana;que no sea meramente de palabra. E implicarse en las situaciones de las personas que están particularmente desatendidas. Esa sí es una exigencia de los miembros de la comunidad. Evidentemente, la Iglesia predica eso y tiene la obligación de hacer algo, pero lo que haga no tiene por qué ser una suplencia del Estado.

Más en concreto, la crisis de los refugiados marca la actualidad. ¿Cómo interpreta algunas declaraciones controvertidas por parte de algunos obispos?

-El hecho de que algunos miembros de la Iglesia u obispos hagamos cosas que no están bien hechas, no autoriza a decir, sin más, que la Iglesia actúe mal.

¿Qué papel cree que tiene que jugar Europa con los refugiados?

-Tenemos que ser solidarios. No podemos ser indiferentes, pero cada Estado tiene que ver lo que puede hacer por el bien común. Para eso tienen sus propias competencias y algunos son más sensibles y otros menos.

Se dice que atravesamos una crisis de valores. ¿Comparte esa visión?

-Afortunadamente, creo que actualmente hay una mayor conciencia de que los valores tienen como base estar al servicio de la dignidad de la persona humana. Esa crisis existía hace poco pero la estamos superando.

¿Cómo ve usted los cambios que ha promovido el papa Francisco?

-No creo que se pueda hablar de cambios en el ámbito de la doctrina.

Sí parece más cercano a la gente...

-Eso es otra cosa. La doctrina que fundamenta el Papa relativa a las exigencias de los valores, la apoya en la dignidad de la persona humana, pero eso es de siempre. No es nuevo.

Pero ahora se visibiliza más.

-Vale. Es cierto que la forma de actuar, los gestos y el mensaje que transmite son nuevos;y en ese sentido el Papa está ofreciendo una manera más comprensible, más clara de entender lo que son los valores.

¿No cree que los pasos que ha dado con sus gestos han hecho avanzar a la Iglesia más que en muchos años?

-Evidentemente este Papa tiene el carisma de la popularidad y de la aproximación humana a los que sufren. Sí hay un estilo de ser Papa que es distinto, pero de ahí no se sigue que haya un cambio de doctrina.

¿Cuál es el papel que juega la fe en una sociedad cada vez más laica en la que muchos creyentes, además, no son practicantes?

Evidentemente, la praxis religiosa, incluso la de los católicos, es distinta de la que se daba hace 20 años. Hay un retroceso. La religión ha perdido influencia sociológica, es evidente. Es un problema complejo. Los sociólogos tendrán que decir qué es lo que hace que, aún en las relaciones familiares, ya no exista la transmisión de la doctrina de la práctica religiosa.

¿Qué ha hecho mal la Iglesia o qué debió hacer para frenar la pérdida?

-Creo que lo que hay que plantear es otra cosa. ¿Qué cambio sociopolítico se ha dado para que la transmisión, no solamente de las prácticas religiosas, sino de la fe religiosa, no se haya dado? Entiendo que el problema no está, sin más, en la pérdida de lo religioso, sino en lo que significa la religión en cuanto a aceptación de la dependencia de eso que llamamos Dios. Porque para nuestros padres Jaungoikoa era alguien con quien se podían relacionar y en la medida que eso se va perdiendo...

¿Es reversible ese retroceso?

-Si por ser reversible entendemos retorno a la situación anterior, no. Si es reversible en cuanto a personas que han dejado la práctica religiosa pero con la permanencia más o menos clara de la fe, entonces sí. Hay que hacer un proceso de recuperación para los que mantuvieron alguna forma de fe.

Tenemos una sociedad cada vez más laica y al mismo tiempo aumentan las personas de confesión musulmana. ¿Cómo encaja eso? ¿Se imagina una Europa con más musulmanes que católicos?

-Yo no sé si la forma de vivir la religión propia de los mahometanos encaja mucho con la manera de entender la vida, desde un punto de vista sociológico y social de Europa. Pero desde luego, si se va instaurando, habrá más mahometanos que católicos, no me extrañaría. Pero eso no es un problema de fe, sino un problema meramente sociológico. Si estos, los musulmanes, se van multiplicando;y los otros, los cristianos, disminuyen por razones de que en las familias no hay hijos, los musulmanes van a ser más. Es evidente.

Hablemos de nosotros. De Euskadi. ¿Tiene que desaparecer ETA para avanzar en la normalización de la convivencia y la pacificación en nuestro pueblo?

-A mí me parece normal que quien padece las consecuencias de los asesinatos y violencias de ETA tenga derecho a mantener el recuerdo y su experiencia dolorosa. Por otra parte, resuelto el problema relativo a la existencia de los presos de ETA parece que la persistencia del colectivo de ETA no puede tener sentido alguno, a no ser que la persistencia de ETA fuera utilizada al servicio de sus objetivos políticos. En todo caso, la pacificación y normalización de la convivencia de nuestro pueblo exigirá objetivos y actuaciones políticas y sociales distintas y ajenas a la violencia de ETA.

¿Se imagina una Euskadi independiente?

-De inmediato no lo veo.

¿Cómo ha seguido todo lo ocurrido en Catalunya? ¿Han tomado la delantera a Euskadi en el camino de la independencia?

-Si hablamos de eficacia, no veo que el proceso de Catalunya vaya a ser necesariamente más eficaz que el vasco. Las situaciones históricas propias de cada uno de ellos son diferentes, lo cual habrá de exigir la peculiaridad propia de cada proceso a seguir.


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