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Y tiro porque me toca

Regüeldos del felipismo

Por Miguel. Sánchez-Ostiz - Domingo, 7 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:15h

Al poco de cortar y repartir cartas en la partida de tute que se están jugando los profesionales de la timba política y cuando se le creía no dormido, sino muerto, irrumpe de manera inesperada aquel Corcuera de los bocaos, pues así parecía expresarse, y dice que si Sánchez pacta con Podemos él se va del PSOE. La patochada es de carcajada, pero demuestra que mientras creíamos que se habían esfumado, al caernos de nuestros sueños de despiertos, los viejos profesionales del mal gobierno nacional seguían ahí, haciendo guardia junto a los luceros.

¿Sentido del ridículo? Ninguno. Como buen miembro de la horda del felipismo, Corcuera tiene una desmemoria fabulosa acerca de quiénes fueron y de lo que hicieron, tanto él como sus cómplices en aquel gobierno que fue derribado por su propia corrupción: Vera, Barrionuevo, el GAL, Sancristóbal, Roldán, Urralburu y los urralburidos... «¡Váyase, señor González!». Y Rodrigo Rato, sí, el mismo, en oficio de ariete de tartufería, pidiendo a gritos comparecencias, esas mismas a las que ellos se han venido negando y hurtando como han podido... tartufos, mala gente, todos.

El felipismo se fue porque lo tiraron y Corcuera era de la camada negra, un notorio bocazas de aquella tropa de abusivos. No solo demuestran desmemoria a cada paso, sino que tienen la conciencia tranquila, esa que se alimenta de la impunidad, porque no se les ha querido ni podido enjuiciar del todo por los desmanes de su mandato. Solo así se entiende lo declarado por el madero Corcuera, autor de la ley Corcuera o ley depatadaenlapuerta, que sentó las bases del régimen policiaco, plenamente establecido luego por Rajoy y sus cómplices. Convendrá recordar pues que este nuevo gurú de nuestro presente y del pantanoso futuro nacional estuvo relacionado con condenados por el caso GAL e imputado, según la legislación entonces vigente, por el caso Oñederra, o que pidió la excarcelación de Vera, defensor hace nada de las actuaciones del GAL. Oh, las hemerotecas, qué gruta más oscura, qué fuente de sorpresas.

Que gente como esa pinte algo en la política nacional no es ni buena ni mala noticia, sino un síntoma sombrío de que las cosas no pueden cambiar, cuando menos a la velocidad que muchos deseamos. ¿O no? Tal vez me equivoque y ese deseo de cambio sea mucho más minoritario de lo que nos gustaría y parece. Buena parte de los ciudadanos que votan y sus representantes son más conservadores que otra cosa. Como mucho les gusta esa risible fantasía del cambio tranquilo, pero no van más allá. El bienestar personal es una guía que no hay quien no siga. Podemos tampoco representa peligro alguno para el sistema puesto en pié desde hace décadas, no ya por ese Rajoy que ni siquiera se quiere someter a la Cámara, sino por el felipismo y el aznarismo, por gobernantes que han entregado la soberanía nacional a las corporaciones, a la banca, a un sistema perverso del que la manipulación económica es solo una de sus armas.

Da que pensar que gente como Corcuera, Alfonso Guerra, eterno bocón de la boca de lapo, o el propio González, ya unos carcamales enriquecidos (mucho), tengan algo que decir sobre el futuro de este país y se recabe su opinión como una gran cosa. Aquí no hay o no debería haber consejo de ancianos que valga y mucho menos de aquellos que de la cosa pública han hecho su fortuna personal. Esas voces están muy bien en el privado de las copas y los puros, en lo público se benefician de manera abusiva de la libertad de expresión y de la pachanga mediática en busca de chocarrería con la que distraer al público. Lástima que las amenazas de largarse del país, lanzadas por los guapetones y camorristas de la radio, la prensa o las bambalinas políticas, solo sean baladronadas, desmesuras de aparato para calentar a su parroquia, circo. No se van, no se van a ir porque el negocio está aquí y todavía lo tienen en sus manos.

Da que pensar que gente como Corcuera, Alfonso Guerra, eterno bocón de la boca de lapo, o el propio González, ya unos carcamales enriquecidos (mucho), tengan algo que decir sobre el futuro de este país


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