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José Antonio Santano Alcalde de Irun

“Me gustaría que se viera Irun y sus recursos como una parte de la política del territorio y del país”

José Antonio Santano (Irun, 1965) lleva 14 años como alcalde del segundo municipio más poblado de Gipuzkoa y acaba de reeditar un pacto con el PNV inédito desde 1999

Jurdan Arretxe Iker Azurmendi - Sábado, 6 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:14h

Jose Antonio Santano

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Jose Antonio Santano

Irun- Alcalde desde 2002, uno de los principales dirigentes del PSE hace balance de estos años, donde subraya la construcción de un Ficoba que se terminará de pagar el próximo mes, analiza las elecciones de 2015 y expone sus inquietudes al frente de una ciudad de más de 60.000 habitantes que cumple 250 años como independiente de Hondarribia y que acaba de estrenar la biblioteca Carlos Blanco Aguinaga (CBA), donde Santano posa.

Las elecciones de 2015 trajeron al PSE de Irun una de cal y una de arena. Primero, las municipales. ¿Preveía los resultados?

-Ahora conocemos mejor el efecto de los nuevos partidos, pero creo que Irun fue la única ciudad de Gipuzkoa en la que se presentaron todas las fuerzas: Podemos, Ciudadanos, las tradicionales… Teniendo en cuenta las incertidumbres, consideraba que teníamos el aval de la gestión y una buena relación con la ciudadanía. Podíamos ganar e incluso repetir resultados. Obtener un concejal más cuando una formación nueva, Sí Se Puede Irun (SPI), logra cinco concejales, fue un grandísimo resultado.

¿Qué tal la convivencia con SPI?

-Todavía no tengo datos suficientes. No han elaborado un proyecto alternativo, no existe. Vemos una entente, no sé si muy cordial, entre Bildu y SPI. La impresión es que quien ha marcado la pauta política de la oposición ha sido Bildu. Muchas ruedas de prensa conjuntas, incluso otras coordinadas pese a hacerlas por separado…

¿El Gobierno de coalición con el PNV ya está engrasado?

-Desde el principio. Estoy contento con el acuerdo. Ha producido el efecto de estabilidad político-institucional para que la ciudad avance y una amplísima mayoría social se siente identificada. Ha funcionado bien desde el principio. La negociación nos llevó un poco de tiempo, pero las cosas quedaron claras, tanto desde el contenido como las reglas de funcionamiento interno, importantes tras años sin un gobierno de coalición con el PNV en Irun, desde 1999. Hay dos partidos pero es un gobierno, no dos.

¿El entendimiento PNV-PSE se puede extender en las autonómicas?

-En el ámbito vasco hay un pacto presupuestario y algunos acuerdos. Tal y como están la política y las perspectivas, estamos llamados a entendernos. El tiempo lo dirá, pero ni en España ni en Euskadi se van a construir proyectos si no hay entendimiento entre varias fuerzas. Cuáles sean las fórmulas, es pronto para apuntarlas.

¿Cuál debe ser el papel de Irun en Gipuzkoa?

-Desde hace tiempo viene diseñando una estrategia de ciudad clara y que debe ser considerada, sobre todo por la Diputación como órgano de gestión territorial. Irun es un polo de referencia porque hay una competencia entre ciudades que quizá hace años era de discurso y hoy es realidad.

¿A qué se refiere?

-Construir Ficoba supone un cambio en el panorama de recursos públicos. Hay ferias y actividades que atraen a un público que no va a otras actividades de otros sitios. Esta iniciativa condiciona los movimientos de personas y de la propia economía. La última Feria de Navidad, un éxito como las anteriores, es una referencia para todo el corredor Baiona-San Sebastián, y estoy seguro de que ha condicionado cosas que se han podido hacer en Baiona o San Sebastián. Apostamos como ciudad por una posición de centralidad entre el polo de Baiona-Anglet-Biarritz, el BAB;y la capital, Donostia, que es muy potente como ciudad.

Una queja histórica ha sido el “abandono” por parte de la Diputación y el Gobierno Vasco. ¿Perdura?

-Irun tiene cosas pendientes responsabilidad del Gobierno, la Diputación y también del Gobierno de Madrid, que aquí hay un poco para todos. Ahora ha habido una crisis en Sestao con la acería, una fábrica con 300 trabajadores y sí señor, el lehendakari ha ido a Bruselas con otros responsables porque había preocupación. O la movilización con Fagor y las cooperativas. Irun, en cambio, tuvo en 1993 una crisis impresionante: perdió su sector motor, la tasa de paro más alta de Euskadi durante mucho tiempo por encima del 23%... Se desarrolló Zaisa con una colaboración institucional muy empujada por un Ayuntamiento que tuvo que poner mucho de su parte, pero tengo la sensación de que la movilización institucional que se produjo, que la hubo, no obtuvo la contundencia que debió haber tenido para el efecto que se tuvo aquí.

¿En qué sentido?

-Es la sensación de que en Irun hay que pedir las cosas tres veces. Nos cuesta que entiendan que la operación ferroviaria de Irun, el acceso del TAV -que se va a producir- es tan importante como el de las tres capitales vascas. Que se produzca una reunión en Madrid con los alcaldes de las tres capitales y sin el cuarto alcalde…

¿Le dan plazos para el TAV?

-Los que les leo a la ministra o a la consejera en los periódicos. No me los creo. Con los datos que ya tenemos, el TAV se va a retrasar. Primero hablaron de 2019, pero ya oigo 2022, porque la obra del nudo de Bergara no ha empezado, y según los técnicos, duraría cuatro años y pico. Va a tardar más de la cuenta, y alguien tendrá que decir la verdad y poner una fecha creíble. Lo que más me preocupa de la entrada del tren en Irun es que no se hable de la nueva estación y el cambio estratégico del centro urbano.

¿Por qué?

-En Gipuzkoa no hay una operación de carácter estratégico, urbano y económico como la de este espacio ferroviario. Puede haber nueva estación, suelos industriales, educativos, desarrollo de vivienda, emprendizaje… Se puede convertir a 20 años vista en una comarca alternativa de desarrollo a San Sebastián y a Baiona. Me gustaría que se apreciara desde la Diputación y el Gobierno.

Con un Topo a Donostia cada 30 minutos salvo en hora punta, ¿cómo ve al debate sobre la pasante ferroviaria de la capital?

-Me parece muy bien, parece aceptado por todo el mundo, contribuirá a mejorar la conexión de los barrios, a la movilidad sostenible… Yo lo único que hago es levantar la mano también. Hay tareas pendientes como el desdoblamiento de la vía desde Errenteria a un entorno de tres ciudades en una de 100.000 personas. Estamos siempre esperando: con el tren, con el Topo, con la ampliación de Miramon en Zubieta aunque hemos empezado a dar pasos con Hondarribia y el Gobierno, la conexión a la autopista en Oinaurre para la nueva estación de autobuses, la residencia de mayores de Arbes… La sensación esta de que para avanzar tienes incluso ser pelma… Se lo comenté al diputado general: me gustaría que se viera esta ciudad y sus recursos estratégicos como una parte de la política del territorio y del país, que es pequeño. No hemos conseguido que cale ni en la Diputación ni en el Gobierno.

¿Por qué Irun se sitúa con peores datos de desempleo que Gipuzkoa?

-En 1993 hubo tasas de desempleo del 23%-24%, cuando Gipuzkoa estaba en la mitad. Darle la vuelta no es fácil. La ciudad ha hecho una proeza. La diferencia, siendo la tasa mayor que Gipuzkoa como las dos últimas décadas, va acortándose y estamos prácticamente en la media de Euskadi. El reconocimiento que a veces uno echa en falta es el esfuerzo que ha tenido que hacer la ciudad para reinventarse. Los desarrollos de Arretxe-Ugalde, Ventas y Zaisa se han hecho en los últimos 15-18 años. Hoy puede haber en Irun trabajando 5.000 personas más que en 1993.

¿Va la Eurociudad a la velocidad que le gustaría?

-No, está estancada. Hay iniciativas en dos ámbitos que superan a la Eurociudad: uno, por abajo, en el ámbito local, las relaciones entre Irun, Hondarribia y Hendaia, y aquí meto a l’Agglo (la aglomeración urbana hasta San Juan de Luz);y el otro ámbito, por arriba, la relación Euskadi-Aquitania. Tienen más dinamismo que la Eurociudad, por ejemplo los acuerdos en materia de transporte público. Han podido más las rivalidades locales que el afán de cooperación.

¿Les ha afectado el estado de emergencia que decretó París?

-Sí, sí. Ahora ya menos, pero hubo un mes muy duro después los atentados. Los comerciantes me paraban y yo mismo notaba que faltaba gente. Irun está pensada para los que vivimos aquí más los que estamos acostumbrados a que vengan. Los efectos han sido en los dos lados. En esas fechas me acerqué a Baiona y San Juan de Luz y los comentarios eran iguales.

¿Cómo observa el traslado de los residuos a Meruelo (Cantabria)?

-Las malas gestiones pasan factura. Hubiera entendido que Bildu hubiera puesto en marcha una alternativa a la incineradora, pero la política ha sido la de no tomar una decisión. Se han ido cerrando los vertederos pero no se construye una alternativa. ¿Qué pasa con la basura? Se empieza a llevar fuera ya con Bildu. Hacemos lo peor que se puede hacer en política: que otros resuelvan nuestros problemas. Eso es temporal, caro y obliga a correr y recuperar el tiempo perdido. Vamos a pagar el pato económicamente con subida del canon de vertido, más caro porque hay que llevarlos a Cantabria

La Mancomunidad de Txingudi no pudo entrar en el Consorcio (GHK) la pasada legislatura.

-Me enfada, porque nosotros al Consorcio hemos llegado a última hora. Se han tomado decisiones o no se han tomado, que es lo mismo, que nos han llevado adonde estamos. Gipuzkoa va a despertar en materia de basura de lo que han supuesto cuatro años de puerta a puerta y otras decisiones.

¿Cuál es la situación de Irun en materia de paz y convivencia?

-Hemos hecho algunas cosas, sobre todo en torno al Día de la Memoria, que en los últimos años han contado con el apoyo unánime de los grupos. Quizá por el estilo político de Irun, hemos sido capaces de poner el acento en lo que une que en lo que separa y eso es bien recibido por la ciudadanía. No nos engañemos: no significa que no tengamos deberes, como toda la sociedad vasca. La sociedad va muy rápido, aunque tiene su parte inadecuada, porque corremos el riesgo de pasar página sin haberla leído bien. Mirar al futuro es muy importante, no puedes estar siempre con el retrovisor. Debemos buscar el equilibrio.

¿Cree suficiente el grado de convivencia en torno al Alarde?

-Sí. En casi dos décadas ha habido una discrepancia social sobre el modo de celebrar algo tan importante para esta ciudad como el Alarde. Insistimos hasta la saciedad en que las dos son legales y legítimas. Irun no es que haya resuelto bien, sino que debería ponerse como ejemplo de cómo la crispación social se ha convertido en dos maneras de entender el Alarde con normalidad. Ahí está la noticia, con un paréntesis de cuatro años con la nota discordante del interés de Bildu y la Diputación tensionando los días previos con declaraciones agresivas contra unos ciudadanos que no se lo merecen. El ejemplo es tan evidente que me da pena lo que hemos tenido que soportar.

Elecciones generales: Podemos pasa del 18% (5.136 votos) de mayo al 32% (10.451) y el PSE, de 33% (9.405) a 20% (6.538). ¿Qué análisis hace?

-Viendo el comportamiento en esos seis meses, la conclusión es que el ciudadano, y muchos lo dicen, utiliza criterios diferentes. Las diferencias que siempre han existido ahora se han agudizado. El dato esclarecedor es el día de las municipales: la urna de las Juntas y la del Ayuntamiento. No son tan distintos los resultados del PSE a las Juntas y en las generales. Sí hay mucha diferencia entre las municipales y las generales.

¿Cómo ve a Pedro Sánchez?

-Va a mejor. Ha pasado momentos difíciles y navega en aguas muy complicadas desde todos los puntos de vista, pero ha hecho dos cosas que en política son muy importantes: tomar la iniciativa y ha sido valiente, o responsable, que es otra manera de decirlo. Eso le ha convertido en un político distinto. Lo veremos, porque los cambios se producen a través de gestos.

¿Entiende que parte de esa turbulencias sean desde casa?

-Eso lo entiendo muy mal. Hay que encauzarlo, creo que algo ya se ha hecho. Responde a una concepción de la política de otro momento. La gente quiere partidos que piensen en clave de solución de problemas. Todo el mundo en la política y en la vida tiene sus ambiciones, pero hay que administrar la generosidad. La vida marca unos tiempos y este es el de Pedro Sánchez, elegido por la militancia, lo que no había sucedido nunca, lleva 18 meses al frente, es joven, creo que está preparado y me parece una persona honesta, que plantea algunas ideas de cambio y reforma imprescindibles. A los vascos nos va a venir bien.

¿Qué tipo de gobierno le gustaría?

-No es fácil, ¿eh? En un tiempo distinto, hay que pensar de manera distinta. La ciudadanía asume que el Parlamento va a tener mucho más protagonismo, que habrá que acordar mucho más. Hay fórmulas de gobiernos en minoría, incluso del PSOE en solitario, con un pacto de legislatura sólido que permita abordar con los grandes grupos y también con un PNV que veo en esa dirección los grandes problemas como las desigualdades y las precariedades.

¿Baraja repetir las elecciones?

-Las cosas no cambiarían. O lo hacemos así o este país está condenado a vivir en la interinidad. Me parece una barbaridad.


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