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Con la comida sí se juega

Tabakalera acoge el espectáculo ‘Time Machine Soup’, una máquina del tiempo de Donostia 2016 que permite al público viajar a distintos momentos de la historia mediante la degustación de doce sopas: desde el caldo industrial de la actualidad hasta el que se consumía en las cavernas hace 5.000 años

Un reportaje de Juan G. Andrés. Fotografías Gorka Estrada - Sábado, 6 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:15h

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fotoVarios comensales en una de las mesas sobre las que se proyectan los vídeos de ‘Time Machine Soup’ mientras se sirven las diferentes sopas.

Una máquina del tiempo cuyo combustible es la sopa. De ese modo define Donostia 2016 Time Machine Soup, un espectáculo multidisciplinar que ofrecerá “un viaje regresivo por la Historia a través de los sentidos”. Gastronomía, literatura, imagen, sonido e interpretación maridan a la perfección en una sugerente propuesta que durante 70 minutos desmonta el viejo precepto de que con la comida no se juega.

El patio de Tabakalera acogerá desde el jueves y hasta el día 21 doce pases de este espectáculo -seis en euskera y otros seis en castellano- cuyos precios oscilan entre los 9 y los 18 euros. Un máximo de 144 personas se situarán de pie en doce mesas para probar las sopas que activarán el singular periplo al pasado. Según indicó ayer en el Espacio 2016 Pablo Berástegui, director general de la capitalidad cultural, “no es una experiencia gastronómica al uso”, es decir, “no es una cata ni una cena”, ni tampoco una obra de teatro a la que el público asiste pasivo en su butaca”. “Es un juego para estimular la imaginación: solo hace falta tener los sentidos dispuestos para el goce de este happeningsensorial”, remarcó.

La sopa, hecho cultural

La idea original es del diseñador Santos Bregaña, que partió de aquella frase de Jorge Oteiza que decía que solo 80 abuelas nos separan de la vida de las cuevas;si eso es así, tan solo 80 sopas nos separan de los caldos que alimentaron a los hombres y mujeres de las cavernas. Time Machine Souppropone conocer doce de ellas -la cifra es una metáfora del reloj y del paso del tiempo- mediante otras tantas “paradas” en diferentes momentos de la Historia: el viaje comienza en la actualidad con la degustación del consomé industrial de sobre o de bote -habrá un warholiano guiño a las sopas Campbell- y concluirá con el caldo primigenio de hace 5.000 años, pasando por la sopa de la abuela, la de las brujas o la de Mesopotamia.

En opinión de Bregaña, en el origen de este proyecto está “la transformación del alimento a través de la cocción” y la idea de utilizar la sopa como “un hecho cultural” eterno que se va impregnando de los paradigmas, transformaciones e ingredientes de cada momento histórico. “La sopa nos permite explorar la capacidad de evocación de la cocina para conectarnos con el pasado”, aseguró el diseñador. También destacó la “base científica” del proyecto, enriquecido gracias al trabajo de investigación del antropólogo Frédéric Duhart, que analizó el estilo de vida, los hábitos gastronómicos y los ingredientes de cada época.

A partir de ese estudio y teniendo en cuenta el contexto histórico, las técnicas e ingredientes de cada momento, el cocinero donostiarra Iñigo Cojo creó las recetas de doce sopas que, en algunos casos, ha tenido que interpretar con imaginación, en especial las más antiguas, como la neolítica, la griega y la romana, que son “más especulativas”. Divinus Catering, nuevo colaborador de Donostia 2016, se ha encargado de elaborarlas y el escritor Harkaitz Cano ha escrito los textos que podrán escucharse en la sala mientras se sirven las sopas y en el mantel blanco de las mesas se proyectan los vídeos creados por la productora Debolex.

Pero además, a fin de dar “una coherencia artística a todo ese trabajo de cocina”, la directora de Hika Teatro, Agurtzane Intxaurraga, ha ideado una puesta en escena que cuenta con iluminación de Xabier Lozano y sonido de Xabier Erkizia. La directora artística subrayó la participación de estudiantes del Basque Culinary Center, que han recibido formación dramática para convertirse en “un servicio especial de sala”, pues serán ellos los encargados de servir las sopas con diferentes elementos de vestuario y atrezzo en cada caso.

Intxaurraga afirmó que el show está concebido para ser llevado a otros países de Europa. “La sopas ayudan a viajar”, sostuvo antes de pasar a una demostración práctica en la que la prensa probó dos sopas: la primera trasladó a los periodistas a mediados de los años 50 gracias a la tradicional sopa de cocido la abuela y la segunda, al fragor de las trincheras de la I Guerra Mundial mediante un agridulce brebaje rojo de remolacha.


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