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Eduardo Escobar ex jefe de los servicios médicos de la real

“Es una leyenda urbana que los jugadores de la Real tardan más en recuperarse de sus lesiones”

Fue durante 18 años “el médico de la Real”, como le gustaba que le llamaran. Escobar repasa su etapa en el club y se muestra comprensivo con la actual plaga de lesiones

Mikel Recalde Iker Azurmendi - Sábado, 6 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:15h

Eduardo Escobar

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Eduardo Escobar

donostia- ¿Cómo llegó a la Real?

- En el colegio era de los que leían mucho y sacaban buenas notas, pero no destacaba en el deporte. Entré en la Federación de ciclismo por el doctor García Chivite, que me dijo que había una plaza libre. Decido que tengo que hacer una especialidad, hago el MIR, saco muy buena nota y como ya estaba metido en el deporte… Entré en la Real en 1991, al mismo tiempo que Kodro. Con Guruceta hice mucha amistad. Él fue un poco mi lanzadera para entrar en el equipo, que era un círculo muy cerrado. Había un ambiente un poquito hostil entre los veteranos, entré a través de la generación joven.

¿Era muy diferente a ahora?

-Cualquiera que haya vivido lo que es la Real de niño... Yo iba al fútbol con mi padre y mis hermanos. Viví la época de los títulos y fui testigo de cómo pasaban por las calles celebrándolo. Y de repente te dicen que entras tú. Lo hice impresionado. A mí al principio Toshack me declaró la guerra. Sufrimos un encontronazo muy fuerte en su última época, en la que pidió que saliera del club. Arreglamos nuestras diferencias y a partir de entonces se portó extraordinariamente bien conmigo. Era una persona muy difícil, tengo un montón de anécdotas con él, pero me las hizo pasar canutas. Con el tiempo no solo no le guardas rencor, sino que si le veo todavía me gusta recordar.

¿Cómo fue el primer día que se sentó en el banquillo de la Real?

-Empecé en el del Sanse, en Atocha. Luego pasé al primer equipo con Iñaki Sarriegi de delegado y López Ufarte y Toshack de entrenadores. Con Roberto hice mucha amistad. La primera impresión es que yo estaba a lo mío. Te abstraes mucho. Si se lesiona un jugador es tu responsabilidad y no me influía estar en un medio público. Me sacaban a la rueda de prensa y no tenía ningún miedo. Me preguntaban cosas y ya está, sin más trascendencia.

Desde el punto de vista médico, no se discutían las cosas en público.

-En mi época de la Real hubo varias etapas muy definidas. La primera con Uranga fue la más feliz de mi vida: hacíamos piña con los jugadores, el ambiente era familiar en el club, los viajes eran una gozada… Uranga estaba encima de cada detalle. El final fue desastroso. Lla etapa del presidente antes del actual (Badiola) fue fatal, hubo malas relaciones, se fomentó el chivateo y se enturbió todo.

¿La figura del médico no estaba tan expuesta en su etapa?

-Cuando yo llego empiezo a salir. Primero porque no conozco bien las reglas del juego: yo contesto si me preguntan;y si me dicen del club, salgo. Si me dicen que no puedo hacer declaraciones, no las hago. Si el jugador me dice que yo no puedo decir algo, no lo digo. Quizás debido a que mi personalidad es bastante abierta me presté más y todo fue una bola de nieve. Estuve mucho más expuesto y eso quema mucho. Y te para la gente por la calle y te pregunta mucho. Pero hace seis años que salí de la Real y ahora soy invisible. Y es una gozada.

¿Cuándo nota que cambia la cosa?

-Cuando sale Uranga y llega Astiazaran hay un punto de inflexión. Con Toshack tuve mis más y mis menos… Pero luego se quiere hacer todo tan profesional y científico que se pierde chispa, sentimiento. Era la época de la grandes hazañas científico-deportivas en Anoeta con preparadores físicos de alto nivel… Se perdió un poco el alma en el cambio de Atocha a Anoeta. El público también es diferente. Ahora el fútbol es más espectáculo que deporte de casa…

Otra visión de eso es que es la elite, y la Real necesita a los mejores...

-Por supuesto. Habían traído una máquina de gimnasia para hacer musculación, ecógrafo, electro, máquinas de frío, de hipoxia… Todo eso te lo va requiriendo el desarrollo y lo que van haciendo en otros sitios. Hay que ir avanzando, no puedes quedarte atrás. ¿Hasta qué punto influye en el rendimiento? Yo creo que muy poco. Ahora mismo tienen una máquina antigravedad, han mejorado las instalaciones con piscina… ¿Las lesiones duran menos que antes? La curación de las lesiones requiere un tiempo y la mentalidad del jugador sigue siendo la misma. Para recuperarse necesita una curación efectiva biológica y cuidar su mente para estar dispuesto a la competición. Y eso a veces es lo más difícil. Hay jugadores que tú crees que están curados y les da miedo. Ese sí es miedo escénico. Y también porque tienen que cuidar su cuerpo, que es su instrumento, y si no están seguros de que va a responder, una lesión más grave les puede truncar toda una carrera. Tienen que medir mucho las cosas y, ante el riesgo de acabar con su futuro, a veces les cuesta recomponerse.

La afición de la Real siempre piensa que sus jugadores son los que más tardan en recuperarse

-Creo que no. Aquí nos fijamos más en los nuestros. Hay dos factores que cuando concuerdan son tremendos: los resultados deportivos y el número de lesionados. Cuando hay muchísimos lesionados y el resultado deportivo es bueno, nadie se fija en los lesionados. Y no pasa nada. Cuando hay malos resultados, todo el mundo empieza a mirar al médico. Primero: el médico no es el que los lesiona. Segundo: será responsable el sistema de entrenamiento, el sistema de juego, la fatiga acumulada, pero el médico es responsable de diagnosticar bien y de aplicar los métodos de tratamiento posibles para que se recupere cuanto antes. Esa es la función del médico. Si hay malos resultados se cuestiona todo. Y si hay cuatro lesionados, mucho más. Creo que si miramos los resultados de la Real y de otros equipos, no hay diferencias. Es una leyenda urbana.

Un médico arrastra decepciones a lo largo de su carrera...

-De mi etapa en la Real me arrepiento de alguna cosa. Sobre todo de que en algunos momentos no he sabido gestionar el lesionado de las categorías del Sanse. Nada más llegar, hubo un jugador que se lesionó el ligamento cruzado, y se lo diagnostiqué, cuando entonces no se sabía bien hacerlo. Me dijo: me voy a operar a Barcelona con el doctor Borrell. Pero no hacía artroscopia. Aquí éramos de los primeros y no se fió. Y le abrió la rodilla y se complicó. Le operaron la rodilla 13-14 veces y se retiró del fútbol. En parte la responsabilidad fue mía, porque yo estaba de médico en el club. No se recuperó por no seguir mis consejos, aunque también podía haberse complicado con la artroscopia. Todo esto te lo cuento porque yo no gestioné bien ese caso y algún otro porque no sabías muy bien cómo establecer bien la relación con el jugador. Era más inexperto. Me pasó con otro chico con fractura de tibia. Le hicieron un procedimiento raro y no supe gestionar la relación con el chico, vinieron los padres indignados, se tuvo que retirar… Tuve una discusión desagradabilísima con ellos. Creo que ahora sabría que, pase lo que pase, te tienes que volcar en cariño aunque no seas el responsable profesional de eso.

Uno de los casos que más le señalan es en el de Peiremans.

-En actuaciones profesionales, creo que no he tenido malas decisiones. En el tema de Peiremans a mí el club me tenía que haber agradecido mi actuación, y quedó como mi peor actuación. Yo estaba de vacaciones cuando le ficharon, que me correspondían, y le hicieron otros el reconocimiento. Llegó el primer entrenamiento, no lo completó y al entrar me dijo que venía lesionado. La lesión era una rotura de unos tendones. Al final tuvimos que operarle con Borrell, que me parecía el más adecuado. Le costó recuperarse. Se entrenó, jugó partidos amistosos de nivel, y en el último se volvió a lesionar pero en un músculo próximo, no en el mismo. Y también tardó en recuperar y le dije: “Habrá que operarte de nuevo”. Fuimos a consultar con el médico de la selección belga, en Amberes, y concluyó lo mismo. Y él ya tenía 31 años y me comentó: “Me voy a retirar”. La Real tenía un seguro contratado para asegurar su patrimonio, que era el jugador, por un importe de 600 millones de pesetas. Si era declarado inútil, tenía derecho a una indemnización. Me tuve que pelear en el juzgado y con mutualidad laboral para que le dieran la incapacidad. Se presentaron aquí los aseguradores para decir que no aceptaban. Preparé una exposición en Zubieta y les enseñé todo. Su argumento era que como no había podido jugar ni un partido aquí, la lesión era de antes, y el seguro no le cubría. Dije que no: que la lesión era la actual porque la de antes ya la habíamos recuperado.

La cosa acabó muy bien...

-Al final fuimos a juicio, y nombraron a un perito médico por la aseguradora, catedrático de Traumatología de Madrid, Javier Vaquero. Le llamé y le dije “Solo te pido una cosa, que al juicio no vengas tú”. Si llega a venir seguro que no le hubiera podido ganar, porque es un tío de una talla intelectual, capacidad de argumentación… Pero lo sabía. Al que vino me lo merendé. Y la Real, entre los 600 millones más la demora y tal, cobró en una época que casi no tenía dinero para pagar nóminas, 1.000 millones de pesetas. Ésa fue mi actuación. Nadie me dijo: Gracias, Eduardo. No es que me dieran una prima, ni las gracias. Y encima quedó como si fuera mi asunto su fichaje.

¿Se le han quedado muchas heridas abiertas por su salida?

-Sí. Yo no soy rencoroso. Hay una persona que prefiero no ver en toda mi vida. El último año fue tremendo, horrible, en realidad el penúltimo porque estuve con Aperribay bastantes meses, con cosas que no entendíamos. Mira la despedida de Jon Ansotegi, que era un chaval todo corazón, le veo que llora cuando se despide, piensa en todo lo que era la Real… Estar ahí no es hacer tu trabajo y te vas. En la Real se dejan muchas cosas, no es solo tu horario laboral. Primero: no hay, trabajas día y noche. Te pueden llamar a cualquier hora o cuando estás de vacaciones y tienes que anular un viaje. He vivido situaciones como atender a hijos, estar dentro de una familia. Yo he vivido el cáncer de mi mujer sin poder cogerme una excedencia para atenderla, dejarla en el hospital e irme a un entrenamiento y volver cuando he podido. Si he podido librar algo ha sido por la buena voluntad. Prácticamente no he visto crecer a mi hijo.

¿Cómo fue su último día?

-Fui a recoger mis cosas a Zubieta un día que no había entrenamiento, entré en mi despacho, recogí mis cosas, dejé libros para el que pudiera serle útil, me llevé un par de maletas y en estas aparece Javi Pérez, al que yo no conocía. “¿Qué hace usted aquí?” “Pues recoger mis cosas, que me voy”. Y esa fue mi despedida de la Real. Oí como se cerraba la puerta de mi despacho, ni miré atrás, y ahí se quedó. Bueno, luego fui a firmar el finiquito en Anoeta, después de un proceso legal, y entramos por el pasillo y al fondo estaba el despacho del presidente, que dijo “¡Epa!…”. Esa fue su despedida. Y pienso: No sé, igual me tenía que ir del club, también empezaba a cumplir años. Pero salir como salimos... Yo no salí por culpa de Badiola, yo salí por Aperribay. Badiola me había quitado mis funciones y tres meses después de quitarme la jefatura llega Aperribay, le pregunté si las iba a recuperar y me contestó que no. Tendría sus razones pero nunca me las dijo. Él me decía que no entrábamos en el ERE que se hizo luego. Como no me devolvía mis funciones, presenté una demanda en el juzgado para la rescisión de mi contrato. Y le sentó fatal. Yo no quería seguir en una situación tan humillante. Como iba a venir un ERE, le di la idea a mi abogado: yo dejaba de ir a trabajar en junio en Anoeta, me iba a mi casa, y como me iba a corresponder una indemnización mayor, me conformaba con la indemnización que les dieron a los del ERE. Pero de junio a octubre seguía cobrando la nómina. Era violento para ellos que yo siguiera allí y para mí también.

¿Echa de menos a la Real?

-Desde que dejé de trabajar allí, no he hablado con nadie… Sigo siendo accionista y socio de la Real, pero no he podido ir. El primer año todos, todos los días soñaba con la Real. Luego se me ha ido pasando. Ahora sufro cuando le va mal. Hubo un tiempo en el que no quería saber nada. Y en estas circunstancias, que la situación deportiva no está muy clara y tiene lesionados, me pongo en situación y sé que se está sufriendo y no me agrada. Preferiría que fuera la Real que disfrutamos hace tiempo.

¿Ha manchado su carrera la acusación de doping?

-No, ni eso ni la salida de la Real. En cuanto al doping, hay que ser más infeliz que el que mandó acusar… Que el presidente (Badiola) acuse a los médicos de doping cuando él sabe además cómo funciona el club me parece alucinante. Yo soy traumatólogo. Para las medicinas contraté a un fisiólogo porque no sé nada ni de medicinas ni de preparación física. Yo sé de lesiones. Antxon Gorrotxategi tenía dos condiciones: nada que fuera ilegal;y nada que pudiera dañar la salud del deportista. Porque podía haber alguna cosa que no fuera ilegal pero que pudiera dañar. Ninguna de las dos condiciones se podían incumplir. Antxon tenía seis medicamentos que no se compraban en farmacia pero son cosas que alguna (carnitina, por ejemplo) se dejó de usar, era legal;la cafeína, al principio estuvo prohibida, luego se admitió, y luego se dejó vía libre;había algunos jugadores que lo tomaban de vez en cuando. De todo eso se le informa… Al final se le dice: mejor que no. Y así quedó la cosa. Y va el tío y sale diciendo… Bueno, además confundió hormonas de crecimiento con factores de crecimiento pragmáticos. Y digo: bueno, apaga y vámonos. Hubo muchos desencuentros. Es verdad que, cuando hubo elecciones, mis acciones y las de mis amigos se las di a un candidato y no a Badiola, y le debió sentar muy mal y nos quiso hacer boicot dentro del club. Pero se fue y ahí quedó todo. Pero llegó Aperribay y…

¿Cree que el actual consejo actuó como si fuera culpable?

-Yo creo que para el relevo del médico había varios factores: primero, yo llevaba mucho tiempo y estaba quemado. Y en este mundo necesitas renovar. En segundo lugar, había un debate entre que si el médico tenía que ser un médico deportivo o un traumatólogo. La moda es que han ido desapareciendo de los clubes los traumatólogos y están los médicos deportivos. Y tercero, creo que soy afable, pero si algo no me gusta me enfrento, y si se lo tengo que decir a un presidente se lo digo. Llegan estos, con una serie de prejuicios, y no dio tiempo a cambiarlo porque yo pedí la rescisión de mi contrato.

¿Le queda resquemor?

-No, al principio mucha tristeza porque he dejado ahí mi vida, porque la Real era parte de mi vida, era inseparable, yo era el médico de la Real. Mucha gente no sabía ni cómo me llamaba. Luego profesionalmente, no solo no me ha influido, sino paradójicamente mi consulta se multiplicó y he tenido la oportunidad de hacer cosas ahora importantes de desarrollo profesional de las que estoy muy satisfecho. Creo que me vino muy bien salir de la Real, pero no fue la forma adecuada.

En lo deportivo, ¿qué imagen ha visto en el vestuario qué más le marcó?

-Hay cosas tan poco significativas que para mí lo son. En el primer partido con Iriarte tras la salida de Toshack, cuando salían los jugadores por el túnel de vestuario y le grité a Imaz: “Andoni, aurrera!” Luego, me dio un abrazo y me dijo que eso le había motivado de una manera extraordinaria. Con eso te das cuenta de que eres una piecita más y eres también un peso importante dentro de la dinámica del grupo. Recuerdo un partido contra el Valencia en el que Kodro estaba lesionado, con una rotura de fibras en el gemelo. Le puse un vendaje funcional y le hice salir. ¡Y marcó cuatro goles! Cuando anotó el cuarto, vino al banquillo, se bajó la media para enseñar el vendaje y me dedicó el gol. O cuando Sa Pinto en el Bernabéu, estando mi mujer con el cáncer recién operada, metió un gol y vino a dedicármelo.

¿Y el peor?

-Hay dos: en lo que afecta a mi cometido como médico. Cuando se rompió el tendón de Aquiles Kovacevic, que se había operado en Murcia. Yo le había operado de la misma lesión a Rossato. Volvió a su club y le pusieron a jugar, antes de lo que yo le hubiera mandado, pero no le controlaba ya. Pero siguió jugando sin problemas. A Darko le hice esperar dos meses para entrar en un entrenamiento y en el primero se rompió el tendón. Y era un drama. Y ya le operé y se recuperó. Pero ese rato de la portería de la parte sur de Zubieta, hasta entrar a la rampa de garajes, con Antxon y yo llevándole, fue el momento más amargo. Se me pasó por la cabeza de todo. Que se podía retirar. Y luego triste, muy triste, sin duda el regreso de Valencia cuando se consumó el descenso. Veníamos en el autobús, no podíamos ni dormitar, cada uno en nuestro sitio. Fue horrible.

¿Cómo ha acabado su relación con su sucesor en el cargo?

-Cuando llegué estaba Echevarren, un hombre al que yo admiraba mucho, una figura mítica de la medicina y en lo personal le cogí mucho cariño. Para él fue difícil el relevo. Creo que era su momento, tenía problemas en la cadera y no me dio ninguna pena que dejara de trabajar, pero me ponía en su lugar y entendía la nostalgia de un hombre que llevaba 40 años. En la estructura en la que estaba yo, el actual jefe de los servicios médicos (José Mauel González Suso) entró en las categorías inferiores. Le abrimos las puertas de Zubieta e incluso le ofrecimos entrar como socio nuestro en una empresa privada que teníamos Gorrotxategi y yo. Nunca supimos quién lo fichó, él trabajaba en el centro de alto rendimiento de Barcelona y lo trajo algún consejero de la época de Astiazaran. No era traumatólogo, por lo que le aporté todo lo que pude en el tema de lesiones. De primeras no nos gustó que cuando se repartieron las tareas entre Gorabide y Gainditu, se fuera al otro lado. Pero seguimos manteniendo mucho contacto y teníamos muy buena relación, porque me consultaba todas las lesiones de la base. Con la llegada de Badiola, comenzó a deteriorarse ya que le daba funciones que eran mías. No me gustó que sacara pecho con eso. Creo que no fue leal, y que su objetivo era lograr la jefatura de los servicios médicos, para lo que maniobró con los presidentes. Que conste que a lo mejor no tengo razón, con el tiempo he aprendido que lo que a ti te parece, visto desde el otro prisma igual es diferente.

¿Está en buenas manos la Real?

-Me parece buena su actitud en general y que dedica mucho tiempo al club. Tiene que haber pasado momentos muy amargos. Yo creo que está en buenas manos, pero incompletas, que necesita más gente. No me gusta que con los traumatólogos que hay en Gipuzkoa, y no lo digo por mí, que te lleves a tratar a los lesionados con médicos de otras provincias, que son muy buenos, cuando aquí tienes un nivelazo. La única razón que veo es que no quieres estar comprometido ni vigilado. Es mucho más fácil. En lo que respecta a que no sale a dar explicaciones, si se lo consiente el club... Yo siempre he sido partidario de que las cosas, si se explican, se juzgan con fundamento y rectitud. Si ocultas algo, estás dando paso a que se juzgue de una manera errónea. Siempre he sido partidario, en mi vida también, de contarlo todo. Luego si me juzgas mal, igual es que soy culpable, pero si lo dejo a tu imaginación igual me culpas de algo que no es mi responsabilidad. Si el club se lo permite, me parece muy bien, ya me hubiera gustado a mí, porque está mucho más protegido. Creo que el aficionado merece saber más y que si el presidente ha prometido transparencia, debe cumplirlo. Y por supuesto que no paso por alto ni olvido que los médicos también tenemos una clave a cumplir que es el secreto profesional.

¿Le sorprende haya nueve lesionados, muchos musculares?

-No, eso nos ha pasado a todos. A la Real y a otros clubes. Son los resultados lo que hacen que te fijes en eso. Yo también he sufrido a veces plagas de lesiones. Puede ser que a veces no hayamos estado acertados, pero en otras ocasiones el jugador puede estar curado y hay otros factores que le impiden reincorporarse.

¿Con tres operaciones de cruzado corre peligro una carrera?

-Cada lesión es una muesca y deja un recuerdo. Esto puede hacer mermar el rendimiento deportivo y notar que ha pasado algo, pero también tenemos muchos ejemplos de jugadores que han vuelto a jugar después de lesiones tremendas y que han acabado sin problemas su carrera deportiva. Influye mucho la fuerza moral, el empuje, la capacidad de sufrimiento y la fuerza espiritual de cada uno. Se puede recuperar perfectamente.

¿Qué le pasa a Zurutuza?

-A veces no se tienen explicaciones. En el Sanse tuvimos a un jugador que prometía mucho, le consideraban el relevo para los grandes fichajes de la Real: Iosu Ibarra. Le hicimos pruebas de todo tipo, le arreglamos la dentadura, pero no lográbamos recuperarle. Puede haber miles de causas, sean genéticas o que los médicos no hemos sido capaces de detectar. Puede ser que tengan una tendencia psicológica a la lesión, que su fisiología sea más proclive a las lesiones, que tengan mala suerte... A mí me ha pasado que no he dado con la tecla. No sé lo que le pasa a Zurutuza. Los anestesistas nos suelen tener mucho miedo a los pelirrojos porque dicen que somos muy raros. Todo puede ser...

El esguince de Agirretxe parece que va para largo aún...

-Cuando llegué, un entrenador de la base me dijo que conocía a un brujo que conseguía curar esguinces en dos semanas. Yo he tenido a muchos jugadores que han jugado a las dos semanas tras tener un esguince y a otros que no han vuelto a jugar en tres meses. Cada esguince es un caso distinto. Hay muchos factores que provocan que sean diferentes. El de Agirretxe es un esguince importante, de grado II, con bastante rotura de ligamento, es lógico que requiera un periodo largo de recuperación. La imagen demuestra que es casi una luxación, por lo que es lógico que tarde en volver.

Por relacionarlo, ¿hubiese sido mejor operarle a Gorka Elustondo en 2008, en vez del tratamiento por el que recibió muchas críticas?

-Hubo una época en la que todos los esguinces de grado 2 se les operaba y a los dos meses estaban jugando. Luego vimos tras estudios realizados que el resultado era el mismo, y se tomó la decisión de no operar. Creo que también es un error no operar nunca. Algunos deben pasar por el quirófano, porque drenas todos los tejidos y los limpias, y luego suturas y da mayor estabilidad futura, y porque el plazo puede ser aún menor. Nunca se sabe qué hubiese pasado si le hubiéramos operado a Elustondo.


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