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politika

Víctimas y ciudadanos se miran a los ojos

de la mano de gogora, víctimas del terrorismo dialogan con ciudadanos de a pie para armar la memoria y la convivencia

Un reportaje de Humberto Unzueta. Fotografía Borja Guerrero - Viernes, 5 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:13h

Víctimas de violencias de distinto signo y ciudadanos de toda condición compartieron ayer en el Arenal de Bilbao una de esas experiencias casi inéditas que marca un antes y un después en la historia del final de la violencia y el terrorismo en Euskadi. Fueron de la mano a la hora de protagonizar un diálogo sincero y espontáneo sobre la necesidad de construir una memoria de lo sucedido en las últimas décadas en los que este país ha padecido el azote de la guerra, el terrorismo y otras violencias.

Un centenar de personas se acercó a la carpa que el Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos (Gogora) ha habilitado estos días junto a la ría de Bilbao en el marco de los actos organizados con motivo de la exposición Plaza de la Memoria. Divididos en trece pequeños grupos, los ciudadanos conversaron con víctimas sobre la violencia y la necesidad de la memoria. En cada mesa de trabajo una víctima cruzó sus opiniones y vivencias con el resto para entablar una conversación en torno a varias preguntas planteadas por un dinamizador.

La cita reunió a damnificados de la violencia y el terrorismo con historias y vivencias muy duras a sus espaldas. En la mesa de Mari Carmen Hernández, viuda del concejal del PP en Durango Jesús María Pedrosa, asesinado por ETA en el 2000, la conversación fue animándose conforme avanzaban los minutos y se superaban los reparos y temores iniciales de algunos contertulios muy preocupados en no hurgar aún más en el sufrimiento de los afectados. “En nuestra mesa la gente ha estado muy a gusto, incluso los que han sido reticentes al principio le han dado la vuelta a la situación y ha terminado con una sensación agradable y positiva”, relata Mari Carmen a este diario tras finalizar el encuentro.

En la mesa contigua Alex Moreno contaba de forma breve su vivencia como víctima al tiempo que escuchaba atentamente las opiniones la media docena de acompañantes anónimos que le rodeaba. Alex perdió en 1991 a su hermano mellizo Fabio, asesinado por ETA cuando solo tenía dos años de edad por la explosión de una bomba. Casi un cuarto de siglo de aquel drama, este joven de Erandio rememoró su vivencia ante un grupo de ciudadanos. “Estos diálogos sirven para empatizar con la gente y compartir relatos incluso diferentes”. A su juicio, es un ejercicio “constructivo que las víctimas puedan unirse para hablar y que quede constancia la memoria de lo sucedido para que la gente joven como yo lo tenga siempre presente”.

Junto a Mari Carmen y Alex en las mesas diseminadas en el espacio habilitado por Gogora Dori Monasterio, Ivan Ramos, Ana de Benito, Agustín Larrinaga, Javier Batarrita, Luis Ortiz Alfau, Asier González, Abel Uceda o Nerea Batiz también compartían sus testimonios con los ciudadanos de a pie -y algunas personalidades conocidas como el alcalde de Bilbao, Juan María Aburto;el fiscal superior vasco, Juan Calparsoro;el vicario de la Diócesis de Bilbao, Angel María Unzueta;el dirigente de Podemos Lander Martínez;o el excoordinador de Lokarri, Paul Ríos- que quisieron vivir en primera persona una experiencia complicada y sanadora a la vez.

experiencia pioneraNo era la primera vez que las víctimas hablaban en directo y públicamente con gente de la calle. Ya en junio del año pasado hubo en Donostia una experiencia parecida que abrió la puerta a un formato distinto de diálogo entre víctimas y sociedad. En esta ocasión, sin embargo, la novedad residía en que buena parte de los ciudadanos participantes dio el paso de motu proprio y de manera espontánea. Era el caso de Javier Buces, vecino de Bilbao que quería mirar a los ojos a las víctimas y escuchar su relato de su boca. “Me quedo con la escucha activa y pasiva, el saber escuchar y sentirse escuchado. No me había creado mucha expectativa, pero salgo muy satisfecho de esta experiencia. Cada uno ha tenido su vivencia de la violencia que ha azotado este país. Yo he querido transmitir la mía. El relato es necesario transmitirlo no solo en un plano intelectual, sino también desde las vísceras, desde la vivencia de cada uno, y eso solo se consigue hablando”.

La donostiarra Maider Martiarena dinamizó una de las mesas de diálogo y terminó la sesión satisfecha con lo que ha visto y oído. “Esto ayuda a crear memoria, para que la violencia no vuelva a nuestras vidas. Son necesarios este tipo de espacios que dan cabida a relatos diferentes y verdades diferentes”, apostilló.


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