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Sánchez: “Esto empieza bien”

El líder del PSOE arranca satisfecho un proceso negociador que choca con la realidad aritmética, la obligación de escoger entre apoyarse en Ciudadanos o Podemos, y las aspiraciones programáticas y partidistas de las formaciones

Igor Santamaría - Jueves, 4 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:13h

Pedro Sánchez, recibido ayer con aplausos por sus compañeros del Congreso y el Senado.

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Pedro Sánchez, recibido ayer con aplausos por sus compañeros del Congreso y el Senado.

Donostia- “Esto empieza bien”. Con esta frase resumió el líder del PSOE, Pedro Sánchez, el balance de la primera jornada de conversaciones con Coalición Canaria, IU y Compromís. Sánchez dice encarar con fe el desbloqueo de la “cuarentena” arrastrada desde el 20-D fruto del “inmovilismo” de Rajoy, y asegura que lo hará mirando a izquierda y a derecha seguro de “no defraudar” las expectativas, un mensaje de tranquilidad ante la espiral de demonización que el PP hace ya del posible “gobierno radical” que podría conformarse. “Se puede gobernar desde la moderación”, evaluó el dirigente socialista, que, al menos y hasta la fecha, ha logrado que el PSOE recupere una iniciativa que entregó en 2010, cuando un taciturno Rodríguez Zapatero acudió al Congreso para renunciar a su política económica, presionado por los poderes internacionales ante el desbocado aumento del déficit público español. Sánchez ha recuperado esa batuta curiosamente cuando buena parte de su partido sopesa cómo liquidarle y en un contexto de emboscadas.

Pero mientras tanto, Podemos ya ha puesto el grito en el cielo al contemplar la elección de Ciudadanos como socio preferente en las negociaciones. El partido de Albert Rivera quiere implicar a un PP sin Mariano Rajoy para que la formación de Pablo Iglesias no ejerza de árbitro. Los independentistas catalanes no piensan mirar a otro lado para que gobierne un PSOE reacio al derecho a decidir… “España -según Sánchez- respiró aliviada” cuando el rey Felipe de Borbón le encomendó intentar formar gobierno, pero el mes que le aguarda al secretario general de los socialistas no tiene hueco reservado al descanso si quiere sortear los obstáculos programáticos e ideológicos, amén de los numéricos, para configurar un Ejecutivo, bien monocolor bien en coalición, merced al beneplácito de la mayoría de contendientes.

El enrevesado panorama ha puesto de moda el pactómetro. ¿Con quien, cómo, bajo qué exigencias y cuándo podrá plasmar el dirigente socialista una pretensión rayana en lo imposible? En su agenda tiene marcada para la matinal de hoy su reunión con Rivera, relegando a mañana el encuentro con Pablo Iglesias, con la excusa de que la ronda de contactos que arrancó ayer con Coalición Canaria, Nueva Canarias, IU y Compromís se gesta de menor a mayor, pero a nadie se le escapa que el feeling de Sánchez con Ciudadanos goza de mayor atracción que con los miembros de Podemos tras el cruce de reproches desde que el líder morado lanzara su oferta de alianza con puestos y carteras ya marcadas, y de que al no recibir respuesta desde Ferraz se haya dedicado a descalificar el proceder socialista, aunque sea en el partido de los círculos donde halle la puerta más entreabierta hacia el sillón de la Moncloa. Si el secretario general del PSOE explora la vía naranja sabe que se topará con la negativa de Podemos a abstenerse, aunque Rivera no descarta que sea el PP quien al final decline su postura de rechazo y permita un gobierno de cambio con tintes constitucionalistas con tal de que Iglesias y su núcleo duro no accedan a puestos de relevancia. “España saldría de la alianza contra el terrorismo islamista”, advirtió, por ejemplo, el ministro de Asuntos Exteriores en funciones, José Manuel García Margallo. Sin embargo, Rajoy, principalmente él, que no el sector crítico de Génova, no está dispuesto a ceder el trono para que se haga con el liderazgo un “gobierno de perdedores” al que superó en las urnas.

Si por el contrario Sánchez abraza el consenso con Podemos, es consciente de que, además de los dardos internos que impactarán en su cuerpo por parte de la vieja guardia socialista y de un buen puñado de barones;Ciudadanos se negará en rotundo a ponerle alfombra roja hacia la elección en tanto que no admite entrar a discutir cualquier reforma que afecte al esquema territorial, y mucho menos la consulta que persiguen las confluencias de la marca morada. Para más inri, el candidato socialista necesitaría del respaldo de las fuerzas minoritarias, y que ERC y Democràcia i Llibertat se plieguen a la abstención o decidan ausentarse del debate de investidura para que cuadren los números a favor del giro a la izquierda, postura que seguramente para Ciudadanos escondería alguna concesión inasumible.

obligado a definirse“Millones de ciudadanos quieren que el PSOE esté a la altura de las circunstancias y propuestas de verdad”, explicitó ante lo suyos Sánchez, arremangado en su cometido y con Rajoy de espectador, agazapado, y no menos esperanzado en el descalabro negociador de su oponente. Desde la filial catalana de Podemos, Xavier Doménech se indignó ya por la forma en la que “el candidato Sánchez” está afrontando el proceso de investidura, con una ronda más propia de un “jefe de Estado” que la de un aspirante a presidente, apremiándole a definirse acerca de sus socios preferentes para afrontar conversaciones concretas sobre un programa para gobernar. Es decir, que tendrá que elegir entre la disyuntiva de Podemos o Ciudadanos. Hay materias legislativas referentes a la regeneración democrática, lucha contra la corrupción o la reforma de la ley electoral donde estas fuerzas aunarían esfuerzos, pero otras, entre ellas las que atañen a la unidad territorial o el derecho a decidir, que se convierten en una sima.

Rivera cree que en breve podrá averiguar los límites de un hipotético consenso con Sánchez;e insiste en que al PP le toca “proponer” y no enrocarse en la figura de Rajoy “y en su agenda” si no quiere ver a Podemos lidiando con “tres referendos de autodeterminación” o con la cartera de Economía esté en sus manos. “Eso no entra en nuestro modelo territorial y de sociedad”, concretó. Y es que a expensas de que el PSOE fije hasta dónde alcanza su reforma constitucional, Ciudadanos sitúa como innegociable “la igualdad de los españoles y la unidad de España”. Paralelamente, Podemos, además de la defensa de la plurinacionalidad y un reparto proporcional de ministerios, desea incluir en la Carta Magna la prohibición de puertas giratorias;revertir el artículo 135 -Sánchez plantea mejorarlo pero no derogarlo-;tumbar la reforma laboral, la Lomce o la Ley de Seguridad Ciudadana;y propulsar iniciativas sociales que coinciden con las socialistas. Con todo, ERC, según Joan Tardà, minimiza las posibilidades de avenirse a apoyar a un Sánchez que “debería volver a nacer para asumir que los catalanes tenemos derecho a decidir. Aún así no lo diría”. Democràcia i Llibertat -dice Francesc Homs- ve “bastante improbable” allanarle el camino.

En esta tesitura, Sánchez necesita sacarse un conejo de la chistera para atraer a unos, seducir a otros y convencer al resto de la necesidad de poner en marcha la legislatura con él al frente, Falta poner nombres a esos acompañantes, y contenido a los posibles sacrificios y concesiones en favor de un pacto que, de no fraguarse, puede volatilizar al líder socialista.


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