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Tribuna abierta

¡Vaya lío!

Por José Antonio Bueno Olivares - Miércoles, 3 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:12h

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Si en la crisis aprendimos que los cisnes negros eran eventos impredecibles que podían cambiar el rumbo económico, ahora el entorno es tan complejo que podemos visualizar auténticas bandadas.

Pensaba titular este artículo de manera sesuda, como corresponde a una opinión se supone que fundada emitida a comienzos de año con pretensión de anticipar lo que va a ocurrir en el terreno económico en los meses que tenemos por delante;pero cualquier amago de predicción está condenado al fracaso porque todo puede pasar, desde irnos muy bien a que la recuperación económica se nos vaya por el desagüe, por lo que no se me ocurre mejor título que la descripción del momento en el que nos encontramos: un lío monumental.

De manera más formal podríamos definir el escenario actual como un escenario VUCA (Volatile, Uncertain, Complex and Ambiguous), es decir, Volátil, Incierto, Complejo y Ambiguo. Carecemos de certezas firmes y todo, o casi todo, puede pasar.

Comencemos por lo positivo y razonablemente seguro. De entrada, dejamos 2015 con un crecimiento de nuestra economía superior al 3%, impulsado por el consumo interno, lo que nos da una inercia positiva. No es, ni mucho menos, mala noticia porque si las cosas se tuercen no será de manera inminente, por lo que cuando menos el saldo estadístico de 2016 es muy probable que sea positivo, aunque ya hace tiempo que estamos acostumbrados a que entre la estadística y lo cotidiano medie bastante distancia. Y, además de esta inercia positiva, la economía seguirá animada por un petróleo y por un dinero baratos. Que el petróleo esté en precios de antes de comenzar su loca escalada es bueno para una economía dependiente de él y que lo importa. Y tener los tipos de interés por los suelos gracias a los estímulos del BCE es bueno para impulsar la economía. Pero incluso estos elementos positivos para la economía presentan también su lado negativo.

Si el petróleo sigue bajando, no solo sufrirán las petroleras y sus accionistas sino que los países productores tendrán problemas para cuadrar sus cuentas. Además de las tensiones geopolíticas que pueden derivarse del empobrecimiento de Irán, Venezuela o Nigeria, la caída de ingresos en las petromonarquías del Golfo Pérsico pueden generar desequilibrios internos pero, también, efectos globales en las inversiones de sus fondos soberanos. Qatar, Emiratos Árabes o Arabia Saudí tienen inversiones en medio mundo que en caso de necesidad querrán liquidar. Y si tienen necesidad de liquidez podrá sufrir el mercado inmobiliario de las principales ciudades del mundo, los grandes clubes de fútbol o grandes empresas de las que son accionistas relevantes, desde Mercedes a Cepsa pasando por el mismísimo El Corte Inglés.

Los tipos bajísimos del dinero promovidos por la intervención del BCE son excelentes para estimular la economía de la zona, pero el dinero tan barato puede generar problemas colaterales quién sabe si mayores que las ventajas que persigue. Los tipos tan bajos son la gasolina que necesitan las burbujas especulativas para crecer. Ya hay síntomas de inversiones de alto riesgo que no siempre acabarán bien, desde los bonos basura, inflados y con síntomas de frenazo, a capitalizaciones por las nubes de empresas sin ingresos, lo mismo que hizo que al principio de la década hablásemos de la crisis de las puntocom. Y todo esto sin hablar de los pobres resultados de los bancos, que pelean por un retorno al accionista del 5%, algo insuficiente para atraer el nuevo dinero que necesitan en sus planes de recapitalización. Es más que probable que en 2016 veamos de nuevo compras de unos bancos por otros no porque les falte capital sino porque sus resultados no sean suficientemente atractivos para los mercados.

Pero si lo que todos damos por bueno para la economía (petróleo y dinero barato) tiene riesgos, existen muchas incertezas que tienen toda la pinta de convertirse en realidades negativas. Si en la pasada crisis aprendimos que los cisnes negros eran eventos impredecibles que podían cambiar significativamente el rumbo económico, ahora el entorno es tan complejo que podemos visualizar auténticas bandadas de cisnes negros. Ahí va mi aportación a las predicciones apocalípticas.

Tampoco pensemos que Spain is different en esto. En 2016, Reino Unido puede plantear seriamente su salida de la Unión Europea o en Estados Unidos puede llegar a la presidencia un populista de tomo y lomo como Donald Trump, sin olvidar que en Francia antes o después el ultraderechista Frente Nacional puede llegar a gobernar. La política parece que está en una esfera diferente al pragmatismo necesario para el crecimiento económico.

Decenas de eventos impredecibles… pero probables. No cabe duda de que estamos en un mundo hiperconectado y cualquier problema local se puede convertir en global en cuestión de minutos. Las catástrofes naturales, cada vez mayores, impactan inmediatamente en los mercados de materias primas o en la cotización de las aseguradoras, cada vez dependemos más y más de la tecnología por lo que las consecuencias de un ciberataque masivo serían demoledoras, las personas no paramos de viajar, lo que facilita la expansión de las pandemias… quien quiera dibujar un escenario apocalíptico con elementos conocidos lo tiene tremendamente sencillo.

Pero estamos en el comienzo de un nuevo año, estamos dejando atrás la crisis y debemos ser optimistas. Es verdad que el mundo es cada vez más complejo, pero no es menos cierto que el ser humano es un animal que se adapta a todo. Seguro que saldremos de esta y 2016 será ¡mejor que 2015!

Si lo que todos damos por bueno para la economía (petróleo y dinero barato) tiene riesgos, existen muchas incertezas que tienen toda la pinta de convertirse en realidades negativas


Occidente se ha equivocado, y mucho, al valorar el papel de China en la economía mundial. La economía china no es, ni mucho menos, una economía de mercado


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