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Colaboración

Por un empleo digno y justo

Por Etikarte - Martes, 2 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Se dice que estamos saliendo de la crisis económica, no lo sabemos con certeza, pero como indican bastantes estudios fiables, la crisis social no ha hecho más que empezar. El desempleo tardará aún varios años en llegar a unas cifras “razonables” y las formas de empleo más abundantes podrían precarizarse más en los próximos años. Dando algunas cifras: del total de parados, en el año 2006, un poco antes de comenzar el actual periodo de crisis, en la CAV, eran 30.380 las personas oficialmente consideradas como difícilmente empleables;pasan a 34.813, en 2010 y son ya 114.147, a finales de 2013, lo que conlleva una pobreza material, paliada en parte por la Renta de Garantía de Ingresos (RGI) o prestaciones del tipo Ayudas de Emergencia Social (AES) o Prestación Complementaria de Vivienda (PCV).

En estos años de crisis, las desigualdades salariales han aumentado de manera escandalosa bastantes veces. Los elevados ingresos de algunos dirigentes de importantes empresas o sociedades se han visto multiplicados a pesar de las dificultades financieras en que, en algunos casos, dichas empresas se han visto inmersas, a veces con responsabilidad de estos mismos dirigentes. Además de crear dificultades a la hora de retribuir a sus empleados, estas injusticias generan un agravio comparativo insoportable para toda la sociedad y especialmente para los trabajadores directamente afectados.

A raíz de la nueva situación económico financiera creada por la crisis, se ha optado por adaptar a la baja las condiciones laborales para la gran mayoría del mundo del trabajo. Ha habido numerosos casos en los que la dirección de la empresa y los empleados han decidido de mutuo acuerdo disminuir de manera importante los sueldos, durante el periodo de crisis, para salvar la empresa. Y lo han conseguido para bien de todos. Pero también hay que reconocer que una gran parte del mundo empresarial, aprovechándose de las nuevas circunstancias del mercado laboral (un desempleo superior al 20%), ha creado empleos muy precarios y con un nivel de retribución absolutamente indignos para toda persona, aunque sean legales. Todo ello para mayor ganancia de unos pocos beneficiados.

También esta situación ha favorecido la incorporación al mundo del trabajo de un importante contingente de personas inmigrantes, en condiciones infrahumanas, aprovechándose de su situación de precariedad y total inseguridad.

En muchos centros de trabajo, independientemente del nivel salarial de los empleados, se ha llegado a crear un ambiente de trabajo que dista mucho de la fraternidad o simplemente de condiciones mínimamente humanas. Seguramente todos tienen parte de responsabilidad por haber llegado a esta situación, pero no la misma, pues no todas tienen la misma capacidad de decisión o están en similar situación. La ansiedad creada por la espada de Damocles del despido o de los ERE, la presión en el trabajo por responder a un mercado cada día más exigente, la codicia de algunos empresarios por conseguir rendimientos máximos, etc. son causas que han conducido a esta situación. Generalmente se suele hablar exclusivamente de las injusticias de los niveles salariales, pero la cuestión relativa al clima de trabajo o del temor a perderlo, seguramente influye aún más en su dignidad personal.

Simultáneamente constatamos que un buen número de empleos en la CAV no son cubiertos por nuestra propia población, debido a distintos motivos. Nuestra sociedad, nuestras familias menosprecian ciertos empleos a veces por estar poco remunerados pero otras muchas veces por considerar que socialmente están poco valoradas. Este es a menudo el caso de muchos puestos de trabajo de artesanos u oficios (linterneros, albañiles, electricistas, carniceros, empleados de comercio, etc.) que no encuentran respuesta entre nuestra juventud.

Por otro lado, nos empeñamos en dar a nuestros hijos una formación posiblemente inadecuada para el mundo del trabajo que les espera. El porcentaje de universitarios en la CAV, en comparación con otros países, es seguramente muy elevado. En este momento, nuestro mundo industrial precisa de excelentes técnicos de nivel superior formados, teórica y prácticamente, en nuestros Centros de Formación Profesional que son ejemplo en muchos otros países. Sin embargo, estas plazas no se cubren. La responsabilidad puede ser de la Administración en general, pero también lo es sin duda alguna de nuestras propias familias y de nuestra sociedad, que no promociona suficientemente estos puestos de trabajo.

También algunos jóvenes, o menos jóvenes, se ven abocados a abandonar sus pueblos para buscar un empleo en la Unión Europea. Sin duda, ello supone un importante sacrificio, a veces doloroso. Pero si ese “exilio laboral” es temporal, también puede considerarse positivo pues, para empleos técnicos, en muchos casos, suele ser en condiciones aceptables y constituye una excelente ocasión de ampliar la formación.

Somos conscientes de cómo las importantes modificaciones en la economía mundial influyen en una gran parte de los empleos. Sin embargo, siempre será necesario exigir prioritariamente el respeto a la dignidad humana del trabajador.


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