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Distintos juntos

Por Juan José Goñi Zabala - Martes, 2 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:11h

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Las dificultades para articular un acuerdo poselectoral revela los problemas de organización a partir del “iguales juntos”. ¿Y si nos organizáramos sobre la base del “distintos juntos”?

No es una propuesta para distribuir los escaños del Parlamento, pero podría ser una posibilidad con algunas ventajas. Si en lugar de que sean los partidos las agrupaciones físicas de proximidad fueran los territorios, mejoraría la representatividad de los ciudadanos y también las relaciones entre diputados de distintos partidos. Pero no es este asunto el que nos mueve a compartir esta reflexión sobre cómo nos agrupamos, y que es de aplicación muy extensa en muchos aspectos de lo estratégico y también de lo cotidiano.

Nunca hasta ahora hemos sabido tanto de los que están lejos y nunca hemos compartido tantas cosas con los que no conocemos. Es la consecuencia del desarrollo de las capacidades de los medios de comunicación y de transporte, que siguen creciendo y creando un mundo híbrido y cada vez más homogéneo, en cultura y modos de vida. Antes no era así. Venimos de tiempos mas remotos donde el aislamiento geográfico natural, en ausencia de estos medios tecnológicos, fue conformando grupos humanos específicos y muy bien ajustados al medio natural en el que vivían, construyendo modos sociales diferenciales que dieron lugar a grupos culturales hoy reconocibles en los idiomas, los modos de vida y los rasgos culturales específicos.

Así fueron creándose los grupos aislados de iguales juntos, iguales en cultura, en idioma, en modos de producción y en identidad asociada a la defensa de un territorio. Para algunos esto es un modo de ser antiguo y es cierto que era así por necesidad, ya que otra forma de ser no hubiera permitido subsistir a aquellas poblaciones en medios territoriales tan distintos como los existentes a lo largo y ancho de la geografía del planeta.

Un poco mas cerca en la historia, apreciamos otro fenómeno técnico que fue la revolución industrial, que conduce a logros de alta eficacia vía la especialización. Así se construye la organización empresarial y social sobre el pilar de “iguales juntos”. Los que saben lo mismo o hacen lo mismo cubren trabajos fragmentados más simples dentro de una labor compleja. La organización empresarial y la social se dotan de departamentos, de especialistas y de funcionarios -“que cubren una función”-. Por ello necesitamos alguien que previamente dibuje este entramado, y así tenemos a los dirigentes y mandos que definen los grupos de iguales, su dimensión, sus funciones y resuelven los conflictos que inevitablemente surgen ante lo imprevisto.

Este pensar y resolver todo con el “iguales juntos”, nos conduce a situaciones muy problemáticas en ámbitos como la educación, la salud, los servicios públicos, la cultura donde el sentido de lo igual está muy mermado por la singularidad de los individuos, las personas. Por ejemplo, en una clase de 30 alumnos, hay gran diversidad entre alumnos en la personalidad, en modos de aprender y en intereses por los contenidos, y es ilusorio pretender que todos sean iguales, para que sigan un común de actividades. La transformación de estos trabajos, con foco en la persona, hacia modelos mas personalizados con alto valor en la calidad de vida, será seguramente la mayor fuente de empleo en los días venideros. En otros contextos donde el trabajo más simple y repetido -el de iguales juntos- abunda, será trasladado a los sistemas informáticos y robóticos que estamos conociendo.

Así ocurre que cualquier modalidad de agrupación de recursos, personas u organizaciones obedece a este “iguales juntos” como vemos en los organigramas de cualquier institución publica o privada, en las asociaciones de ciudadanos, en los clubs deportivos, en las universidades, en los partidos políticos, en las asociaciones culturales y en el interior de todas ellas. La asociación, en sus diferentes formatos, tiene siempre sesgos defensivos y lo podemos comprobar en las reivindicaciones de cualquier colectivo agrupador de iguales. Siempre tiene un foco enemigo formado por otra agrupación o institución que compite por recursos o mercados. La propia reivindicación es el acicate de la confrontación sistemática externa, para lograr el sentido de cohesión interna. Así se instalan relaciones endémicas de tipo pierde-pierde entre grupos de iguales. “Yo me fastidio, pero el otro mas” es un penoso consuelo, pero abunda mucho.

Sin embargo sobre esta base defectuosa, abundan las buenas intenciones de trabajar en equipo, de cooperar entre distintos, en dar valor a la diversidad para aprovechar las capacidades complementarias de las personas. ¿Pero por qué, si esto es tan importante, cuando nos hemos estructurado lo hemos hecho juntando iguales?

Añadamos a esta enorme inercia instalada, el sentido de la igualdad de derechos que en su aplicación forzada y extensiva a grandes colectivos lleva al pensamiento equívoco y dogmático de que todos somos iguales.

Es decir la organización tribal de nuestros orígenes, la revolución industrial y la adopción de derechos sociales nos refuerzan un modelo de ser, donde lo habitual y pretendido es el “iguales juntos”. Esta forma de agruparnos para hacer las cosas tiene sus ventajas como la eficiencia y la comodidad de sentirse entre próximos, pero conduce a una solución estándar propia de lo gregario, al liderazgo jerárquico por el poder que nos organiza, a la competición como medio de relación, y a la limitación del pensamiento crítico y constructivo. En muchas ocasiones nos conduce a la posición defensiva del grupo de iguales que cierra filas ante los problemas en sus intereses gremiales, y se enfrenta a otros grupos competidores, al cambio y a la solución más abierta o novedosa.

En la otra cara de la moneda podemos ver otra realidad, donde todos nos vemos y valoramos como distintos, donde no hay dos personas iguales. Cada vez es mas evidente que ante los problemas que nos rodean -cada vez mas complejos- necesitamos cooperar entre especialistas distintos, es decir incluir el “distintos juntos” en nuestra forma de ver las cosas y de organizarnos para trabajar de continuo con otros que piensan, sienten y saben muy distinto. Se trata de inventar y ahondar en las relaciones gana-gana, que se construyen entre distintos juntos, y que son las que permiten el progreso y la innovación sostenida.

La coexistencia de estos dos modos de pensar y ser en la acción cotidiana, “iguales juntos” o “distintos juntos”, nos conduce a espacios de confrontación defensiva y de retención de la innovación por una parte y a la apertura de nuevos espacios de soluciones ingeniosas y valiosas de nuestros problemas por otra. Hoy por hoy, lo primero es la norma y lo segundo la rara excepción. Las tendencias dominantes - gigantismo y homogeneidad- están mermando la diversidad tan imprescindible para construir lo nuevo, en beneficio de la eficiencia y de la economía de escala.

Este delicado equilibrio entre reducir el dominio sostenido -eliminar relaciones gana pierde-, aumentar la diversidad -creando especialistas- y fomentar el trabajo cooperativo entre distintos -para resolver problemas complejos-, es el triciclo que nos permitirá navegar en un espacio futuro donde interdisciplinaridad, complejidad y creatividad deben convivir creciendo y realimentándose. No basta con igualar a todos en los derechos, no basta con crear riqueza a cualquier precio, no basta con repartirla mejor o compartirla. “Iguales juntos” y “Todos somos iguales”, son dos principios insuficientes si aspiramos a una sociedad más inteligente, social y progresista.

Por el contrario, distintos juntos, fomentar activamente la diversidad y construir lo nuevo con la diferencia, son otros planteamientos que refuerzan la identidad en lo personal de cada uno y de los colectivos, permiten valorar lo diferente en el otro, y por ello construir en espacios de relación gana-gana. En estos días de revuelo ¿No se le ocurre a nadie que los parlamentarios de distintos partidos estén mezclados en las sillas del Parlamento? ¿Para qué los organizamos, para combatir o para construir? ¿Decimos que hay que dialogar y nos posicionamos para la confrontación de las bancadas desde el “iguales juntos”?

Evidentemente estamos muy lejos de esto, pero cada día damos pasos en una o en otra dirección. El futuro, se parecerá al camino que hoy tomamos eligiendo entre estas opciones personales y colectivas, y tal vez, el “distintos juntos” nos abra muchas mas opciones que el “iguales juntos” al que estamos tan acostumbrados como lo mejor. Y seguramente aquellos pueblos y personas que aprendan sacando partido a este nuevo modo de relación y que logren desarrollar la cooperación profunda y de verdad, serán los líderes en sociedades donde el bienestar de la persona, el conocimiento y la solución colectiva de problemas sean los factores de éxito.

Ante los problemas que nos rodean necesitamos cooperar entre especialistas distintos, es decir incluir el “distintos juntos” en nuestra forma de ver las cosas y de organizarnos


¿No se le ocurre a nadie que los parlamentarios de distintos partidos estén mezclados en las sillas del Parlamento? ¿Para qué los organizamos, para combatir o para construir?


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