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Alex Salmond, el sueño de la independencia nunca muere

Alex Salmond recibirá hoy el premio Sabino Arana por su liderazgo en el referéndum escocés. Un sueño, el de la independencia de Escocia, que, un año y medio después, asegura que se encuentra mucho más cerca.

Un reportaje de J. García - Domingo, 31 de Enero de 2016 - Actualizado a las 06:14h

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Escocia se encuentra en el umbral de hacer Historia. Los ojos del mundo están en Escocia. Y lo que el mundo está presenciando es un debate articulado, pacífico y enérgico”. Con estas palabras, Alex Salmond (Linlithgow, 1954) anunciaba el acuerdo de Edimburgo con David Cameron por el cual Escocia pudo decidir en septiembre de 2014 su futuro. Un año y medio después, su exministro principal recibirá hoy el Premio de la Fundación Sabino Arana. Su labor ya quiso ser reconocida la pasada edición de los premios, pero, ante la imposibilidad de poder recoger el galardón en persona, el patronato de la Fundación optó por dejar desierto el mismo.

Doce meses después, la Fundación Sabino Arana decidió que el galardón vuelva a recaer en la figura de Alex Salmond por su “liderazgo en un proceso democrático y dialogado que quedó plasmado en el referéndum escocés”. Y es que el actual diputado del SNP en el Parlamento de Westminster “consiguió institucionalizar un cauce para la libre expresión de la voluntad de los escoceses y sus legítimas aspiraciones democráticas”.

Un premio que, según ha confesado esta semana en una entrevista en Euskal Telebista, lo recibe con “un gran honor ya que supone un reconocimiento a la política y la forma de alcanzar las aspiraciones de un pueblo de forma pacífica”. Se refiere, claro está, al histórico referéndum del 18 de septiembre de 2014 cuando el pueblo escocés pudo decidir libremente su futuro. Entonces ganó el no a la independencia del Reino Unido (55,4% frente al 44,6%) y, al día siguiente, Alex Salmond presentó su dimisión. Se pensaba entonces que se ponía fin a una de las carreras políticas más brillantes de la política escocesa. No en vano, llevó al Partido Nacionalista Escocés (SNP) a obtener 47 escaños en las elecciones de 2007 y a ser elegido ministro principal gracias al apoyo de Los Verdes. Cuatro años más tarde, obtuvo 69 diputados y esa victoria permitió la celebración del referéndum. Sin embargo, tras su renuncia al perder el mismo, en 2015 obtuvo un asiento en la Cámara de lo Comunes de Londres con un resultado histórico para su partido (56 de los 59 diputados en juego). Un resultado que, según Salmond, demuestra que los escoceses son, un año y medio más tarde de la consulta, más independentistas: “Fue la reacción del pueblo a que Westminster no había cumplido lo prometido en la última semana de campaña cuando prometieron la luna y las estrellas al pensar que iban a perder Escocia”.

Y es que Salmond se queja amargamente de que las promesas solemnes de David Cameron de ofrecer más autonomía han quedado en papel mojado. “Cameron ha hecho lo que hace un ministro conservador, no cumplir. Sólo nos han dado algunas ampliaciones de los poderes que ya teníamos, lo que se queda muy corto de lo que nos prometieron en campaña. Es más, quieren quitarnos poder financiero y por eso la gente ha dicho basta”, recuerda Alex Salmond.

Su influencia se extiende más allá de Escocia, tanto que los medios de Londres le consideran como uno de los políticos más brillantes. Su dimisión fue un shock para los nacionalistas escoceses, pero su rápida decisión de pasar el testigo a la siguiente generación permitió que el partido se volviera a reagrupar en torno a su vicepresidenta, Nicola Sturgeon. Precisamente, en la figura de Sturgeon está la decisión de intentar convocar o no un nuevo referéndum de autodeterminación. En mayo, hay elecciones al Parlamento escocés y Salmond no quiere adelantar nada: “La decisión está ahora en manos de Nicola. Ella tiene que decidir pero va a estar muy unido a lo que pase en otro referéndum, el que va a convocar Cameron sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Desde luego, si el Reino Unido decide salir de la UE en contra de la voluntad de Escocia, entonces es seguro de que se convocará un segundo referéndum”. Y es que Salmond es un europeísta convencido. Por eso, confiesa que espera que la nueva Comisión Europea sea más tolerante en este tema que la anterior y adopte una postura “más inteligente” porque “si no se permite que un pueblo se exprese y no se respeta lo que dice, entonces la UE no tiene ningún futuro”.

Y es que, frente a lo que dicen muchos políticos en Madrid, Alex Salmond no comparte la afirmación de que la independencia fractura a una sociedad. Todo lo contrario y recuerda que ellos plantearon que cualquier persona que viviera o trabajara en Escocia pudiera votar, fueran de donde fueran. “Esto no se va a hacer en el referéndum sobre la salida del Reino Unido y eso excluye a una parte importante de la sociedad”, recuerda Salmond.

Acuerdo de EdimburgoEsa influencia de Salmond traspasa ya las fronteras del Reino Unido, aunque a él le gusta ser prudente cuando se le pregunta por las aspiraciones de vascos o catalanes. No quiere mojarse si, como pronosticó el lehendakari Ibarretxe, en 2030 Euskadi, Catalunya y Escocia serán naciones independientes reconocidas por Naciones Unidas. “No sé lo que pasará con vascos o catalanes -esta semana ha hablado con el nuevo presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont- porque no lo conozco pero sí sé que Escocia será independiente porque no se puede legislar contra la voluntad de un pueblo. Es un problema de envergadura el que la otra parte no acepte la celebración de una consulta. No fue fácil convencer a Cameron de que había que hacer una consulta. Esta semana he estado en Estrasburgo y un miembro austriaco del Consejo de Europa ponía de ejemplo el Acuerdo de Edimburgo. Ojalá este acuerdo sirva para otros países”, afirma.

Vehemente, tozudo, Alex Salmond se crece en el cuerpo a cuerpo, le gustan los debates. Para sus contrincantes, se trata de un político populista, que ha creado un relato sin ideología, para otros es el nuevo padre de la patria escocesa, que no sólo se emociona con la Historia -“mi abuelo me enseñó cómo debían ser las cosas, más que cómo eran”, cuenta Alex Salmond- y la Economía -dejó en 1980 un puesto en la Administración del Estado para trabajar en el Royal Bank of Scotland, curiosamente, la misma entidad financiera que en plena campaña del referéndum anunció de que trasladaría su sede a Londres si Escocia se separaba-. Entre los muros de este poderoso banco -que tuvo que ser rescatado durante la crisis financiera- se convirtió en un economista experto en petróleo. De hecho, Salmond basó en el petróleo y en el gas del Mar del Norte la columna vertebral que haría viable la independencia. Pero, además de la historia y la economía, Salmond disfruta jugando al golf, viendo partidos de fútbol, en especial de los Hearts, un equipo de Edimburgo, y asistiendo a las carreras de caballo. Y siempre, a su lado, su mujer Moira, 17 años mayor que él. Juntos, esperan que se cumpla el título de su último libro: The dream shall never die (El sueño nunca morirá),y cuya traducción al euskera, Ametsa ezin da sekula hil,se presenta mañana en Sabino Arana Fundazioa.


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