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“Llevamos muchos años aguantando;ahora les toca a otros”

Los vecinos del barrio de Elosiaga de Azpeitia reclaman el cierre definitivo del vertedero de Lapatx

Iraitz Astarloa Ainara Garcia - Jueves, 28 de Enero de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Dos camiones vierten basura en la mañana de ayer en las instalaciones de Lapatx, cuya continuidad se decide esta semana.

(Ainara García)

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Dos camiones vierten basura en la mañana de ayer en las instalaciones de Lapatx, cuya continuidad se decide esta semana.

azpeitia- En vísperas de que la Diputación de Gipuzkoa y la Mancomunidad de Urola Erdia tomen una decisión sobre el futuro del vertedero azpeitiarra de Lapatx, los ánimos están caldeados en el barrio de Elosiaga, donde decenas de familias conviven a escasos cien o doscientos metros del depósito de basuras. Llevan casi 30 años sufriendo los malos olores, la presencia de ratas y el trasiego de camiones, por lo que consideran que ha llegado el momento de clausurar esta infraestructura y dar otra solución a la basura de Gipuzkoa. “Llevamos muchos años aguantando;ahora les toca a otros”, coinciden los vecinos.

El vertedero de Lapatx comenzó a funcionar en 1988, cuando nació para dar servicio a los municipios de Aizarnazabal, Azkoitia, Azpeitia, Beizama, Bidania-Goiatz, Errezil y Zestoa, quienes conforman la Mancomunidad de Urola Erdia. Sin embargo, la gestión de los residuos de los últimos años le ha llevado a convertirse en el vertedero de Gipuzkoa, teniendo que asumir sobre sí 165.000 toneladas de basura en el último año. Un situación que los vecinos califican de “insoportable” y que no están dispuestos a mantener durante mucho más tiempo.

“Ya es hora”, afirma Jesus Renteria, del caserío Gerratxiki Berri, consciente de que el cierre del vertedero está siendo debatido estos días en los despachos. “Sabemos que es una cosa que no depende del Ayuntamiento, sino de la mancomunidad y de la Diputación, pero lo que queremos es que lo cierren. Aquí tenemos muy mal olor cuando hay nubes bajas y niebla, o en días de viento sur y calor, además de ratas. Esperamos que cuando se cierre el vertedero todos estos problemas desaparezcan”, afirma este vecino.

A escasos metros, Pili Arruti, del caserío Sagastigain, confirma todas las molestias que llevan años sufriendo. “Ya desde por la mañana, desde la cama, se nota el olor, aunque toda la casa esté cerrada. No sabemos por qué hueco entra pero la casa huele y es muy desagradable”, afirma.

Al olor se suma la preocupación por que esta situación repercuta en la salud de los vecinos. “Claro que estamos preocupados. Esto no puede ser bueno”, coinciden Arruti, Trini Odriozola y Miren Odriozola.

A todo ello se suma la presencia de ratas. Aunque ha causado grandes problemas, actualmente está relativamente controlada gracias a que las quejas de los vecinos hicieron que el Ayuntamiento contratase una empresa de desratización. Esta batió la zona y echó veneno, reduciendo la presencia de roedores. “Un día llegamos a casa y el perro estaba subido al tejado de su caseta asustado porque estaba rodeado de ratas del tamaño de conejos”, afirma Miren Odriozola, que celebra que “al menos nunca nos han entrado en casa”.

Pero esta situación no afecta únicamente a domicilios particulares. El restaurante Sagasti Zahar se encuentra a escasos 100 metros del vertedero. “Qué te voy a contar si tenemos espacio para más de 200 mesas y alrededor de 100 son de terraza”, expone su cocinero, Egoitz Azkoitia, que reconoce que ha habido clientes que han advertido con no volver a causa del mal olor.

“De seis años a esta parte el trasiego de camiones no ha hecho más que crecer”, lamenta este hostelero.

Por ello, instan a los partidos políticos a ponerse de acuerdo y tomar las medidas necesarias que permitan cerrar el vertedero después de 27 años. “El problema es político, porque unos dicen A y otros B. Y eso no puede ser. Cuando en el barrio hay algún problema los vecinos nos juntamos y tratamos de solucionarlo. Los políticos deberían hacer lo mismo porque están para eso, para trabajar por el pueblo. Yo les encerraría a todos en una sala y haría como en el Vaticano: hasta que no haya fumata no salís”, asevera Arruti, que cree que si la basura hubiese estado gestionada “por mujeres, el problema se habría solucionado hace muchos años”.

Además, hacen un emplazamiento a la ciudadanía para que se esfuerce en reciclar, porque “no podemos vivir echando la basura debajo de la cama”. “Pienso que si la gente reciclara como debiera la cosa sería mucho más fácil, pero parece que hay quien no está por la labor”, se queja Trini Odriozola. Una opinión que también comparte Miren Odriozola, que lamenta que “nos hemos vuelto muy cómodos”. “Yo, por ejemplo, no quiero que se haga la incineradora, porque creo que hay soluciones más limpias y, además nadie la quiere en su casa. Mientras no empecemos a reducir la basura que generamos en casa, siempre va a haber problemas, aquí o en otro sitio”, asevera.

A Arruti, por su parte, le da igual la solución mientras que el cierre del vertedero sea definitivo. “Lo que quiero es que solucionen esto. Me da igual si es con incineradora, mediante biosecado... pero que lo solucionen de una vez. Y también creo que todos deberíamos hacer un esfuerzo en reciclar, porque es algo que nos beneficia a todos”, apunta.

movilizacionesCon estas circunstancias encima, los vecinos de Elosiaga advierten de que no van a permanecer callados si finalmente la Diputación decide ampliar el vertedero, una operación que requerirá una serie de obras de impermeabilización que, según ha informado el diputado José Ignacio Asensio esta semana, tendrían un coste de 200.000 euros.

“Aquí el problema está en que el resto de la provincia se siente muy cómoda, porque ojos que no ven corazón que no siente. Y dentro del pueblo pasa otro tanto, que si vives en la plaza o en otra zona, no sientes el problema en tus carnes”, se queja Luis Azkue, reclamando una mayor sensibilidad y solidaridad con la situación que están viviendo en Elosiaga.

Además, lamenta que el problema del vertedero ha sido “tabú” durante muchos años. “La gente no está bien informada y, por lo tanto, tampoco concienciada, pero si esto va a continuar vamos a tener que movernos e informar al pueblo de que esto no puede ser”, señala. “Nos estamos tragando la basura de toda Gipuzkoa porque hay unos señores que no se arreglan. El resto de vertederos se cerraron porque estaban mal construidos, porque tenían fugas... Aquí, por hacer bien las cosas, por cumplir los plazos nos tenemos que joder y encima existe la falsa creencia de que Azpeitia sale ganando porque cobra un dinero por la basura que llega. Lo que se cobra es una miseria y no hay más que ofrecérselo a cualquier otro pueblo. Nadie quiere un vertedero”, exclama. “No es justo que los que vivimos aquí tengamos que tragar con la basura de toda Gipuzkoa y aguantar esta situación”, remarca Trini Odriozola.


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