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Colaboración

Un gobierno de progreso

Por Koldo Aldai - Jueves, 28 de Enero de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Estamos ante una nueva transición de un alcance que desconocemos. Anhelamos transformar este presente, aspiramos a otro mundo, a otra sociedad. Sus leyes, su Constitución, cumplieron su papel y al día de hoy requieren su actualización. La esperada hora de las importantes reformas sociales y políticas ha llegado, por eso pulsan con razón las lágrimas de Pablo Iglesias a las puertas del Congreso;por eso todo lo que ocurre en Catalunya es positivo. Había un concepto de unidad impuesta que debía quebrar y así emerger una idea de unidad libremente asumida por las partes.

Bienvenidos pues los nuevos aires, las nuevas formas y protocolos. Los nuevos gestos pueden ser más o menos apropiados, más o menos oportunos y ubicados, pero no vienen de vacío, se acercan con una clara voluntad de regeneración de la vida política. En esa medida no podemos sino saludarlos. Ya por de pronto disminuye la flota de coches oficiales, las primas y dietas de sus señorías, ya por de pronto una importante ola de regeneración política sacude toda la península...

El establishmentllama folklore a lo que bien podría verse como primavera, primavera con sus lluvias y chubascos, con sus errores y carga de imprudencia. Pese a esa primavera a veces tan inconsciente es un privilegio estar aquí, y ahora en este momento que tanto anhelábamos y en que el tanto está mutando. Nos hablan de la necesidad de un gran pacto por la estabilidad, pero algo por dentro nos susurra que esa estabilidad, ese atar todo para que apenas nada cambie, podría acabar con esa primavera que a su ritmo, a su forma, con sus aciertos y fallos estamos empezando a vivir.

Nos asustan esos pactos entre lo que denominanlas grandes formaciones para que todo o casi todo siga de la misma manera. La vida es constante transformación, pese al lastre de las fuerzas conservadoras. Un gran pacto político entre PP, Ciudadanos y otra fuerza sería casi sinónimo de inmovilismo, y sin embargo buena parte de la sociedad española ha puesto a andar sus sueños. Queríamos otro mundo, no solo queríamos un mundo libre de corrupción. No basta que nadie meta la mano en la caja común. Para esa estación tan cercana no hacían falta tantas alforjas. Queríamos otro mundo y por ello el relevo político se hace tan deseable. Queríamos un nuevo gobierno de progreso entregado a las reformas pendientes. El control de los medios de comunicación públicos, la utilización del poder judicial para fines partidistas, la política penitenciaria como arma de revancha, el “no” como exclusiva respuesta a las demandas del legítimo Parlament, la escasa sensibilidad con lo ecológico y alternativo…, han de quedar definitivamente atrás con el nuevo gobierno.

La Venezuela de Maduro jamás estará en nuestro GPS colectivo, pero entre el chavismo absolutista y la España moderna, privada de creatividad y osadía y mermada de corazón, pulsan las fuerzas que apuestan por el otro mundo posible, amable, verde y solidario. Estamos hablando de un mundo responsable, sostenible en el que haya un sitio para todos, en el que preponderen los valores de compartir y colaborar. Estamos hablando de cuidado de nuestra Tierra, de oferta pública de salud alternativa, de educación con alma. Creemos en las energías blandas y nobles, creemos en las puertas abiertas al hermano que huye de las bombas. Creemos en un mundo más igualitario y armonizado;creemos en una comunión forjada a partir de libre voluntad de las partes, no en una España de unidad impuesta.

Que se unan las fuerzas del progreso, las fuerzas de la periferia, las mareas de todas las costas y sueños, y que en el ensayo de la nueva sociedad yerren lo menos posible. Que en su imprescindible labor didáctica sepan ganar con tacto, elegancia y paciencia también a las fuerzas que aún se manifiestan reacias a las necesarias transformaciones. Que un importante grado de consenso, incluso con quienes tratan de detener la historia, pueda ser también, más pronto que tarde, realidad entre nosotros.

Las grandes transformaciones entrañan sus desajustes. La nueva política acerca sus imágenes sorpresivas de cualquiera de las formas siempre esperanzadoras. El panorama multicolor, los otros pelos, los bebés en brazos de sus señorías, los otros juramentos…, son bienvenidos en el nuevo hemiciclo. Los grandes cambios en el fondo comportan proyección en nueva formas. No nos asusta ese paisanaje más diverso, nos preocuparían más esos congresistas clavados de por vida a unos sillones, esa bancada colmada de inmaculadas corbatas, tan blindada a las transformaciones necesarias. Entre la casta del inmovilismo y lasrastas del progreso precipitado, seguramente nos habremos de quedar con las segundas, pues hay reformas pendientes que ya no se deberían demorar. Una sociedad como la española, tan anquilosada en el pasado, urge transformaciones, aunque éstas comporten sus inevitables convulsiones.


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