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Como ocio y como negocio

Una recopilación de textos periodísticos de Pier Paolo Pasolini se adentra en los inherentes roces entre deporte, cultura, clases y analiza el juego que empezaba a devenir en empresa

Un reportaje de Naiara Puertas - Jueves, 28 de Enero de 2016 - Actualizado a las 06:12h

Libro 'Sobre el deporte'de Pier Paolo Pasolini.

Libro 'Sobre el deporte'de Pier Paolo Pasolini.

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Libro 'Sobre el deporte'de Pier Paolo Pasolini.

Vivimos en plena época de deseo de culturizar el deporte, no se sabe muy bien si como un intento de contrapesar lo obsceno de las cifras millonarias manejadas, la concentración de poder y propiedad en jeques árabes o la reconversión de sus tertulias radiofónicas en espacios televisivos análogos a los del corazón. Como contrapeso... o como complemento, que ya no hace falta renunciar a nada.
Si bien hace un par de décadas autores como Nick Hornby relacionaban su afición al fútbol con los episodios más significativos de sus vidas personales en ensayos como Fiebre en las gradas, esto de la culturización que parece tan novedoso y que denota una especie de relevo generacional dentro del periodismo patrio -ahora intentan parecer una mezcla entre literatos y sociólogos deportivos-, lo había hecho Pier Paolo Pasolini muchísimos años antes, pero lo había hecho bien, detectando tendencias que vinieron para quedarse y cuestionando, aunque fuera impopular, lo que nadie cuestionaba ni cuestiona.
Sobre el deporte es una recopilación de 139 páginas de textos del cineasta italiano publicados en prensa entre 1957 y 1971, una entrevista aparecida póstumamente, a los pocos días de su asesinato y un brillante epílogo a cargo del editor Javier Bassas, que traslada algunas de las ideas que ya apuntaba Pasolini al deporte-espectáculo-negocio en el que vivimos inmersos en la actualidad. Los artículos se dividen en cuatro partes: los dedicados al fútbol, al boxeo, al ciclismo y finalmente a los Juegos Olímpicos de Roma de 1960. Dejando siempre claro su amor por el Bologna y el recuerdo, a pesar de la fama, de las tardes de fútbol de su adolescencia como las mejores de su vida;Pasolini se permite una mirada de espectador desapasionado con respecto a los aficionados de la Roma y establecer la diferencia entre la vivencia del fútbol en la metrópoli y en la periferia;la existente entre los jugadores en función de su extracción social (leer la palabra burgués en 2016 puede chirriar, pero Pasolini se pregunta quién paga. Todavía hoy nos lo preguntamos, hay dinero que saca a chavales de sus entornos del que no sabemos demasiado: "Juanito ha costado, digamos, unos cincuenta o cien millones. ¿Quién los ha pagado? ¿La sociedad?, ¿El Inter, el Milan, la Roma? ¿Qué relación hay entre la sociedad y su presidente? ¿Qué manos van amontonando los enormes beneficios de la pasión de cada domingo?". Pregunta sin vergüenza a los jugadores del Bologna acerca de su relación con lo carnal y, como ocurrió con la heroína en los 80, opina sobre ese lugar común, la "contradicción del deporte" lo llama, que señala que el deporte no es otra cosa que un mecanismo para alejar a los jóvenes de actitudes contestatarias, afirmando que no es incompatible el disfrute del espectáculo con el reconocimiento de su sometimiento al poder.

patria y contradicciones En cuanto al boxeo y el ciclismo, Pasolini, influido por su experiencia en África, prefiere encaminar sus artículos al eje nacional. ¿Qué hacer con el boxeador Benvenuti, desear su victoria como italiano que es o desear su derrota por sus simpatías fascistas? Tras los reproches de lectores acerca de cómo sus actitudes despectivas hacia deportistas italianos no deberían sucederse, porque "los italianos en el extranjero, queramos o no, son considerados como negros-blancos", tal y como es interpelado el director, aboga por no obviar el doloroso hecho de la inferioridad cultural y económica de la Italia de la época en vez de aliviarla con falsos consuelos. Da una vuelta de tuerca al mismo asunto al traer a colación a Merkx, dejando de lado nacionalismos y abogando por la "ciudadanía transnacional" en el deporte, que nos sirva para disfrutar de las victorias independientemente del país que haya visto nacer al vencedor. Sin duda, esto es algo que se ha conseguido, aunque probablemente no por la vía que a Pasolini le hubiera gustado.
Y sobre Roma 1960, la reflexión se centra en la fase incipiente de aquello en lo que los Juegos finalmente se convirtieron: un espectáculo "estetizante", lo denomina, sin el bullicio habitual de los aledaños de los estadios los días de partido;un avispero de turistas, que luego se convertirían en razón de ser de ciudades enteras con ocasión de eventos deportivos y culturales, condicionando -a menudo miserablemente- la vida de sus habitantes. El autor narra su incapacidad para pasárselo bien en las pruebas atléticas, por mucho que todos los ojos del mundo estuviesen pendientes de ellas.
Y de aquí al epílogo de Bassas, que constata esa misma diferencia de vivir el deporte como participante o como espectador, "el que se practica y el que uno ve", en palabras de P.P.P, la crítica a las dicotomías planteadas por el italiano que se han ido transformando no en las relaciones férreamente opuestas que él veía, sino que sofisticadamente, han devenido en relaciones complejas con muchas intersecciones, como los videojuegos, la vida como hecho financiero -la idea de rendimiento deportivo aplicada a un depósito bancario- o el hecho de que podamos ver un mismo partido desde distintos ángulos gracias a la tecnología. Al final, la práctica de elite parece fagocitar la amateur: ya lo estamos viviendo. Sin embargo existen un par de cosas que podemos demandar: la reivindicación del deporte como derecho y la idea de que el partido de fútbol entre amigos siempre estará disponible, como lugar de ensoñación fuera de los bienes de consumo.



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