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Javier Galparsoro Presidente de CEAR-Euskadi

“No siempre se entiende bien todo lo que hacemos y a quiénes defendemos”

La Fundación Sabino Arana premiará este domingo a CEAR-Euskadi por sus más de 25 años enfrascados en la protección y la atención a las personas refugiadas que han llegado a tierras vascas

Una entrevista de J. Fernández Fotografía Borja Guerrero - Martes, 26 de Enero de 2016 - Actualizado a las 06:10h

Javier Galparsoro, presidente de CEAR-Euskadi.

Javier Galparsoro, presidente de CEAR-Euskadi.

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Javier Galparsoro, presidente de CEAR-Euskadi.

donostia- La Comisión Española de Ayuda al Refugiado-Euskadi tiene claro cuál es su compromiso: defender a las personas que se han visto obligadas abandonar sus países y ofrecerles una atención integral. La mayoría de la ciudadanía también, sensibilizada por las dramáticas imágenes que a diario estremecen los informativos;pero no tanto la clase política, sospecha su presidente Javier Galparsoro (Valladolid, 1956), a la que recrimina haberse sumergido en un limbo maquillado a partes iguales de temor e hipocresía. “La Unión Europea -sostiene- es más bien una reunión europea. Siguen debatiendo mientras la gente continúa llegando y muriendo”.

Hace unas semanas CEAR-Euskadi fue distinguida por la Fundación BBK y ahora lo es por la Fundación Sabino Arana…

-Me da cierto pudor que nos premien. Me sigue sorprendiendo que a uno le premien por hacer su trabajo. El premio tendría que ser para toda la gente a la que representamos;esa gente que se juega la vida. A esos les premiaría todos los días de mi vida.

De todos modos, enhorabuena. No creo que haya persona o entidad que pueda ponerle ‘peros’ a su labor. ¿O la hay?

-Es una labor compleja. Hablamos de que defendemos a personas en una situación de vulnerabilidad y de máxima privación de sus derechos fundamentales y, en principio, objetivamente parece que es algo siempre reconocible. Pero hablamos también de personas que vienen de otras latitudes, de otras culturas, con otras religiones y que no todo el mundo lo recibe con la misma generosidad y disposición. Nosotros sabemos muy bien a quién estamos defendiendo porque son personas perseguidas, pero no sé si toda la ciudadanía, y todas las instituciones y todos los políticos lo aceptan por igual. De hecho, noto que ha habido como un cierto cambio con el paso de los años. Con lo que en un primer momento estaba muy bien visto ahora hay más dificultad. No siempre se entiende bien todo lo que hacemos y a quiénes defendemos.

Mucha gente se plantea cuánta gente puede venir.

-Debemos estar preparados para una acogida realmente incondicional.

A pesar de que se pongan ‘peros’.

-Claro. Las instituciones y los ciudadanos también se plantean que esto puede ser algo invasivo. Es lo que está pasando en Europa ahora mismo. Europa no se podía imaginar que iba a tener más de un millón de personas que han entrado de forma irregular solo por vía marítima...

¿Y qué hacer?

-Hay que darles acogida, alimentación, cobijo, aprendizaje de idioma, trabajo… ¿Estamos preparados para ello? ¿Europa está tan generosa y tan dispuesta? Pues es una interrogante. Ahora mismo se está cuestionando nuestra esencia europea y, por supuesto, nuestra esencia como ciudadanos en cuanto al hecho de si estamos dispuestos a acoger a esta gente, a cuánta gente, por cuánto tiempo, bajo qué condiciones…Y al final la respuesta no es tan simple porque son magnitudes muy serias.

Pues a Euskadi únicamente han llegado tres personas, tres eritreos…

-Europa se comprometió a acoger a 160.000 personas en dos años. Y a España han llegado 18 personas y le corresponderían 9.300 en los tres meses desde que el acuerdo se formalizó. A este ritmo, tardaremos más de 130 años en que culmine la acogida...

Menudo panorama entonces…

-Ante esta situación, el papel de CEAR es recordar a la ciudadanía y a los políticos, sobre todo a nivel europeo, todo lo que está ocurriendo.

¿Pero qué está pasando?

-No lo sé, pero me parece realmente bochornoso. No creo que haya otra palabra más suave.

Y entre tanto, ustedes tienen que seguir preparados.

-Somos unos anfitriones de una velada que no llega. Me encantaría ir al camino y decirles Venid a casa porque os estamos esperando.

¿Perdura el romanticismo de aquellos primeros años de CEAR-Euskadi o con el paso de los años…?

-Hace ya muchos años descubrí que tenía una gran responsabilidad en este trabajo y no la he querido perder en todo este tiempo. Cada día que yo me entero de que sucede un hecho que afecta a personas refugiadas me sigo preocupando e indignando. Los años no pasan en balde, y en CEAR hemos tenido que hacer un ejercicio de abstracción porque, si no, nos volveríamos locos. Estoy convencido de que hay que estar aquí, y si no soy yo serán otras personas las que sigan atendiendo y denunciando, proclamando que si existe el derecho de asilo es de verdad. No puede ser una simple composición teórica. Las personas tienen que poder salir, llegar y pedir y ser atendidas. Y todo eso está en el aire.

¿Recuerda a la primera persona que les pidió ayuda?

-Perfectamente además. Un muchacho de Sierra Leona. En 1989. Cuando me contó su historia, en inglés, le pregunté ¿de dónde dices? ¿Sierra qué? Como no sabía dónde estaba Sierra Leona me fui a comprar un mapamundi. Era un desertor del ejército de su país.

Pues sí que lo recuerda.

-Y a partir de Sierra Leona descubrí que hay muchos países como el suyo, donde se persigue a la gente, se vulneran derechos humanos, donde la gente sufre lo que no está escrito por motivos bélicos, religiosos, políticos… Desde entonces, hemos comprobado que hay millones de personas que no pueden vivir en sus países por razones de fuerza mayor.

Y en todos estos años, ¿qué ha cambiado?

-Muchas cosas. Nosotros estamos más organizados y las organizaciones están mucho más reconocidas. En el plano negativo, la sensibilización de la gente y sobre todo de los políticos. Refugiado fue la palabra estrella del año pasado. Los políticos lo tienen en su agenda, dicen que es una prioridad, una preocupación en encuestas....

Y vamos a tener preocupación para largo…

-Estamos ante un fenómeno de cuya magnitud no somos conscientes porque la persecución y la vulneración de derechos son constantes.

Insiste en que la sensibilización política deja mucho que desear.

-Creo que sí. Se ha instalado una sensación de temor e invasión. Las cifras son tan mayúsculas que a veces los políticos se encargan de ponerle freno y sordina. Y cuidado con eso. La ciudadanía está mucho más sensibilizada sobre todo a partir de sucesos dramáticos como la muerte del niño Aylan. La gente pensó: este niño que se parece a mis hijos, se parece a los hijos de Rajoy, de Merkel, de Juncker…Y el pueblo se pregunta¿por qué ha muerto este niño?Tenéis que hacer algo. Esto obliga a que los políticos se sienten y reflexionen.

Hasta ahí de acuerdo, pero ¿qué ha pasado desde entonces?

-¿Por qué esto se ha dormido y se ha parado todo? ¿Los sucesos de París? Han sido mucho más tarde. Las personas que saltaban por las ventanas de la Sala Bataclan estaban huyendo del terror exactamente igual que las que huyen de la masacre en Siria, del Estado Islámico y de otras dictaduras…

El mundo convulsionado.

-Lo que Europa probablemente no se imaginaba es que esas personas iban a llamar ya a nuestras puertas. ¿Y ahora qué hacemos? ¿Todo lo que decíamos en teoría lo vamos a cumplir? Nosotros a la ciudadanía le decimos que no tenga miedo, que no se producirá ninguna invasión.

¿Y cómo se ha llegado a esta situación?

-Porque Europa ha estado mirando hacia otro lado durante mucho tiempo, tolerando un conflicto en el que no se ha hecho nada. Hay mucha hipocresía en nuestro continente.

La política de cierre de fronteras ¿es una condena a muerte?

-Más que una condena a muerte es la prueba de esa doble actitud que tiene Europa y España. El derecho de asilo y la protección internacional son ilimitados, pero Europa empieza exigir documentos, requisitos, pruebas y, si no lo hacen, no hay asilo. Todo es muy mezquino, sin conciencia ni consciencia.

¿Quién tiene la culpa? ¿Las altas instancias europeas?

-Evidentemente. Pero primero de todo los perseguidores, los que generan el movimiento de refugiados. Tenemos que decir a las instancias europeas que seamos consecuentes y responsables con el marco de juego.

Que se cumpla lo pactado.

-Cada vez que ha surgido una situación de este tipo las instituciones europeas se reúnen. La Unión Europea es más bien una reunión europea… Y siguen debatiendo mientras la gente sigue llegando y muriendo.

De los 160.000 acordados ¿cuántos?

-Han llegado 315. Esto es una broma, una burla al Derecho Internacional.

Vivimos en una olla a presión ¿estallará en algún momento?

-Espero que no estalle porque esta gente es inmensamente pacífica, supercercana, bondadosa, en cuanto les abres las puertas, les das cariño…

Afortunadamente, la solidaridad, el compromiso y la comprensión de la sociedad vasca siguen ahí…

-El apoyo de la ciudadanía me parece emocionante. Pese a todo no se ha enfriado. Si se enfría puede ser que todo esto se caiga definitivamente.

¿Hay mucha palabrería?

-Tengo la sensación de que vivo en un continente muy hipócrita. Se nos llena la boca con las grandes palabras de paz, acogida, solidaridad, libertad protección,... Y por otro lado en el día a día hacemos vallas...

¿Imaginó que Europa y el mundo entero pudiera llegar a este escenario de caos e intransigencia?

-Que tengan que surgir organizaciones porque hay perseguidos en el mundo demuestra que la Humanidad naufraga en sus propios ideales. Hay millones de personas que no pueden vivir en paz y libertad.


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