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Puente sobre aguas turbulentas

Pese a las dudas previas sobre la visibilidad expresadas por Donostia 2016, cereza dijo que la música lo explicaría todo

Un reportaje de Juan G. Andrés. Fotografía Iker Azurmendi - Lunes, 25 de Enero de 2016 - Actualizado a las 06:10h

Berástegui, ayer, con los responsables institucionales de 2016.

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Berástegui, ayer, con los responsables institucionales de 2016.

La aparente calma institucional que Donostia 2016 ha disfrutado en los últimos meses se ha visto enturbiada por la polémica del acto inaugural, Puente de la convivencia. Cuando en octubre la nueva Fundación de Donostia 2016, liderada por PNV y PSE-EE, anunció el encargo a Hansel Cereza, varias voces se mostraron contrarias. Uno de los antiguos arquitectos del proyecto, Santi Eraso, censuró la idea de una ceremonia de estilo olímpico e incluso escribió: “Hace tiempo que Donostia 2016 ha dejado de ser lo que algún día pretendió”. Pablo Berástegui, director de la Capitalidad, justificó su elección en la necesidad de propiciar “un momento de máxima emoción”. “Desde Europa se nos pide un espectáculo de media hora realizado en el espacio público y que refleje conceptos muy complejos pero llegando a un amplio número de personas”, dijo en una entrevista con este diario.

Por eso, recordó en la rueda de prensa de ayer, invitaron a un “experto” en estas lides que conocía la realidad vasca tras dirigir el espectáculo Herritmo con Kalakan, Kukai y Oreka TX. Precisamente, durante su trabajo en la ciudad ha tenido como asesor a un exintegrante de este dúo de txalapartaris, Igor Otxoa, que durante un tiempo fue director de Proyectos en Donostia 2016. Por su parte, uno de los actuales miembros de Oreka, Harkaitz Martinez, ha aconsejado al compositor Salvador Niebla en la escritura de la banda sonora de un montaje que debía cuidar la música y el papel de los coros, “una de las manifestaciones artísticas más extendidas” en Gipuzkoa.

Berástegui ha reconocido alguna vez que su escenario favorito para la apertura era La Concha aunque al final le sedujo la idea del puente y el río Urumea, campos fértiles para la metáfora. A toro pasado, es fácil decir que el espectáculo habría corrido mejor suerte en la playa que en el María Cristina, un espacio seriamente lastrado por la falta de visibilidad. Cereza y su equipo propusieron una fórmula que Donostia 2016 aceptó y que consistía en distribuir la acción sobre cuatro cuadrantes simétricos distribuidos en las dos orillas del Urumea: en ellos se reproducirían los mismos contenidos -exhibiciones de herri kirolak que simulaban la construcción del puente de la convivencia- para que todo el público pudiera verlos. No fue lo que ocurrió el sábado, cuando la inmensa mayoría de los espectadores no apreció ni una sola figura humana y solo distinguió un puente iluminado con mil colores, sin posibilidad de atisbar la trama de un show ininteligible, reiterativo y carente de clímax.

“Se daban todas las circunstancias para que funcionara pero en un montaje así hay cuestiones imponderables muy difíciles de controlar. La visibilidad no ha sido tan óptima como esperábamos”, aseveró ayer Berástegui antes de confesar que no se ha hecho ningún ensayo con público por las características de una propuesta que debe permanecer en secreto y solo se ofrece una vez.

Fuera de micrófono, fuentes de la Capitalidad reconocen que tras asistir a distintos ensayos expresaron sus dudas sobre la visibilidad porque el acto se desarrollaba principalmente en un plano horizontal: de haber ideado un montaje más vertical, no habría habido tanto problema. Sin embargo, Cereza les tranquilizó asegurando que la música lo explicaría todo. Y ayer, según las mismas fuentes, el catalán parecía ajeno al aluvión de críticas y satisfecho por el buen resultado de su trabajo pese a algún fallo técnico.

Públicamente, los responsables de Donostia 2016 niegan que hubiera un “error de base” en la concepción de la función para que pudiera ser vista por 50.000 personas y dicen sentirse “satisfechos de haber encargado e intentado este ejercicio para visibilizar una idea tan compleja como la construcción de la convivencia entre distintos”. “Este espectáculo ha tenido momentos muy buenos y también detractores”, señaló Berástegui en el Aquarium.


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