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El hombre blanco, el verdadero indignado de Estados Unidos

Una encuesta revela que es el colectivo estadounidense que menos cree en el ‘sueño americano’

Jairo Mejía - Lunes, 25 de Enero de 2016 - Actualizado a las 06:10h

Asistentes a un acto electoral del partido republicano, cada vez más reaccionario para conectar con ese hombre blanco indignado.

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Asistentes a un acto electoral del partido republicano, cada vez más reaccionario para conectar con ese hombre blanco indignado.

washington- Ni los jóvenes Dreamersque piden justicia migratoria ni los activistas de Black Lives Matterque gritan contra la brutalidad policial;el verdadero indignado en Estados Unidos es el hombre blanco, frustrado con un sistema que le ha privado de su promesa del sueño americano.

El hombre blanco -privilegiado desde la fundación de EEUU y desde hace medio siglo asentado en la clase media- está abocado a diluirse en una nación marcada por el auge migratorio, donde se está dando un cambio generacional a favor de los millenialsy de paradigma económico que ha alimentado su enfado con la clase política tradicional.

Una encuesta publicada este mes por la cadena NBCmuestra que el 54 % de los blancos de EEUU están “enfadados”, por encima del 43 % de los latinos o el 33 % de los afroamericanos que, pese a tener los peores índices de pobreza y población carcelaria, son los que más respondieron positivamente a la pregunta “¿sigue su sueño americano vivo?”.

Ese sueño, según el cual si se trabaja duro se medrará, era una certeza para los blancos estadounidenses del “Baby Boom” de postguerra, el tronco de la población votante, muchos de los cuales ahora jalean a Donald Trump ante las presidenciales de final de año pese a los que restan importancia a su fenómeno.

“Los republicanos han elegido explotar el miedo y asustar al votante más mayor que ha visto que el mundo en el que vivían ya no gira en la misma dirección y las cosas no son como le habían dicho que serían”, explica en una entrevista Simon Rosenberg, estratega de campaña y fundador de NDN, un centro de estudios políticos progresista.

Rosenberg, que ha investigado en profundidad los cambios demográficos por los que ha pasado Estados Unidos en solo dos décadas, opina que pese a todo hay que “ser comprensivo” y entender las frustraciones que han llevado a una parte importante del electorado blanco a aplaudir los comentarios xenófobos de Trump.

La del hombre blanco es una tragedia silenciosa. Según un estudio presentado este invierno por el economista y Premio Nobel Angus Deaton, el índice de depresión, drogadicción y suicidios entre los blancos de mediana edad (más de 45 años) y sin estudios universitarios en EEUU es el más alto de todo el mundo desarrollado.

No solo eso. En Estados Unidos, en esa parte de la población se ha dado un aumento del índice de muertes por alcoholismo, abuso de opiáceos o suicidios cuando en todos los demás grupos demográficos y los otros países desarrollados la tendencia ha sido a la baja.

La magnitud de los datos, extraídos de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC), ha sorprendido a los sociólogos, mientras que Deaton ha dicho que esta epidemia de muertes y enfermedades “solo tiene un paralelo contemporáneo, y es la aparición del sida”.

Generalmente, los estudios sobre ingresos por raza agregan los de todos los hogares blancos, pero dentro de esa categoría bien avenida existe una que se ha visto tan afectada como las minorías por la recesión de 2009: los blancos sin formación universitaria y empleos de bajo valor añadido que han despertado del tan repetidosueño americano.

En parte, son esos blancos afectados por la recesión los que alimentaron al movimiento conservador del Tea Party en 2010 y, pese a que existen diferencias, son los que han llenado los mítines de Trump para escuchar de sus labios el enfado que sienten. “Estoy enfadado por muchas razones, pero no voy a estar enfadado mucho más tiempo. Cuando arreglemos esto seremos felices”, indicaba en Iowa esta semana Trump, un showman que ha conseguido conectar con el malestar de los blancos.

Ese enfado y frustración ha sido fruto de la ruptura de un valor básico del individualismo estadounidense, ser autodependiente, algo cada vez más difícil en una economía globalizada y cambiante.

Por el momento, el Partido Republicano, que ha capitalizado este descontento con un viraje más conservador que le ha procurado el control del Congreso, se ha dejado tentar por las frustraciones del electorado blanco de mediana edad y baja formación. “Ha pasado de ser el partido conservador a ser el reaccionario”, en un movimiento que Rosenberg compara a la deriva antiinmigrante y contra los nuevos paradigmas que ha impulsado al UKIP en el Reino Unido o al Frente Nacional en Francia.


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