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¿Es tan sagrada la unidad de España?

Domingo, 24 de Enero de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Les importa un pito lo que quiera la población que vive en Catalunya o en Euzkadi. No es no. Y no se hable más. La grandeza de España no se pone en cuestión

Este 2016 es rico en efemérides. 80 años del inicio de la Guerra Civil, 80 del primer estatuto aprobado en Cortes, 80 del primer Gobierno Vasco, 80 de la creación en Basurto de la Universidad Vasca, 80 de Irujo como ministro, 80 del primer discurso de Gabon, 60 de la desaparición de Galíndez en Nueva York, 60 del primer Congreso Mundial Vasco, 60 de la obra de Landaburu La Causa del Pueblo Vasco, 120 del nacimiento de Leizaola... Habrá que recordar estas fechas, pues marcan parte del ADN de nuestra nación. No estaría nada mal crear un Comisariado para que esta vez la historia no la cuenten los vencedores sino nosotros, los “vencidos”.

Y cuento algo que ocurrió hace 80 años. El Estatuto de autonomía había sido aprobado en Comisión. El presidente de la misma había sido Indalecio Prieto y el secretario, José Antonio de Aguirre. José Bono, en su etapa de presidente del Congreso, nos editó un libro con todas las actas y debates de aquella comisión -en aquel duro año de 1936- que tenía en su seno a un José Calvo Sotelo enemigo de la autonomía y del Concierto, aunque Esteban Bilbao había negociado con él un buen Cupo.

Pedro de Basaldua, baracaldés, fue el secretario del entonces Gobernador Civil de Vizcaya, Echeverria Novoa. Luego lo fue del lehendakari Aguirre. Exiliado en Argentina narró en su libro esta vivencia: “Francisco Largo Caballero había sido designado presidente del gobierno en plena guerra y debía formar su gobierno. Manuel de Irujo recibe una llamada telefónica del ministro de Estado (Relaciones Exteriores), Julio Álvarez del Vayo, en San Sebastián ofreciendole ese cargo. Si de mi voluntad se tratara, no acepto, contestó rápido, don Manuel. Pero me debo a un partido y a una disciplina. Por lo tanto, consulte a las autoridades del PNV, que yo aceptaré lo que ellas dispongan”.

Y así se hizo. Álvarez del Vayo y luego el propio Largo Caballero conversaron telefónicamente y convinieron en una serie de puntos y acordaron que el PNV accediera al nombramiento de don Manuel de Irujo y Ollo como ministro en Madrid y designara una comisión para tratar en detalle lo que mejor convenía a una correcta interpretación del Estatuto vasco, que debía aprobarse en pleno. La comisión estuvo integrada por el diputado a Cortes José Antonio de Aguirre y el miembro del Tribunal de Garantías Constitucionales, Francisco de Basterrechea.

Más de una vez, en los largos años de común exilio en Buenos Aires, nos contó Basterrechea lo sucedido aquellos días o brevísimas semanas. Y en público en alguna de sus conferencias. Hablando con Indalecio Prieto, al parecer, le dijo: “Si usted, don Indalecio, quiere que Euzkadi resista las embestidas fascistas, haga lo posible para que se nos apruebe el Estatuto y únicamente así le aseguro que se resistirá, porque tendrá instrumentos para hacerlo. De lo contrario, Dios sabe lo que pasará”.

Y es que llovía sobre mojado, porque Prieto, el 14 de abril de ese mismo año, había dejado escrito: “Todos aguardamos que el Estatuto vasco sea un hecho y para alcanzar el cual yo pongo mi aliento, mi alma y mi espíritu”.

Pero la sorpresa fuerte, nos decía, fue cuando hablando con el presidente Largo Caballero, dijo ante él y Aguirre: “Yo reconozco no ya el derecho de autonomía para el pueblo vasco, sino su derecho legítimo de autodeterminación...” ¡Y eran los líderes socialistas quienes así se expresaban! Hoy, si le contamos esto a Susana Díaz, le da un soponcio. Esta nueva generación socialista tiene pocas lecturas de la historia y por eso les parece que España es una creación de los Reyes Católicos y que aquí no se puede mover una coma.

Hace cien años había dos imperios en Europa que se lo comían todo. Y si un político desobediente reivindicaba un lugar bajo el sol para su nación, era tachado de loco y llevado a la mazmorra más próxima. Parecía que la ruptura de esos imperios traería catástrofes, diluvios y viruelas varias. Pero esos gigantes con pies de barro comenzaron a resquebrajarse. Guerras y violencias ya daban en 1906 una Europa compuesta por 24 estados. Hoy son 46 (47 si contamos a Turquía y sin contar a Kosovo). El último, Montenegro, donde Javier Solana impuso que para ser independiente Montenegro tenía que votar a esa iniciativa el 55% de la población. Montenegro lo logró.

Cuando uno habla de estas cosas, siempre te sacan en Madrid que eso solo es válido para países colonizados como el Sáhara y que ni Catalunya ni Euskadi han sido nunca colonias españolas. Les importa un pito lo que quiera la población que vive en Catalunya o en Euzkadi. No es no. Y no se hable más. La grandeza de España no se pone en cuestión.

Dicho esto, te sacan el artículo de la Constitución española aprobado con aquiescencia militar donde te hablan de la unidad de España “única e indivisible”. Única e indivisible porque lo han dicho cuatro señores en Madrid, lo han escrito en un papel y no han dejado convocar referéndums territoriales para testar alguna que otra cosa. Y, además, te dicen como Doña Susana que España es un estado de 500 años. Y san seacabó.

Nosotros presentamos una enmienda a la sacrosanta Constitución española en 1978 que decía que la unidad de España se basaría en la voluntad de los distintos pueblos que la conformaban. No en un solo pueblo español. Todos los partidos de ámbito estatal, tras vaciar muchos frascos de sales ante nuestra impertinencia, votaron en comandita por el No. UCD, AP, PSOE y PC.

Pues no es para tanto señores hispanos. España existe como Estado desde 1812 gracias a su centralista Constitución gaditana que, por cierto, no fue refrendada por nadie. Lo anterior era solo patrimonio privado de los respectivos reyes que ampliaban su gran cortijo con matrimonios y guerras. ¿Qué diferencia tiene el portugués con el castellano siendo las dos lenguas romances? La manera de masticarla. Pero sí hay una diferencia abismal por ejemplo con el euskera, un idioma que dicen endiablado cuyo origen no se conoce.

¿Y la traición de Bergara de 1839? Bien gracias.

Debió fallar Felipe II con no haber puesto la capital de sus Españas en Lisboa como le decía su padre, el emperador Carlos I. De haberlo hecho, hoy Portugal sería una gran autonomía, pero sería parte de España. Cuestión de coyuntura, no de nacionalidad. Guerras y matrimonios hicieron el resto. Hablar de esencias cuando este tipo de unidades pasa por el tálamo nupcial, es poco serio. Digo esto porque le veíamos hace poco a Susana Díaz de los nervios contra Pedro Sánchez hablando de líneas rojas y la principal de ellas no era nada social, lo propio de un partido socialista que se dice líder de la izquierda, sino el no rotundo al derecho a decidir, el derecho a la autodeterminación. No, no, y no, y un no al que se le unían en coral desafinada los presidentes de Extremadura y Castilla-La Mancha. No. Y tras el No, se ponen a cantar La Internacional, que basa su letra en superar lo cantonal y exaltar la internacionalidad de la lucha proletaria. ¡Uníos Proletarios del Mundo Entero!

Es difícil encontrar mayor nacionalismo que el español. Lo raro es que sea el Partido Socialista Obrero Español quien se ponga tan digno y hasta le parezca impropio lo hecho por el premier británico, David Cameron, porque pone en cuestión la esencia del imperio inglés al permitir que se preguntara a los escoceses si querían ser independientes. Salió no, pero ahí está el ejemplo y la experiencia.

Lo malo es que en España las batallas esencialistas son muy peligrosas. La Guerra Civil iniciada hace 80 años tuvo por motivo la ruptura de España y la persecución religiosa, amén de otros aditamentos, pero ahí están generales varios, el último de apellido Chicharro, que ven con horror que se plantee siquiera esa posibilidad refrendataria.

Decía Renan que la nación es un plebiscito permanente. Es decir, que una nación se debe asentar sobre la voluntad de sus ciudadanos de vivir juntos bajo un nombre, un idioma, unas costumbres, un genio civil, una historia, una música, unos colores y paisajes y hasta con un queso con denominación de origen... Pero España jamás aceptará que se ponga en cuestión su unidad territorial. Jamás. Y ahí, como decía Pla, lo más parecido a un español de derechas es un español de izquierdas.

Formarán gobierno por puro patriotismo hispano o no lo formarán y preferirán elecciones anticipadas solo porque un partido solicita que preguntar en democracia a la población no es malo.”Con ese nefando partido de pordioseros y zarrapastrosos no se puede pactar”, según dice la caverna.

Estamos, pues, con la España imperial de siempre que ni aprende nada, ni olvida nada. Nada nuevo bajo el sol, sra. Baronesa.

Única e indivisible porque lo han dicho cuatro señores en Madrid, lo han escrito en un papel y no han dejado convocar referéndums territoriales para testar alguna que otra cosa


España jamás aceptará que se ponga en cuestión su unidad territorial. Jamás. Y ahí, como decía Pla, lo más parecido a un español de derechas es un español de izquierdas


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