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Y tiro porque me toca

Campeones

Por Miguel. Sánchez-Ostiz - Domingo, 24 de Enero de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Si de algo no nos podemos quejar es de disfrutar de un país campeón de la libertad de expresión. Hay tanta y tan afinada, que comunicadores o periodistas profesionales pueden desde radios, periódicos o televisiones amenazar, agredir o socavar el prestigio de sus enemigos políticos de manera tan florida como impune. No hay ley de libelo que les pare.

“Nos van a dar, pero bien”... nunca se ha visto una prueba más contundente de que hay periodistas que, por no perder el puesto de trabajo (imagino), mienten a sabiendas de que lo hacen, como acaba de suceder con los dos de Antena 3 que echaron a rodar la propaganda gubernamental contra Podemos. Esta es una podredumbre de muy difícil erradicación. No va a bastar un cambio de gobierno, porque se trata ya de otra cosa, de una sociedad que se sostiene en la mentira aceptada como tal de manera generalizada.

Es de tal importancia y tales logros la libertad de expresión española que el policía que suministró material informativo al gobierno y sus cómplices para atacar en falso a otras formaciones políticas, como es el caso de Podemos con Venezuela, ha sido recompensado con un ascenso en su carrera al servicio de los intereses del partido en el gobierno.

No hay que alarmarse, en este país ni la policía ni la justicia están al servicio del ciudadano, sino del gobierno (a ser posible de derechas) y en contra de los ciudadanos, en cuanto se trate de intereses sectarios. Todos los implicados están seguros no solo de contar con un apoyo político y, llegado el caso, judicial, sino mediático y popular. Les apoya gente que encuentra legítima la mentira y la calumnia, pero que se mostraría escandalizada y pediría la acción inmediata de la justicia en el caso en que el agredido, porque de agresión se trata, fuera uno de los suyos.

Ser o no de los nuestros esa es la cuestión, esa es la línea que separa una y otra verdad, libertad, derechos y justicia. Los trabajadores de TVE hablan de falta radical de ética periodística en la televisión estatal, convertida en ministerio de Propaganda del régimen. Y es que la libertad de expresión es una lupara en manos del gobierno y de sus secuaces;no concierne al común de los ciudadanos que no pueden decir, como Jiménez Losantos, que le darían un tiro de escopeta a quien odian, porque les acusarían de terrorismo. En sentido contrario en cambio pueden hacer y decir lo que les venga en gana, injurias, amenazas, violencias, con un máximo de publicidad y de impunidad. La libertad de expresión le ampara, a otros con menos les piden dos años de cárcel. ¿Quién y cómo cambiará está situación?

No es de ahora, porque viene de lejos, que el ministro del Interior demuestre tener un sentido de la ética propio de un maleante, en la medida en que es el responsable, o tal vez el instigador, de que altos mandos policiales suministren una información, marcada por la ilegalidad, a un periodista para que este ataque a Podemos. Resulta incompresible que esta gente obtenga la confianza ciudadana. Pero es que un personaje como Inda, el matasiete último, es un divo, un gurú, un clérigo (predicador) de un nuevo culto, no tiene que probar nada, con acusar le basta, aunque sea en falso.

Se ve que aquí no hay otra regla de juego que ganar la pelea y entre tanto, azuzar a la parroquia que, además, es eso lo que espera. Esta es una gallera en la que va de mano quien más grita, quien mejor insulta. Las tertulias y los falsos debates son en realidad peleas de navajeros. Si no lo fueran, no serían espectáculo y carecerían de atractivo alguno. Interesa que Podemos sea corrupto, no ya que no acceda a puestos de gobierno, sino arrebatarle ese frágil prestigio de recién llegado, empañar su voluntad de cambio, hacer ver que como mínimo son tan granujas como tú y los tuyos que, para la ocasión, salen limpios de la faena, paladines de la honradez pública. Nada limpia más que poner un puerco en la escena y señalarlo con el dedo para que el público deje de ver tus mugres. No es necesario que lo sea, basta con que el interesado se vea obligado a defenderse, en inferioridad de condiciones siempre. La calumnia, la difamación, ya se sabe, es un vientecillo imparable e insidioso que se expande sin remedio, basta echarlo a rodar. Sale gratis encima.

El ministro del Interior demuestra tener un sentido de la ética propio de un maleante, en la medida en que es el responsable, o tal vez el instigador, de que altos mandos policiales suministren una información, marcada por la ilegalidad, a un periodista para que este ataque a Podemos


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