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Las claves de una debacle

La fragilidad exhibida en cuanto apunta una mejoría, además de la falta de competitividad y actitud, explican el desastre protagonizado por la Real en Gijón


Ramón Sánchez - Domingo, 24 de Enero de 2016 - Actualizado a las 06:12h

Illarramendi pelea por un balón aéreo con Sanabria en el encuentro del viernes.

Illarramendi pelea por un balón aéreo con Sanabria en el encuentro del viernes. (Foto: Efe)

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Illarramendi pelea por un balón aéreo con Sanabria en el encuentro del viernes.

donostia- El mazazo recibido por la Real el viernes en Gijón, donde protagonizó el mayor ridículo de la temporada al caer goleada por 5-1 contra el Sporting poniendo al descubierto todas sus carencias, tiene que hacer reflexionar a todos los estamentos del club txuri-urdin. Perder y de una manera tan vergonzante ante el penúltimo clasificado, que en verano no pudo gastar ni un solo euro en fichajes -solo cuenta con cedidos- al estar sancionado por impagos, es algo a lo que, por desgracia, ya nos tiene acostumbrados un equipo que en muchas ocasiones no da la talla ante contendientes de igual o peor nivel y que también suele revivir a los necesitados o hundidos en la clasificación.

Sin ir más lejos, esta misma temporada el equipo realista cayó derrotado en la jornada siete en La Rosaleda frente a un Málaga que aún no conocía la victoria y también lo hizo en el Villamarín en la jornada tres contra un Betis que solo ha ganado en su campo a los guipuzcoanos. Son otros ejemplos de la preocupante irregularidad y falta de fiabilidad que viene exhibiendo en los últimos tiempos.

En la presente temporada ya ha evidenciado en varias ocasiones que cuando muestra una mejoría, cuando invita a ser optimistas y a soñar con cotas mayores, a las primeras de cambio se da un tortazo que vuelve a desanimar a la afición realista. La Real no es capaz de mantener una línea de buen juego o una racha positiva, ni antes con David Moyes ni ahora con Eusebio Sacristán, que ya está en el punto de mira tras no hacer reaccionar al equipo y caer eliminados en la primera eliminatoria copera. Ante la primera adversidad, el equipo se viene abajo y su mandíbula de cristal ya es conocida por sus adversarios, por muy inferiores que sean.

varapalo tras mejoríaY esta es una de las razones que explican varapalos como el del viernes: su endeblez. En el momento en el que dan señales positivas, como el buen juego desplegado ante el Valencia -plasmado en una necesaria victoria por 2-0- y contra el Deportivo -al que fue muy superior, pese al empate a uno-, sorprenden con un inexplicable desastre como el de Gijón.

Y esta incapacidad de mantenerse firme durante varias jornadas ya la ha demostrado la Real en ocasiones anteriores esta temporada: en el mencionado partido de La Rosaleda, tras encadenar dos jornadas sin perder -la victoria en Granada por 0-3 y el empate a cero en el derbi ante el Athletic, que tampoco dejó muy contenta a la parroquia txuri-urdin-;asimismo, después de golear al Levante en Valencia, cayó en casa frente al Celta por 2-3;e incluso tras encadenar dos resultados positivos -triunfo ante el Eibar por 2-1 y empate a uno en Getafe-, el conjunto guipuzcoano decepcionó contra el Villarreal en Anoeta (0-2). En definitiva, que no es capaz de ganar dos partidos seguidos.

A estar fragilidad hay que añadir una preocupante falta de competitividad. Por lo que viene exhibiendo este curso, la plantilla donostiarra no está a la altura de la calidad que se le presupone.

una cara inversiónLa Real se reforzó el pasado verano con jugadores contrastados que costaron a la entidad blanquiazul 26,6 millones de euros: Illarramendi (17 millones), Jonathas (7,2), Bruma (1,2), Oier Olazabal (0,2) y Diego Reyes son incorporaciones que deben marcar la diferencia en la Real. Y el viernes se enfrentó a un equipo que no se gastó nada en fichajes y que se vio obligado a repescar a jugadores de su cantera sin que, a priori, aún estuvieran preparados para dar el salto a la elite.

La inversión realizada en el mercado veraniego hizo que el club realista se situara casi en los puestos europeos del ranking presupuestario -es el séptimo-, pero lo cierto es que, a pesar del cambio de entrenador, la Real sigue peleando por escapar del pozo clasificatorio.

Y, por último, en este análisis que trata de explicar los motivos de los desaguisados que viene cometiendo la Real, habría que referirse a la falta de actitud de los jugadores. No es de recibo que los futbolistas salten al terreno de juego sin la debida concentración, como ocurrió en Gijón, donde para el minuto ocho la formación txuri-urdin perdía por 2-0 tras encajar un gol a los catorce segundos.

Al menos, de eso sí son conscientes algunos de los integrantes de la plantilla porque su capitán, Xabi Prieto, reconoció que eran los máximos responsables y que durante el partido acusaron una falta de actitud impropia de un equipo de Primera División. “Hay que hacer autocrítica porque no hemos salido como debíamos. No hemos demostrado actitud”, afirmó el donostiarra.

Ahora no cabe esperar otra que los protagonistas de esta debacle asuman lo sucedido y traten de corregir los errores para que no vuelva a ocurrir, al tiempo que los dirigentes, con Jokin Aperribay a la cabeza, tomen buena nota de lo sucedido. El peligro de descenso es real... y hay actuaciones que no se pueden consentir.


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