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Tribuna abierta

Eslabón a futuro, sólido, eficaz y moderno

Por José Manuel Bujanda Arizmendi - Sábado, 23 de Enero de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Somos un eslabón más en la historia de este Pueblo. Historia pequeña e historia grande en la que todavía hay mucho por hacer, aspirar y conseguir. Katea ez da eten. Aurrera goaz

Somos un eslabón más en la historia y en el recorrido vital de un nacionalismo vasco que siempre ha dicho un sí rotundo a la vida, al diálogo, al respeto y que siempre ha negado el no, la muerte, el insulto y la confrontación por la confrontación. Somos un eslabón más en la historia de un nacionalismo vasco tolerante, no excluyente, entero, íntegro e integrador. Solidario sujeto a crítica y autocrítica. Un nacionalismo vasco de rigor, de exigencia y de vigilancia. Un nacionalismo dialéctico que busca y anhela el abrazo de los vivos y no el de los muertos como escribió aquel. Un nacionalismo vasco democrático de solución, salvación y salida, no violento, sí firme, no ingenuo, optimista, no iluso, para vivir y convivir, activo y colaborador, civilizado, digno de nuestros mayores y de los descendientes, de aquellos que murieron en la guerra defendiendo la libertad y a Euskadi, de los caídos en la posguerra, de los encarcelados, perseguidos y fusilados. Digno de este milenio y de la ciudadanía, del progreso, de la historia y la democracia. Un nacionalismo vasco democrático que nos mantenga como Pueblo y colectividad, consciente, con voluntad de perdurar, que construye puentes y no los dinamita. Somos un eslabón más en la historia de un nacionalismo más que promesa, sueño y utopía. Más que disciplina y organización, estructura e ideología, más que programa y orilla sin puente, horizonte lejano y espuma perecedera.

Un eslabón más en la historia de un nacionalismo que partió de los Arana, Luis y Sabino, seguido por otro Luis, Elizalde, sin olvidarse de los Kanpión, Aitzol, Lauxeta, Lizardi, Kizkitza, Irujo, Landaburu, Ziaurriz, Galíndez, Rezola, Lasarte, Ajuriagerra, Uzturre, Sudupe, Arzalluz, Imaz, Urkullu, Ortuzar y de otros muchos, y que ha llegado hasta nuestros días joven, animoso y lúcido, ilusionado y vigoroso cual columna vertebradora de la sociedad vasca. Un nacionalismo vasco integrador, firme y con visión de futuro como aquel que lideró el que fue primer lehendakari de los vascos José Antonio Aguirre Lekube, y de los que le siguieron portando el testigo: Jesús Maria Leizaola, Carlos Garaikoetxea, José Antonio Ardanza, Juan José Ibarretxe y el actual lehendakari Iñigo Urkullu Renteria.

Somos es eslabón en la historia de un nacionalismo vasco que es algo más que mito, rito, costumbre y gestos. Un nacionalismo concreto, tangible, factible. Algo más que un proyecto de poder y un proyecto de estado. Audaz y valiente, democráticamente impetuoso. Consecuente y radical. Igualitario, justo y reflexivo, pero activo, civilizado, fraterno y no artificial, eficaz, que no confunda la parte con el todo, el uso con el abuso. Un nacionalismo clave en el pasado, presente y en el devenir de este pueblo. Un nacionalismo en el cual nunca toquen las campanas por ninguna muerte violenta, por ninguna idea, causa, ni creencia. Un nacionalismo vasco no autocomplacido ni triunfalista, sin desplantes, no belicoso, mejorable, amable y perfeccionable. Un nacionalismo vasco serio, lúcido, estructurado, de supervivencia. Nunca de ataque ni de expansión, sino de Pueblo que decide marchar con todos los demás. Un nacionalismo sin más límites que la voluntad vasca libremente expresada. Que apuesta vitalmente por Euskadi y por su autogobierno. De ciudadanos, de bienestar para todos, de rostro humano y amable. Y que entiende que el Pueblo vasco y sus ciudadanos son sujetos de derecho para decidir sobre su presente en igualdad. Que proclama que Euskadi es una nación, patria de los vascos, que es una realidad y con derecho a concreción política propia. Autogobernada, global, con identidad, solidaria, en paz y plural.

Un nacionalismo vasco democrático y legítimo sin complejos, ni acomplejante, sólido, culto, moderno, interclasista, interprofesional, intergeneracional y transversal. De escultores, catedráticos, alumnos, profesores y trabajadores, médicos y enfermeras, obreros, carpinteros, carniceros, abogados y peluqueros. De artzaias y ertzainas, conserjes y hosteleros, pintores y escritores, músicos y artistas, filósofos, cantautores e intelectuales, científicos e investigadores, deportistas, actores, baserritarras, arrantzales y sabios. De funcionarios y no funcionarios. De taxistas y transportistas, fontaneros y albañiles, empresarios, constructores, sindicalistas y sindicatos. De mujeres y hombres, mayores y jóvenes, de ancianos y adolescentes.

La idea de deshilachar y diluir el nacionalismo vasco en el devenir de la historia no es nueva. Pero no es sencillo hacer declinar y superar algo que es sentimiento, realidad, sociedad, libertad y esperanza, legítimo, arraigado, democrático, que tiene derecho y está blindado contra la imposición y la desesperanza. Y aun siendo pequeño se proyecta en positivo, y es lo contrario de lo negativo y del olvido. No es sencillo, no, hacer declinar y superar el espíritu, las vivencias, las convicciones arraigadas, aspiraciones, voluntades y espíritus de pueblos y naciones conscientes de su propio ser. Desde la luna los astronautas se dieron cuenta de la pequeñez de la Tierra, cual diminuta nave espacial orbitando alrededor del sol, cual pelotita enana en el conjunto del infinito universo. Vivamos pues pueblos, naciones, razas, culturas y sociedades en solidaridad y cooperación, busquemos la justicia y la igualdad, la tolerancia y el respeto universal ya que venimos de polvo de estrellas y en polvo de estrellas nos convertiremos. Pero mientras tanto vivamos en positivo y apostemos a favor. A favor de la vida y del diálogo, a favor de la convivencia y del respeto a todos los derechos humanos sin excepción alguna. A favor de que respete escrupulosamente la voluntad de las urnas vascas. A favor de un nacionalismo democrático vasco progresista, eficaz e inteligente, que se construye a favor y no en contra, abierto y tolerante que rechaza el fanatismo, pues nadie hay más imbécil que quien después de olvidar de dónde parte y a dónde va se redobla ensimismado. A favor de un nacionalismo vasco democrático que pacte, profundice el autogobierno y que ante la salida de la crisis lidere el relanzamiento del empleo en tiempos en los que la economía debe ocupar el primero de los lugares y hogares en la agenda política.

Finalizo parafraseando al ahora lehendakari Iñigo Urkullu cuyas palabras pronunciadas años anteriores siguen hoy en día teniendo plena vigencia y actualidad: “Desde la responsabilidad ofrecemos un acuerdo de futuro en una cuestión de Estado, de largo aliento y alcance al menos para dar cobijo a la Euskadi de la próxima generación, un acuerdo que persigue profundizar en el autogobierno y en la democracia, es decir en la ampliación del poder político vasco y en la recuperación para nuestra ciudadanía de su capacidad para decidir en cada momento su futuro y el status jurídico-político de su nación. Un autogobierno entendido desde la bilateralidad. Ofrecemos y reivindicamos este acuerdo en un momento de vital trascendencia para nuestra sociedad y en el que necesitamos nuevos instrumentos para que Euskadi pueda hacer frente desde su autogobierno a los importantes retos que vienen de un mundo cada vez mas globalizado”.

Somos un eslabón más en la historia de los vascos, un nuevo y sólido, eficaz y moderno eslabón en la historia de este Pueblo. Katea ez da eten. Izan zirelako gara, eta garelako eta nahi dugulako, izango eta jaioko dira berriak. Sigue habiendo mucho por hacer. Juntos podremos. Juntos lo conseguiremos. Aurrera Euskadi.

Somos eslabón en la historia de un nacionalismo vasco que es algo más que mito, rito, costumbre y gestos. Un nacionalismo concreto, tangible, factible


La idea de diluir el nacionalismo vasco en el devenir de la historia no es nueva. Pero no es sencillo hacer declinar algo que es sentimiento, realidad, sociedad, libertad y esperanza


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